El esplendor de la Valencia del siglo XV

JOSÉ VICENTE GÓMEZ BAYARRI
La capilla del Santo Cáliz en la Catedral, un joya arquitectónica del XV./
La capilla del Santo Cáliz en la Catedral, un joya arquitectónica del XV.

La mayoría de la historiografía valenciana coincide en presentar el Cuatrocientos como un siglo de prosperidad y esplendor del Reino de Valencia en el seno de la Corona de Aragón. La ciudad de Valencia asume la hegemonía en los aspectos demográficos, socio-económicos, culturales, etc. Se consolidan las instituciones políticas y, es un hecho incuestionable, el afianzamiento de su personalidad jurídica y lingüística. El fenómeno del expansionismo cuatrocentista valenciano se puede sintetizar en los siguientes postulados: 1. Un crecimiento demográfico de la ciudad de Valencia y de otras villas del Reino. 2. Aumento de calidad de vida y del lujo en la ciudadanía. 3. Equilibrio de precios y salarios, y estabilidad monetaria. 4. La edificación de grandes construcciones góticas públicas y privadas. 5. La concesión de préstamos a los monarcas por parte de las instituciones valencianas. Estas realidades originaron, a su vez, una serie de problemas específicos: 1. Desequilibrio demográfico entre el campo y la ciudad. 2. El endeudamiento de las arcas de la ciudad de Valencia debido al desabastecimiento, lo que provocaría la necesidad de importar alimentos y fluctuaciones de precios y salarios. 3. El dinero prestado a los monarcas de la Corona de Aragón para desarrollar sus proyectos originó la inmovilidad de capitales y restó actividad productiva. Dos etapas podemos distinguir en la evolución urbanística de la ciudad de Valencia en la época cristiana medieval: la primera abarcaría los siglos XIII y XIV y la segunda el s. XV. Esta segunda fase se iniciaría en el reinado de Pedro el Ceremonioso (1336-1387) al decidir crear, por un Real Privilegio de 24 de agosto de 1358, un organismo anejo al municipio foral de Valencia, denominado "Junta de Murs i Valls" cuya finalidad fue construir y mantener las murallas y puertas de acceso a Valencia, y velar por su alcantarillado, puentes y caminos públicos; etapa que se extenderá esencialmente a lo largo del siglo XV. El Cuatrocientos cubrió, en lo constructivo y funcional, las necesidades de la boyante ciudad de Valencia, configurada y desarrollada con numerosas edificaciones civiles y eclesiásticas. Algo similar sucedió en las poblaciones más importantes del Reino. Las construcciones góticas representan el progreso urbano de la ciudad y reino de Valencia. El gótico civil de la ciudad Valencia configuró los rasgos urbanos, levantándose el Almudín, las Atarazanas, el Santo Hospital, la Lonja de los mercaderes y numerosos palacios, etc. Fuera de la ciudad quedaban las murallas, fortalezas, atalayas, recintos fortificados cerrados, que se construyeron sobre elementos arquitectónicos romanos, árabe o de los primeros siglos de la Edad Media cristiana de Valencia. La mayoría de las murallas de las poblaciones del Reino de Valencia fueron destruidas. Se conservan algunas puertas o torres en Morella, Peñíscola, Mascarell, Benassal, Benissanó, Guadalest, etc. De todas ellas, la más emblemática son las "Torres de Serranos", cuya construcción corrió a cargo de la Junta de Fábrica de Muros y Valladares -Murs e Valls-. Su edificación se realizó entre 1392 y 1398. El "Portal del Serrans", más que una finalidad defensiva, simbolizó la entrada regia a la ciudad y el marco idóneo para bienvenida a personalidades. Es un ejemplo de arquitectura cívico-militar de finales del XIV. En la ciudad de Valencia muestran el esplendor gótico las casas palacio de la Scala - actual palacio de la Diputación -, de los Escrivá, de los Almirantes de Aragón, de los Borja -actual palacio de las Cortes- etc., o el palacio de la "Generalitat" del Reino, pasando por algunos edificios