El proceso de canonización del siervo de Dios Fray Humilde se traslada a Roma

El franciscano, natural de Oliva, está enterrado en el convento de Benissa, donde aún se rememoran sus obras de caridad

MIGUEL VIVES| BENISSA
El cardenal arzobispo de Valencia, Agustín Garcia-Gasco, inició el proceso de Beatificación en Benissa hace dos años./
El cardenal arzobispo de Valencia, Agustín Garcia-Gasco, inició el proceso de Beatificación en Benissa hace dos años.

Con la entrega de la Causa diocesana del Siervo de Dios Fray Humilde Soria Pons, por parte del portador padre Joan Jordi Escrivá, actualmente en el convento franciscano de Benissa donde reposan los restos de Fray Humilde, se ha clausurado el proceso diocesano de beatificación de este humilde religioso, que nació en Oliva en 1844 y falleció en Benissa en 1905. Así lo indica el boletín informativo número 79 de diciembre de 2008, de la Provincia Franciscana de Valencia, Aragón y Baleares, que dirige Fray J. Benjamín Agulló Pascual, Vicepostulador. Al padre Jordi, como se le conoce en Benissa, le acompañó en Roma, el Reverendo Padre Postulador General Fray Luca Maria de Rosa, y el Vicepostulador de la Causa Fray J. Benjamín Agulló Pascual. Los tres entregaron en Congregación para la Causa de los Santos, toda la documentación del proceso de Fray Humilde, que les trasladó el Arzobispo-Cardenal de la diócesis valentina Agustín García-Gasco Vicente, en el acto de clausura de proceso, que tuvo lugar en Oliva, ciudad natal del religioso, que fue padre de diez hijos, enviudó e ingresó como religioso en la orden franciscana. Se abre a partir de ahora una nueva fase, la fase romana, de deliberación. Se asignará la responsabilidad de la causa a un postulador residente en Roma, que representará a los solicitantes de la causa. Pasará por los pasos de positio, informativo y en una tercera reunión en Roma, en presencia del Papa. Si todo es favorable, se le otorgará por el prelado romano el título de "Venerable". La apertura oficial de la causa de canonización del franciscano tuvo lugar el 14 de octubre de 2006, en la iglesia parroquial "Puríssima Xiqueta" de Benissa. El primer centenario de su muerte se celebró por el vecindario de Oliva, su población natal, y de Benissa, donde reposa su cuerpo, con esta buena noticia. A lo largo de estos dos años, un tribunal designado por el arzobispo-cardenal ha instruido el proceso en la diócesis, junto a la comisión de peritos historiadores, con documentación y testimonios sobre el humilde, de ahí su nombre, franciscano, actualmente Siervo de Dios. En Oliva, el 26 de octubre del presente año, se realizó el acto jurídico, se leyó el acta de clausura y se colocaron las doce cajas lacradas y entregadas al portador, en éste caso a J. Jordi Escrivá. Las poblaciones de Oliva y Benissa tienen en gran estima y rezan al Siervo de Dios, Fray Humilde Soria Pons, que se llamó en la pila bautismal Vicente Soria Pons. Nacido el 9 de enero de 1844 en Oliva (esta próxima semana se cumplen 165 años de su nacimiento), trabajó sus propias tierras como agricultor y se casó con Vicenta Catalá. Tuvieron diez hijos, pero nueve fallecieron muy jóvenes. El otro hijo ingresó en el seminario franciscano de Nuestra Señora de Regla de Chipiona para después marchar de misionero a América. En el hogar de los Soria Catalá "se vivían las virtudes cristianas ejemplarmente", según consideraron numerosos vecinos de Oliva. Su mujer falleció en 1885 y Vicente Soria inició, en 1887, el postulantado de los franciscanos de Santo Espíritu del Monte, en la localidad valenciana de Gilet y "tomó el hábito franciscano" en 1890 en Gilet, a la edad de 46 años, y un año después realizó su profesión simple. Estuvo en los conventos de Ontinyent y Benigànim y en la comunidad franciscana de Benissa, donde desempeñó "todos los modestos servicios" hasta que falleció, el 26 de febrero de 1905, a los 61 años. Sus restos mortales reposan desde entonces en el convento de los franciscanos de Benissa. Tuvo y tiene Fray Humilde Soria una gran "fama de santidad", sobre todo entre los vecinos de Benissa y Oliva, que recuerdan muchas de sus obras de caridad, le atribuyen hechos prodigiosos e incluso le llamaban "el fraile santo" o "que hace milagros". En 2005, con motivo del primer centenario de su muerte, "el clamor de la devoción popular en Oliva y Benissa propició que se reanudaran los trámites para la apertura oficial de su causa de canonización.

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