La Muntanyeta

AMBROSIO RUIZ| ALICANTE
La plaza de la Muntanyeta, en una imagen de principios del siglo pasado./
La plaza de la Muntanyeta, en una imagen de principios del siglo pasado.

La historia de la plaza de la Muntanyeta comienza a finales del año 1934, cuando el nuevo Ayuntamiento presidido por Alfonso Martín de Santaolalla inicia su derribo ya que, por lo céntrico que se encontraba este montículo fortificado, era un obstáculo para el desarrollo urbanístico de la ciudad. Así, uno de los fines que se marcó el Ayuntamiento republicano fue el desmonte de la zona para permitir la apertura de algunas calles cerradas por la orografía de la parte norte, en donde los trabajos resultaban costosos. Tuvieron que efectuarse reiteradas convocatorias de concursos. De este modo, el 13 de febrero de 1935, en una nueva subasta sacada por el Consistorio para el desmonte y movimiento de tierras de esta zona, y con el fin de atraer licitadores, anunciaba una rebaja de cien mil pesetas en el presupuesto de las obras. Para llevar a buen fin los trabajos se hubo de entablar unas conversaciones con el Ejército, ya que muchos de las viviendas y edificios de la zona habían sido registradas a nombre del ramo de guerra. El alcalde Santaolalla ofreció a cambio un edificio propiedad del Ayuntamiento, en la avenida Ramón y Cajal, para que entregaran todos los terrenos propiedad de los militares existentes en la Muntanyeta. Es decir, los edificios Cuerpo de Guardia, la Casa Santa y el Cuartel de San Francisco. En estos años, la Muntanyeta seguía siendo una zona ruinosa con ningún estimulo sentimental ni ornamental. Ni siquiera ofrecía ya una imagen alegre de lo pintoresco, pues sus casas tenían malísimas condiciones de habitabilidad. Era lo mas parecido a una zona miserable. La remodelación de la zona fue aprobada en 1942, cuando la Dirección General de Arquitectura aprobó las alineaciones de calles, ya que se dudaba si era conveniente su derribo en beneficio del ensanche; o se prefería convertirlo en un parque municipal. Un parque en el centro de la ciudad tenía grandes ventajas, pero desde el punto de vista económico, la adopción del terreno repoblado y arreglado convenientemente, sus accesos hubiesen originado cuantiosos gastos para el contribuyente. Al final, para preparar los terrenos, se removieron cerca de veintitrés mil metros cúbicos de tierra. Supuso un coste para las arcas municipales de cerca de trece millones de pesetas. Había que tener en cuenta que por estos parajes corría la muralla de la ciudad. Junto a ella, se construyó una agrupación de viviendas a la que se dio el nombre de Barrio Nuevo. A finales del siglo XIX, se derribaron las murallas y el barrio quedó unido a la ciudad, con un desorden de calles , que hubo de reformarse de manera radical

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