"Mi hijo creía que le robaba sus pensamientos"

J. B.| VALENCIA

Clara tiene motivos para sonreír después del calvario que ha sufrido por culpa de una enfermedad mental. Su hijo tenía 18 años cuando le diagnosticaron una esquizofrenia. Lleva cuatro años en tratamiento, lo que le ha permitido tomar conciencia de su problema y mejorar las relaciones con su familia. "Es una situación muy dura y complicada. Él no era consciente de que estaba enfermo. No tomaba la medicación cuando tocaba y esto le hacía empeorar", explica esta vecina de Valencia. Han sido años difíciles. "Nos metía a la familias en sus delirios. Tenía una actitud hostil, y creía que yo le robaba sus pensamientos", señala esta madre, que no logra entender cómo los escasos recursos para la atención de estos pacientes en la Comunitat corren el riesgo de menguar. Atrás han quedado las peores épocas. "Por suerte, cambió la medicación y el tratamiento y ahora es consciente de su problema. La convivencia en casa vuelve a ser gratificante, como lo era antes de la enfermedad", apunta. Una de sus críticas es compartida por todos los padres que se encuentran en una situación parecida. "Te sientes abandonada, cuando se trata de una enfermedad más que necesita una tratamiento de rehabilitación", explica. El enfermo "se aísla del resto del mundo y carga sus problemas a los más cercanos, de ahí la importancia de que acuda un profesional a su casa", sentencia. La experiencia de cuidar de un hijo aquejado de una enfermedad mental es dura. "Nos miraba mal, nos gritaba, incluso llegó a denunciarnos a la Policía. Mi hijo vivía su propia realidad", señala esta madre con una entereza que sorprende. También lamenta la falta de recursos para la atención de estos pacientes. "Hay muchas personas que sufren esquizofrenia, alrededor de un 1% de la población adulta, y todavía hay más casos de trastorno bipolar. Se necesitan más recursos, y si encima nos quitan lo que ya funcionaban no sé qué podremos hacer", concluye. Uno de los problemas que se encuentran las familias es conseguir que el enfermo acceda a ser sometido a una tratamiento. "No tienen conciencia de estar enfermos, incluso se necesita el dictamen de un juez para ingresarlo o que reciba tratamiento. Hay personas que no lo hacen porque supone muchos trámites, y los tienen en casa", una opción para nada beneficiosa. "Piensan que se les quitan sus libertades individuales, pero yo no le quité nada a mi hijo. Se las robó su enfermedad", explica.

Fotos

Vídeos