Día Universal del Niño

FERNANDO GARCÍA-SALA VIGUER
Día Universal del Niño

Un 20 de noviembre de hace 49 años la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la Declaración de los Derechos del Niño siendo ratificados por Unicef, para que estos puedan tener una infancia feliz y gozar de los derechos y libertades que en ella se enuncian e insta a los padres, organizaciones particulares, autoridades locales y Gobiernos nacionales a que reconozcan esos derechos y luchen para su observación con medidas legislativas y de otra índole. Dichos derechos están contenidos en diez principios que, aunque conocidos, es importante el recordarlos: Derecho a la igualdad, sin distinción de raza, credo o nacionalidad; Derecho a una protección especial para su desarrollo físico, mental y social; Derecho a un nombre y una nacionalidad; Derecho a una alimentación, vivienda y atención médica adecuadas para el niño y la madre; Derecho a una educación y cuidados especiales para el niño disminuido; Derecho a comprensión y amor por parte de los padres y la sociedad; Derecho a recibir educación gratuita y a disfrutar de los juegos; Derecho a ser el primero en recibir ayuda en caso de desastre; Derecho a ser protegido contra el abandono y explotación en el trabajo y Derecho a formarse en un espíritu de solidaridad, comprensión, amistad y justicia entre los pueblos. De estos diez derechos, queremos hacer una llamada de atención, sin olvidarse como es lógico de los demás derechos, sobre el registro de todos los niños al nacer para obtener un nombre y una nacionalidad. El artículo 7 de la Convención sobre los Derechos del Niño en su primer punto dice que "el niño será inscrito inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y ser cuidado por ellos", y en su segundo punto dice que "los Estados Partes velarán por la aplicación de estos derechos de conformidad con la legislación nacional y las obligaciones que hayan contraído en virtud de los instrumentos internacionales pertinentes en esta esfera, sobre todo cuando el niño resultara de otro modo apátrida". El registro de nacimiento es el primer derecho del recién nacido, posibilitándole al ejercicio pleno de la ciudadanía; sin él, el niño carece de existencia oficial, sin poder acceder por tanto a los privilegios y protecciones que las naciones otorgan a sus súbditos, es el derecho a la identidad oficial, siendo el primer reconocimiento de la existencia del niño y otorgándole un estado jurídico que le permite acceder a los derechos, privilegios y servicios que las naciones ofrecen a sus habitantes; según el informe Unicef de este año, en 20 países, para ser vacunado, se necesita la partida de nacimiento; en más de 30, es imprescindible para poder acceder a los centros sanitarios, y, en la mayor parte de los países, es necesaria para poder inscribir a los niños en las escuelas. Es decir, que este derecho es fundamental en muchos pueblos para obtener otros derechos fundamentales recogidos en la Declaración de las Naciones Unidas de 1959 y enunciados al principio. Según Unicef se calcula que, en el ámbito mundial, el número de nacimientos que no se inscribe anualmente es de 40 millones, siendo banales los obstáculos que impiden la inscripción, ocasionados por prioridades equívocas y deficiencias burocráticas. Los países más pobres y más rurales tienen tasas más bajas de inscripciones, por falta de personal y por problemas logísticos que implican a sus habitantes tener que desplazarse muchos kilómetros para poder acceder a los registros para inscribir a sus hijos. Las tasas más bajas se dan en países como Sierra Leona, donde no llega al 10%; Zimbabue, con el 33%, o Bolivia, donde la cuarta parte de la población no cuenta con una partida de nacimiento. Sin embargo, existen otras naciones azotadas por problemas económicos y de otra índole donde las tasas de inscripción son muy altas, tal es el caso de Armenia, Azerbaiyán, China, Honduras, Kirguistán, Mongolia, Sri Lanka y Tayikistán, donde, a pesar de su pobreza, se inscribe al 90% de los niños. Unicef pone nuevamente el dedo en la llaga de un problema de difícil solución, pero vital para todo ser humano. Intentamos dar soluciones de todo tipo, como formación de personal, informatización de registros, implicación de médicos y personal de enfermería en centros rurales donde se atienden partos, y, en definitiva, intentamos concienciar a los Gobiernos para que, en la parte que les corresponde, no tengan ningún ciudadano sin reconocer.

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