Un lince ibérico con cataratas

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA
Un lince ibérico con cataratas

Como ya conocen muchos lectores, la Conferencia Episcopal Española ha puesto en marcha una campaña para sensibilizar a la opinión pública ante la más que previsible nueva ley del aborto, con la que el gobierno quiere terminar esta gloriosa legislatura. En la campaña aparece la imagen de un niño de pocos meses y un felino con una leyenda que dice "lince protegido". Esta semana las terminales mediáticas del gobierno han disparado sin demasiada puntería contra la iniciativa. Uno de los disparos más curiosos y sorprendentes ha procedido de la agencia EFE cuando ha difundido la noticia de que el lince del anuncio de los obispos no era un lince ibérico sino un lince euroasiático o boreal. Avalaban esta información con el juicio de expertos del programa para la conservación del lince ibérico. Los expertos consultados por agencia han calificado la campaña como "poco ética, de mal gusto y de poca decencia". Por si alguien tenía alguna duda de cómo hay que entender la ética, ahora resulta que el problema está en la especie de lince del anuncio y no en la protección constitucional del nasciturus. Por si alguien tuviera alguna duda de cómo entender el gusto, ahora resulta que la delicadeza en el trato con especies animales protegidas es una muestra de buen gusto y la preocupación ante la desprotección de la propia especie es signo de mal gusto. Por si alguien tuviera alguna duda, ahora lo decente sólo está en el cuidado y la protección de especies en extinción. Ni el propio Peter Singer en su famoso libro sobre Liberación animal hubiera llegado tan lejos. Cuando este famoso adalid del proyecto Gran Simio y defensor de los derechos de los animales propuso una nueva ética para nuestro trato con los animales buscaba la igualdad y no la discriminación de la especie humana en detrimento del resto de las especies. No se podía imaginar que sus planteamientos se hubieran llevado tan lejos por los protectores del lince ibérico. Además de ser expertos en moral o estética, estos linceprotectores son expertos en eclesiología, ahora resulta que la campaña publicitaria no es de la "Iglesia católica" sino de la "jerarquía eclesiástica". Una idea que aparece bien destacada por la agencia de noticias y con la que se nos recuerda, por si se nos había olvidado, que una cosa es la jerarquía eclesiástica y otra la iglesia católica. Como si hubiera una iglesia políticamente correcta que apoya al gobierno y una jerarquía ultramontana, antidemocrática y neoconservadora contraria al progreso, las luces y lo que con una crueldad refinada llaman "interrupción voluntaria del embarazo". Estos expertos en protección de especies animales en peligro de extinción afirman que la campaña supone "un enorme desprecio a los esfuerzos que la sociedad está haciendo para defender la biodiversidad". Analizados con perspectiva histórica, estos juicios no dejan de resultar sorprendentes, como si el concepto de "biodiversidad" hubiera surgido al margen de investigaciones biológicas promovidas por la propia especie humana. Sin el desarrollo de investigaciones biológicas y genéticas promovidas por la propia especie humana no contaríamos hoy con este concepto. La biodiversidad no tendría valor jurídico alguno si el ser humano y sus instituciones no se lo hubieran reconocido. Estos expertos se atribuyen una legitimidad que no tienen, hablan en nombre de la sociedad como si la dependencia de una agencia gubernamental les legitimase para hablar en nombre del conjunto de la sociedad. Ni estos expertos ni los ministros tienen autoridad para hablar en nombre de la sociedad. A lo mejor tampoco los obispos, la jerarquía, la iglesia o el señor secretario de la conferencia episcopal. Hoy las sociedades son más plurales y complejas, tanto unos como otros tienen que andarse con cuidado para no hablar en nombre de todos. Sin comerlo ni beberlo, el lince ibérico está cobrando un protagonismo social que no se esperaba. El pobre animal se está convirtiendo en objeto de disputas genéticas, morales, estéticas y hasta políticas. Cuando la Conferencia Episcopal encargó esta campaña no se imaginaba que algunos expertos se fijarían más en el lince que en el niño. No se imaginaban que los políticos, las agencias y los expertos evitaran entrar en el núcleo del asunto y se fijasen en los tonos de la piel, el tamaño de las orejas o el aspecto de los ojos del lince. Cuando ví esta noticia me acordé de un excelente artículo que no hace mucho escribió mi amigo José Luis Torró para describir la errática y desnortada política antiterrorista que el gobierno de Rodríguez Zapatero había llevado con ETA. También convertía en protagonista del artículo al lince ibérico. Y se refería al poco olfato, la poca visión y la poca altura de miras que había demostrado el presidente Zapatero. En aquel momento utilizó una lúcida expresión que también podemos aplicar hoy para describir su política proabortista, es la política de un lince ibérico con cataratas.

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