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11.02.09 -

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El padre de Eluana, Beppe Englaro, había invitado al primer ministro, Silvio Berlusconi, a visitar a su hija para que se diera cuenta de lo que estaba hablando, después de que dijera que estaba viva y hasta podía tener hijos. Ayer confesó al Corriere que una imagen de su hija, una foto, "sería una bomba atómica". "Muchos guardarían por fin silencio", admitió, para añadir de inmediato que jamás llegaría a eso. Lo más que hizo el domingo fue dejar entrar en la habitación a una cronista de la RAI con la que ha trabado amistad durante estos años.

Marinella Chirico se dijo ayer "devastada" por lo que vio y describió a Eluana como una persona "absolutamente irreconocible", en comparación con la imagen que toda Italia tiene de ella por las fotos de juventud divulgadas. Eluana pesaba ahora 40 kilos. Beppe Englaro es el otro protagonista de esta triste y larguísima historia.

En los próximos días enterrará a su hija en Paluzza, un pueblo de la región de Friuli, cerca de Udine, junto a la tumba de su padre. No habrá funeral, sólo una bendición del féretro en una ceremonia privada. Beppe Englaro es un hombre que se ha quedado solo en estos 17 años de lucha médica y judicial, pues su mujer enfermó de cáncer a los dos años de la tragedia de su hija. Sólo él sabe lo que ha pasado, sin perder nunca la calma, confiando en su batalla civil. Y sabe por qué ha seguido adelante.

Esta gigantesca polémica que ha tambaleado Italia, que mueve al Vaticano y los políticos, nace en realidad con una simple promesa entre dos personas, un padre y una hija. En 1990, cuando Eluana tenía 19 años, fueron a ver a un amigo suyo al hospital. Estaba en coma y vivía gracias a una máquina.

"Me dijo que no querría nunca vivir en ese estado, me hizo prometer que si le pasara a ella no lo permitiría", ha relatado.

Eluana fue a una iglesia a poner una vela por su amigo, para que muriera. El trágico día para cumplir esa promesa llegó muy pronto, en 1992. Su padre ha tardado 17 años en cumplirla. "Al punto que he llegado puedo tener en contra el mundo entero, no me importa. Pero no puedo tener en contra a mi hija", explicó ayer al Corriere.
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