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Diez siglos bajo el cielo valenciano
Valencia ostenta la primacía española en muy diversos órdenes: por su potencialidad agraria, por sus edificios singulares dedicados a la investigación, las artes y las ciencias, por sus eventos internacionales… Es asimismo cuna de un deporte autóctono "exportado" nada menos que hasta los Estados Unidos, a Miami, como nos recuerda la exitosa serie de RTVV L'Alqueria Blanca: nos referimos a la pelota valenciana, citada por Juan Luis Vives en sus Diálogos como "juego de la pelota de la Nobleza", en cuya modalidad de tantos se inspiró el globalizado tenis. Otra manifestación exclusiva -y, por tanto única en España- es el tiro y arrastre, una de las tradiciones más arraigadas en nuestros pueblos, a la que el artista suecano Conrado Meseguer -el pintor de la tierra por antonomasia- dedicó en 2003 su primera -colosal- obra escultórica como homenaje a los sacrificados hombres del campo. Pero Valencia es además cabecera de España gracias a un deporte milenario, nacido aquí al filo del siglo XI y, por ende anterior a la pelota vasca, el ciclismo, la halterofilia, el baloncesto, el tiro olímpico… Se trata de la colombicultura, en mérito a la cual se convirtió Valencia, hace 65 años, en capital deportiva de España.

Ocurrió que el Estado español, al decretar la regulación oficial de este genuino deporte, consideró a la ciudad de Valencia merecedora del máximo reconocimiento, estableciendo al efecto en el Cap i Casal del Regne, el 24 de noviembre de 1944, la sede nacional del mismo, o sea, la Federación Española de Colombicultura, con competencia jurisdiccional en todo el ámbito del territorio nacional. Fijado su domicilio social en la calle de Carniceros, número 14, fue nombrado presidente Ramón Fontelles Barres, un prohombre de Massalfassar, inolvidable defensor a ultranza del deporte colombicultor.

Treinta años antes, en 1914, los aficionados dedicados al "cultivo, uso y vuelo de la paloma buchona" se agruparon y constituyeron en la capital la primera entidad reglamentada, al amparo de la Ley de Asociaciones de 30 de junio de 1887, y que se denominó Sociedad Colombófila Valenciana, cuyo primitivo domicilio social se ubicó en la calle del Empedrado -hoy Doctor Romagosa-. Promotores de la iniciativa fueron, entre otros, el ya citado Fontelles y el recordado farmacéutico Eduardo Uhden Darder, que junto a otros paladines del deporte solían reunirse en el Cabañal, primero en el bar Moderno, regentado por el colombaire José Palau San Andrés, situado en la calle de la Barraca -donde sentaría sus "reales" la Sociedad Colombicultora Poblados Marítimos-, y después en el bar Canela, en la calle de la Reina. Como nos evocaba en julio de 1994 en una entrevista para la revista Coloms i colombaires Ramón Palau Sala -alcalde de Chella y diputado provincial por el distrito de Enguera durante el período de la transición política española-, los Poblados Marítimos reunían por aquel entonces todos los requisitos necesarios que convertían a la zona en lugar ideal para el vuelo de palomos. Hoy, sin embargo, los aficionados encuentran difícil desarrollar su "hobby" predilecto.

Uno de los más significados valedores que ha tenido la colombicultura en todos los tiempos ha sido el periodista y cronista enguerino José Chirlaque Gayá, nuestro entrañable amigo y compañero desde comienzos de los años cincuenta, en la época de los Molina Plata, Alonso-Fueyo, Ombuena, Ferrer Camarena…, hoy todavía en activo, querido y admirado por toda la afición española y muy especialmente por la valenciana, en donde está considerado como una institución. Colaborador y asesor de presidentes "históricos", como Ramón Fontelles, el barón de Casa Soler, Francisco Calvet, Juan Bautista Moragues, Ángel Faus, Juan Vilches…, a él se debe la fundación del órgano informativo de los colombicultores, la implantación de charlas didácticas a escolares a lo largo y ancho de la geografía valenciana orientadas a fomentar el deporte entre la juventud, la coordinación de eventos… Secretario general de la Federación Comunitaria, apoyo de aficionados y clubes, referente de un colectivo de 60.000 personas…, motivaron a la afición valenciana -y a la española- a reconocer su dilatada labor y entrega en pro de la difusión y consolidación de nuestro apasionante deporte, ofreciéndole un emotivo homenaje dentro del 53 Campeonato Nacional de Colombicultura Copa Su Majestad el Rey celebrado en 2004 en Benisanó.

Además de practicarse en 14 de las 17 Comunidades Autónomas españolas, la colombicultura está arraigada también en Portugal y, sobre todo en Hispanoamérica, hasta donde los valencianos que emigraron en busca de mejor suerte llevaron palomos deportivos criados en nuestra región. Por esta razón cada tres años la Federación Española organiza un campeonato internacional en el que participan palomos de diversos países, junto con los españoles, y en especial valencianos.

Tras muchos años de incansables gestiones, uno de los mayores logros de los colombicultores ha sido, sin duda, ver convertida en realidad su máxima aspiración: la Ley de Protección de la Colombicultura y del Palomo Deportivo, promulgada por la Generalitat Valenciana el 12 de diciembre de 2002, mediante la que se reconoce la colombicultura como deporte autóctono valenciano y a partir de cuya normativa adquiere una mayor preponderancia todo lo relacionado con la cría, adiestramiento, suelta, entrenamiento y competición de palomos deportivos. Bien es cierto que en lo relativo a Valencia capital las condiciones actuales no son tan propicias como antaño para el ejercicio de este "deporte del amor y de la paz". Pero como la historia y la tradición no pueden separarse nunca de la conciencia colectiva, siempre habrá fórmulas y vías de entendimiento entre la plural sociedad para que el aficionado pueda ejercer el derecho que le asiste.

La verdadera dedicación a la colombicultura no sólo se evidencia volando palomos en aras de satisfacer la innata afición, sino trabajando y luchando por la promoción y mejora del deporte, por su dignificación, como suelen hacer los componentes de las distintas sociedades locales, a quienes muchas veces les han dado las tantas de la noche buscando los palomos "perdidos", cuando el crepúsculo les ha sorprendido en algún lugar inhóspito y hay que rescatarlos para que no corran peligro.

El presidente del Club La Protectora, de Massanassa, Eduardo Catalá, nos relataba un caso singular. "En cierta ocasión, la suelta se nos fue hacia dentro de Valencia, y a causa de las barreras que suponen los edificios altos, perdimos el contacto con ella a través del transmisor. Desde la azotea de una de estas fincas pudimos recuperar la señal, comprobando que los palomos se habían refugiado en lo alto del hospital Doctor Peset, y allí el personal de seguridad nos facilitó su colaboración y pudimos recuperar la paloma y los 30 ejemplares que la seguían, ya a las once de la noche".

Es innegable la pasión de los valencianos por nuestro deporte autóctono, ese que desde hace diez siglos viene practicándose bajo el cielo azul valenciano y cuyo lema es el mismo que lucen los juegos olímpicos: "citius, altius, fortius" ("más lejos, más alto, más fuerte").
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