La crisis deja sin vitaminas al deporte español

Los patrocinadores abandonan a los clubes, quereclaman a las autoridades un nuevo marcojurídico e incentivos fiscales para los inversores

AMADOR GÓMEZ
El Interviu-Fadesa en fútbol-sala, el Teka en balonmano y el Akasvayu en baloncesto, tres claros perjudicados por la crisis inmobiliaria al perder sus patrocinadores./
El Interviu-Fadesa en fútbol-sala, el Teka en balonmano y el Akasvayu en baloncesto, tres claros perjudicados por la crisis inmobiliaria al perder sus patrocinadores.

Deportistas con dificultades para llegar a fin de mes, clubes que desaparecen o pierden la categoría arrastrados por el derrumbe inmobiliario, otros que rezan por no ascender para no agravar sus problemas económicos, recintos vacíos en algunas especialidades, patrocinadores que incluso huyen del fútbol, la Fórmula 1 o el motociclismo... Un panorama desalentador que aún puede empeorar. A los pequeños, con una repercusión mediática y geográfica limitada, les ahoga. Sin embargo, resulta paradójico que mientras los clubes de baloncesto, balonmano, fútbol sala, voleibol o waterpolo se quedan sin uno de sus principales sustentos -el dinero de la empresa privada-, sus asociaciones incrementan los ingresos por patrocinio por su solvencia, dimensión y carácter de grupo. Con los débiles nadie arriesga. Los títulos mundiales y europeos en estas especialidades de nada sirven, y aún menos en momentos de tanta incertidumbre. Estos deportes se sienten maltratados por las instituciones y reclaman un nuevo marco jurídico e incentivos fiscales que animen a las empresas a invertir, como en el Plan ADO de ayuda a los deportistas olímpicos o la Copa América de vela. «No es justo que el deporte profesional tenga tan duras condiciones para el patrocinio», lamenta el secretario general de la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB), Josep Senespleda. Dicha organización ha perdido al Akasvayu y ha dejado la Liga con sólo 19 equipos, debido al desplome del negocio inmobiliario. Defunción total El club de Girona se montó a golpe de talonario, respaldado por el ladrillo, y su desaparición entre la élite sólo era cuestión de tiempo. Es el máximo referente del batacazo, pero el Murcia y el Gran Canaria también han perdido a sus soportes inmobiliarios (Polaris World y Grupo Dunas) y el descendido Valladolid al Grupo Capitol. «Todos se han ido de un sector que está en un momento de defunción total, sabiendo que esto iba a estallar», recuerda el dirigente de la ACB. El Manresa acaba de conseguir medio millón de euros para acabar la temporada, pero necesita con urgencia otro tanto. Y el siempre inestable Estudiantes precisa cubrir ya su ampliación de capital para sobrevivir. Ambos se mueven en un entorno local muy reducido, al igual que ocurría con el Elche y el Universidad de Granada en voleibol. Ya le tocó pagar también en el balonmano a otro club legendario que llegó a ser campeón de Europa, el Teka Cantabria, arrastrado desde hace años por el vendaval, «aunque su caso está más relacionado con las instituciones», aclara Jordi Pallarés, gerente de la ASOBAL. Pese al delicado momento, la patronal de clubes ha incorporado tres nuevas empresas y negocia con otras dos. «El dinero público no llega y el bajón inmobiliario era esperado, pero ahora no hay ningún equipo en la cuerda floja», afirma uno de los muchos directivos que lamentan el desequilibrio. «Hay una serie de deportes, como el fútbol, el automovilismo e incluso las motos, muy por encima de las posibilidades de la mayoría de patrocinadores, mientras que el baloncesto y el balonmano, aislados, deben aprovecharse para posicionarse bien en el mercado», subraya. Fadesa, de ida y vuelta El caso contrario son el Tau, el Unicaja o el Pamesa, que llevan más de una década con el mismo patrocinio en el baloncesto, mientras el Valladolid, que no tenía apoyo en el balonmano, ahora está respaldado por Pevafersa. El 'derribo' también acabó en el fútbol sala con el Polaris World, el Armiñana Valencia y el PSG Móstoles, y provocó el cambio de nombre, entre otros, del histórico Interviú Fadesa, antes Boomerang y ahora Movistar, al que ya no le queda nada por ganar. «Se podían aventurar dificultades porque la crisis viene de atrás», reconoce Carmen Gómez, directora de marketing de la Liga Nacional de Fútbol Sala (LNFS), convencida, sin embargo, de que «una situación tan sangrante no se volverá a producir». Si la pasada campaña el 80% de patrocinadores principales en este deporte tenía relación con la construcción, su proporción es ahora del 50%. Se preveía una División de Honor de 18 equipos y sólo han llegado a 15, aunque las categorías inferiores son las más amenazadas: «los clubes subieron los sueldos y ahora hay que adaptarse a la realidad, igual que al ciudadano le cuesta ahora mucho salir de casa e ir al pabellón. Ahí quizás sí caigan equipos, dependiendo de si las localidades a las que representan son grandes o pequeñas». Mientras trabaja en nuevas estrategias de financiación a través de televisiones locales y herramientas tecnológicas (internet, videojuegos, telefonía móvil...), la LNFS sí rechaza una máxima competición que no sea profesional. «Sería absurdo volver al 'amateurismo', ya que los jóvenes se quedarían sin referencias», advierte. También busca fórmulas de supervivencia el waterpolo, que vive de los socios y está en situación alarmante desde hace casi un lustro, aunque no se hayan perdido apenas patrocinadores. Sí ha desaparecido el Pla-Za Zaragoza, y según Xavier Lorenzo, gerente del CN Atlètic-Barceloneta, líder de la Liga y la Copa las tres últimas temporadas, «sólo aguantas si tienes un gran potencial de socios». Hasta el Terrassa ha renunciado a Europa por problemas económicos. «Por principios», apunta Lorenzo, que pide que «algún político abra los ojos», aunque no sólo culpa a instituciones y empresas. «Esto suele ocurrir cuando se vive por encima de las posibilidades», confiesa.

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