Sin trabajo por la cara

Un valenciano acude al Defensor del Pueblo para denunciar que no tiene empleo desde hace más de cuatro años por su aspecto

BEATRIZ LLEDÓ| VALENCIA
Roberto Marcos Terradez muestra la denuncia que presentó ante el Defensor del Pueblo./
Roberto Marcos Terradez muestra la denuncia que presentó ante el Defensor del Pueblo.

Valenciano. 45 años. Diplomado en Graduado Social. Con conocimientos de inglés e italiano. Y sin trabajo desde hace cuatro años y medio. Roberto Marcos Terradez asegura que no tiene empleo desde noviembre de 2004. ¿El motivo? Su aspecto físico. "Me dicen que no doy la imagen para el puesto de trabajo. Pero no sé qué perfil tengo que presentar para estar en una oficina. No me presento a un trabajo de azafato", lamenta indignado este valenciano en paro. Lo ha intentado todo. Desde administrativo hasta teleoperador. También ha probado suerte con empresas de transporte, logística y asesoría. Pero todo esfuerzo ha sido en vano. "Voy a cinco o seis entrevistas de trabajo al mes pero nunca me cogen. Me dicen que ya me llamarán, eso si no se burlan de mí. Siempre recibo un no por respuesta", asegura Roberto. Intención no le falta. Está apuntado al Servef, a todos los portales existentes en internet para buscar empleo, acude a cualquier entrevista de la que se entera y ya se ha presentado a varias oposiciones públicas. Cansado de ver cómo se le cierra una puerta tras otra, decidió denunciar su situación al Defensor del Pueblo. "Envié una carta contándoles que una y otra vez se me niega el derecho a trabajar por mi físico". Sólo denuncié dos casos: uno en unas oposiciones de una empresa de comunicación pública y otras en un Ayuntamiento de la provincia de Valencia", cuenta. En la misiva, Roberto aludía tanto "burlas como discriminación por el aspecto físico". Pero el resultado no fue el esperado. El Defensor del Pueblo le respondió pidiéndole más información. "No especifica en qué consistió la presunta acción discriminatoria hacia usted", apunta el escrito del organismo en referencia a una de las oposiciones. Sobre la otra, en la que Roberto aludía a una discriminación en el segundo examen, el Defensor del Pueblo le contestó que desconoce "la causa por la que no se le consideró apto en el segundo ejercicio". Roberto decidió no seguir adelante. "Les facilité todo lo que pude y les di pruebas suficientes. Si no han hecho nada es porque no quieren. ¿Qué más quieren que les demuestre?", se pregunta. Su situación hace que tenga que llevar una vida austera. "Vivo con euro y medio al día y sólo me alimento de galletas con agua", reconoce. Vive en un piso en la avenida Blasco Ibáñez de Valencia, que tiene pagado de todos los años anteriores en los que sí trabajó -tuvo que dejar su empleo para cuidar a su padre-. Es soltero y no tiene familia. "Mi madre y mi padre murieron y también eran hijos únicos, como yo", explica. "Estoy tan solo como en, mi película favorita", bromea resignado. Sobrevive con el dinero que le quedó de la herencia de sus padres. "Tuve que vender varias propiedades y esos son mis únicos ahorros", confiesa. Pero el paso del tiempo hace mella y "el dinero se acaba". Pese al intenso frío que este invierno azota Valencia, Roberto no usa calefacción. "Voy envuelto con una manta por casa. Tampoco enciendo la luz, me alumbro con una linterna. El último mes pagué nueve euros con cinco céntimos en la factura de la luz", afirma este valenciano en paro. Se mueve a pie o en transporte público. Tiene coche pero no puede usarlo así que lo tiene aparcado en la calle desde hace años. "Se le averió la culata y la reparación es muy cara. La policía le ha puesto muchas veces la pegatina de abandonado pero yo cada domingo lo limpio", explica. No es su única ocupación durante los fines de semana. También frecuenta las bibliotecas y los centros municipales. "Antes tenía ordenador en casa pero ya no puedo permitírmelo. Suelo ir al polideportivo de Benimaclet y desde allí utilizo internet para enviar currículums". blledo@lasprovincias.es