de la calle de Caballeros de la ciudad de Valencia y de los Moncada en Xàtiva o en conjuntos urbanos de poblaciones del Maestrazgo. Otros ejemplos de gótico valenciano se manifiestan en acueductos, puentes, pretiles, hornos, cruces de término, y, sobre todo, en la Lonja de los mercaderes o de la seda de nuestra ciudad, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Fue el Consejo General de la ciudad, durante el reinado de Fernando el Católico, el que decidió construir una nueva Lonja que fuera "molt bella e magnifica e sumptuosa, que sia honor e ornament de aquesta insigne ciutat". Su realización se encargó a los maestros "picapedrers" Pere Compte y Johan Ivorra. Los trabajos que se iniciaron en 1483 y concluirían en una primera fase en 1498. Esta espléndida joya arquitectónica tardomedieval simboliza el potencial del patriciado valenciano de finales del XV. El siglo XV valenciano es el período en el que el arte gótico alcanzó su plenitud. Valencia es un ejemplo del esplendor del este estilo artístico. Según afirmó F. Garín Ortiz de Taranco, "Valencia y su Reino está pensada en gótico". Los retablos de pintura gótica y las artes suntuarias obedecieron a los gustos estéticos de la época. A la mesurada gestión socio-política de la primera mitad del Cuatrocientos le sucede el florecimiento mercantilista de la segunda mitad de siglo. La riqueza natural de parte de las tierras valencianas, la benignidad del clima, la instalación de industrias menestrales, el dinámico movimiento mercantil, el desarrollo de las cofradías y gremios y el impulso del patriciado urbano y la nobleza elevaron la Valencia foral a unos niveles de prestigio no alcanzado hasta el momento. La ciudad de Valencia se convirtió en una urbe cosmopolita, abierta a toda clase de visitantes, de manifestaciones y corrientes culturales. Era una gran ciudad no sólo en el ámbito peninsular sino también de reconocido prestigio en el ámbito europeo. Fue una de las ciudades artesanales, mercantiles, financieras más activas del Mediterráneo. De ello dan testimonio las instituciones públicas, el montante de las transacciones comerciales, la actividad cultural, el urbanismo, el arte, la indumentaria y las manifestaciones lúdicas y recreativas. La sociedad valenciana supo articular las diversas corrientes culturales, anticipándose al resto de la Península y del Occidente europeo, imbuyéndose de aspectos italianizantes renacentistas cuando otros Estados o regiones vivían todavía en plena Edad Media. Valencia estaba preparada y fue receptiva a las influencias sociales, literarias, artísticas y religiosas de la Italia del "Quatrocento". La propensión de los ciudadanos regnícolas hacia la cultura y el comercio abrieron puertas a las nuevas tendencias, y Valencia recibió nuevas improntas. Las ciudades y villas valencianas supieron compaginar la vinculación y arraigo a su tierra con la receptividad y absorción de tendencias culturales nuevas; la observancia de la religiosidad con el espíritu alegre y festivo; la vida ostentosa con la caridad y la compasión. El espíritu abierto y emprendedor de los valencianos nos abrió las puertas de lejanas tierras, empapándose de nuevos modales y costumbres, a la vez, que supimos exportar nuestra idiosincrasia. El Renacimiento italiano penetró en el Reino de Valencia, y el Humanismo reemplazó al caballeresco clasicismo medieval, teniendo escuela propia en Valencia. Una espléndida floración de traductores y creadores literarios expresarán sus sentimientos en forma delicada y léxico escogido. Desde el punto de vista de la expresión literaria, a partir de la segunda mitad del siglo XIV y a lo largo del siglo XV se producirá una consolidación de la lengua valenciana y una conciencia idiomática propia y diferenciada de los escritores del Reino de Valencia.

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