Los pueblos trasladados para construir pantanos esquivan la despoblación

Los originarios de los antiguos Benagéber y Loriguilla afirman vivir mejor cerca de Valencia

M. RODRÍGUEZ| VALENCIA
Vecinos nacidos en el antiguo Benagéber pasean por San Isidro de Benagéber, considerado un barrio de Moncada, núcleo donde fueron realojados en 1947 por la construcción del pantano./
Vecinos nacidos en el antiguo Benagéber pasean por San Isidro de Benagéber, considerado un barrio de Moncada, núcleo donde fueron realojados en 1947 por la construcción del pantano.

"Ahora que está de moda el turismo rural, sería un lugar idóneo. Era un pueblo precioso." Pilar reside en San Isidro de Benagéber, uno de los núcleos donde residen los vecinos originarios del antiguo Benagéber, la localidad de la Serranía desalojada en 1947 para construir el pantano con el mismo nombre. Esta mujer que ya ha cumplido los 70 añora el pueblo de sus orígenes, pero como todos sus contemporáneos reconoce que la vida ha sido más fácil cerca de Valencia. Son los últimos representantes de una generación que, gracias al traslado, han esquivado el implacable fenómeno de la despoblación que atenaza el interior. La mayoría de los trasladados de Benagéber se asentaron en San Antonio, que durante años perteneció a Paterna y en San Isidro, considerado un barrio de Moncada. Hubo vecinos que se diluyeron en Aldaia, Torrent y Cataluña. Los desalojados de Loriguilla se marcharon al municipio actual que formó parte de Ribarroja, y los de Domeño, a la aldea que ha adoptado el nombre del municipio originario y a Marines. La mayoría de estos núcleos están, décadas después del penoso traslado, en el epicentro del desarrollo. El más representativo es el caso de San Antonio de Benagéber, que entre 1997 y 2007 duplicó con creces su población (de 2.100 a casi 5.000 habitantes). El municipio es hoy una de las principales zonas residenciales de Camp de Túria, tiene comercios y algo de industria. "Al principio no había nada, trabajamos mucho para salir adelante. Hombres y mujeres íbamos al campo. Ahora la gente ha ganado mucho dinero vendiendo sus terrenos para construir. Yo conservo casi todos los terrenos, pero he comprado una casa a cada uno de mis tres hijos", comenta Julia Jordán, de 76 años, nacida en el antiguo Benagéber. Esta mujer recuerda que llegó a lo que hoy es San Antonio de noche. "Era el 19 de marzo de 1947. Aquí no había nada. No sabíamos ni dónde estábamos. Hubo gente que vivió en casa de familiares, pero a otros nos tocó alojarnos en dos masías mientras construyeron el pueblo. Luego sortearon las casas y las tierras. Franco entregó las llaves en mano aquí, en la plaza." Un desalojo precipitado El desalojo de Benagéber fue más que precipitado. Se había construido una pequeña presa para desviar el río y construir el pantano, pero una tormenta la rompió, por lo que el pueblo se anegó. Las autoridades a toda prisa, desalojaron a los vecinos a través de Tuéjar y Utiel. Si los que llegaron a San Antonio lo pasaron mal, aquellos cuyo destino fue San Isidro de Benagéber tampoco hallaron un camino de rosas ni un palacio. Además, este es el núcleo menos favorecido con el paso de los años. Salvo dos temporadas en que quienes cosechaban una determinada variedad de naranja ingresaron 500.000 pesetas (un piso costaba la mitad), este núcleo ha estado ajeno al boom urbanístico. San Isidro de Benagéber fue una entidad local menor, llegó a tener varios alcaldes pedáneos (Miguel Lloria y Salvador Cuevas, así como el padre de este). Hablar de por qué el núcleo es hoy sólo un barrio de Moncada, todavía levanta ampollas entre los originarios de Benagéber. El pueblo sumergido en el pantano ya ha conmemorado los 60 años del desalojo. Del de Loriguilla y Domeño se cumplen este año cuatro décadas. "Hoy en día ya no se construyen más pantanos, y algo como lo que ocurrió sería impensable. Los vecinos armarían escándalo, y algún partido político se prestará a apoyarles y entre todos lo frenarían", indica Javier Cervera, alcalde de la primera de estas dos localidades. Quizás fuera porque ya había un precedente, pero el desalojo de estos municipios fue menos traumático que el de Benagéber. "Llegamos y las casas ya estaban hechas. Los cuartos de baño eran precarios, pero los teníamos. Ver salir un día el sol aquí vale mucho más que todo lo que teníamos allí." Es el testimonio del tío Marcial, de 81 años. "En Domeño lo pasaron peor porque algunos querían irse a la Masía del Carril (que hoy ha adoptado el nombre del pueblo originario y entonces pertenecía a Llíria) y otros a Marines." Los desplazados por el embalse de Loriguilla tampoco se quejan. Enclavado junto a la A-3, la riqueza de los terrenos del municipio que linda con Ribarroja y Cheste es equiparable con la de San Antonio. En una década, su población ha pasado de 1.000 a 1.200 personas. El actual Domeño ha aumentado de casi 500 a cerca de 700 habitantes. El desarrollo de la CV-35 hasta Casinos lo ha puesto en un lugar envidiable, a escasa media hora de Valencia. Marines, donde el desarrollo urbanístico es menor, ha pasado de 1.300 a más de 1.500 personas entre 1997 y 2007. Son, en todos los casos, cifras muy contrarias a la despoblación que azota la Serranía.

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