Su última página

Numerosos amigos y familiares despiden al saguntino de Quartell más querido

MARINA COSTA| SAGUNTO
Amigos y compañeros suben el féretro hasta la iglesia./
Amigos y compañeros suben el féretro hasta la iglesia.

sagunto y el Camp de Morvedre lloraron ayer durante el multitudinario entierro del cronista, escritor e investigador Emilio Llueca Úbeda. La despedida se hizo difícil pero allí estaban todos los que querían honrar a uno de los vecinos más ilustres, admirados y queridos. La plaza Mayor y la Iglesia de Santa María de Sagunto fueron el mejor escenario posible para despedir a uno de los articulistas y escritores más apasionados que ha dado la población de Quartell y que pronto adoptó Sagunto, a sabiendas de que su obra iba a quedar grabada en los anales de la memoria colectiva valenciana. Un pliego más del libro de la historia que ayer cerró su última página. Con seis publicaciones todavía en cartera, Emilio Llueca abandonaba este mundo con la certeza de que su trabajo, su tesón y su vitalidad se habían convertido en algo que ya no dejará de existir nunca. El cronista oficial de Benifairó de les Valls, Benavites y Quartell y académico de la Real Academia de Cultura Valenciana fue, ante todo, una excelente persona y un entrañable amante de la cultura y la historia más próxima y cercana, además de un inteligente contertulio, articulista, asesor y voluntarioso colaborador en todo aquello que se le proponía. Autor de cerca de medio centenar de libros y de más de 500 artículos, algunos de ellos publicados en LAS PROVINCIAS, Emilio Llueca quiso rescatar una parte importante del legado visual de la comarca al gestar, desde principios de los años sesenta, el Arxiu Llueca-Juesas d'Imatges de Sagunt, que por su interés ha sido incluido en el Inventario General del Patrimonio Histórico Español y en el Inventario del Patrimonio Cultural Valenciano. Su último trabajo Entre sus muchas obras se encuentran Castillos, torres y fortificaciones del Camp de Morvedre, La naranja en la Vall de Segó, Presente y futuro de la citricultura valenciana, Sagunto crónica de cien años y su último trabajo culminado, el Diccionario Biográfico del Camp de Morvedre que esta misma semana salía a la venta. "Es verdad que no están todos los que son, pero sí que son todos los que están". Con estas breves palabras resumía el propio autor, hace tan sólo unas semanas y a este diario, el propósito de la que será su última entrega al patrimonio de las letras. Una gran pérdida Muchas personas han querido recordarle. El alcalde de Sagunto, Alfredo Castelló, señalaba que su marcha "es una perdida muy grande para la ciudad. Ha sido una persona extraordinaria y una persona que, aunque no era el cronista oficial de Sagunto, sí que lo era de facto, y yo lo consideraba así". Castelló subrayaba que "nosotros contamos con su inestimable ayuda cuando preparamos el homenaje a Romeu. Es una lástima que gente así como él se vaya, aunque seguro que donde esté él ahora, estará muy bien custodiado". El PSPV de Sagunto daba también "su más sentido pésame a la familia" y resaltaba "la pérdida irreparable de un hombre bueno que ha dejado una gran huella en nuestra ciudad y al que siempre tendremos en nuestra memoria colectiva". Sus amigos decían de ha sido un "privilegio conocer y compartir tantas experiencias" con un verdadero enamorado de su tierra, de su gente y de su historia. Su familia resaltaba su eterna búsqueda del conocimiento para plasmarlo sobre el papel, pues Emilio estaba trabajando en otros seis libros sobre "el centenario de la Lira Saguntina, otro sobre Benavites, otro autobiográfico, sobre la República en Sagunto y uno más sobre una crónica de los años cincuenta en Sagunto". Las autoridades de las poblaciones de la comarca del Camp de Morvedre en las que fue cronista oficial también mostraron su "pesar y desánimo" por el fallecimiento de Llueca con 59 años. Una vida demasiado corta pero tremendamente intensa que deja un legado personal y profesional de los que el tiempo no conseguirá borrar. Ese tesón por conservar le mantendrá vivo en los corazones de quienes compartieron su trocito particular de historia. Esa que ayer acabó de escribirse.

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