Mafia y cine se sientan a comer

La gastronomía es un ingrediente esencial en numerosas historias del cine negro

PEDRO G. MOCHOLÍ| VALENCIA
James Gandolfini (d), en una escena de la serie 'Los Soprano', sentado a la mesa./
James Gandolfini (d), en una escena de la serie 'Los Soprano', sentado a la mesa.

Si hay un mundo que me tiene abducido ese es, sin duda, el relacionado con la Mafia. No me pregunten el por qué, pero ese submundo lumpen y plagado de sucesos sangrientos me atrae. Un mundo donde sus miembros visten unos trajes de enormes solapas, inmensas espaldas y donde las rayas que intentan ser diplomáticas, sólo son una versión del conjunto que les espera cuando entren en prisión. Aunque últimamente entre sus militantes se está imponiendo el chándal, de la línea Fidel Castro. Sus coches en dos colores, o esas manos repletas de sellos de oro, no intentan sino, disimular que son hombres sin escrúpulos y si alguna vez los tuvieron, los perdieron el día que en el paritorio alguien les palmeó la nalga para ver si respiraban. Hombres que sólo se rigen por dos mandamientos: la omertá -silencio- y el respeto a todo aquel superior a él.

Y esa inmersión que siento por el hampa, me lleva a devorar las películas de Coppola, Scorsese o las novelas de James Elroy. Para que se hagan una idea de mi fascinación, este verano me he papeado las seis temporadas de "Los Sopranos".

Pero lo que más me asombra de este mundo es la relación que mantiene a diario con la gastronomía, por supuesto, la italiana. Entre el setenta y ochenta por ciento de las decisiones que toman los capos mafiosos, lo hacen alrededor de una mesa, mientras de una manera zafia saborean cualquier tipo de pasta, eso sí, cubriendo la pechera con una servilleta, porque la salsa y la sangre en una camisa, tienen difícil lavado.

Si se habla de cine, el personaje más popular es, sin duda, Vito Corleone; pero si nos ceñimos a la vida real, este lugar lo ocupa sin duda, Lucky Luciano. Luciano fue a partir de la década de los años 30 el gángster más temido y perseguido. ¿Saben cómo alcanzó el poder? Durante una comida junto a Masseria, en el restaurante Scarpatos de Brooklyn, éste fue acribillado a balazos, mientras Luciano estaba en el lavabo aseándose. ¿No les es familiar esta secuencia? A los guionistas de , seguro que sí. Por ello, repitieron una escena similar cuando Michael Corleone tiroteaba al corrupto capitán McClusky, y a Virgil Sollozzo, mientras éstos devoraban platos de pasta, después del fallido atentado contra la vida de su padre, por la negación de éste a asociarse con el turco, en el tráfico de drogas.

Pero la escena donde más se vive la cocina en es durante el acuartelamiento que sufren los sicarios de Sonny Corleone en Brooklyn. El lugarteniente de su padre, Peter Clemenza cocina para ellos, una inmensa fuente de espaguetis con desorbitadas albóndigas de tomate y carne, que se asemejan a pelotas de tenis. Tal es el realismo de la escena, que apetece cruzar la sala del cine e introducir la mano en la pantalla y zamparse una par.

Coppola es un buen y su pasión por el vino le hizo adquirir una bodega en Nappa Valley -California-. En vuelve a rescatar una escena culinaria, pero esta es más sensual, cuando su hija Sofía es seducida por Andy García, mientras ambos realizan gnoquis de patata y harina con las manos.

Pero donde más latentemente he visto la relación entre la Mafia y la gastronomía ha sido a lo largo de las seis temporadas de la serie .

Al padrino, o jefe de esta familia, situado en New Jersey, Anthony, se le ve comer en vivo, masticar, cortar o enrollar con su tenedor espaguetis, y visitar con asiduidad el restaurante de su amigo Arty, el Vesubio. Incluso durante unos episodios de la última temporada, y debido a la bajada de calidad en su cocina, Tony se muda a Don Giovanni, un nuevo restaurante donde cocina un chef mucho más creativo. Ante la ausencia del jefe mafioso y sus sicarios a su local, Arty le pregunta el por qué. Éste le contesta, que su cocina está en manos de extranjeros, que su carta no la ha renovado en siete u ocho años, que cansa a sus clientes saliendo en exceso al comedor del local y que su sitio está en la cocina, elaborando las recetas caseras y tradicionales que aprendió de su madre y abuela. Eso es sin duda, una crítica constructiva.

Pero esta relación con la cocina, no sólo la realiza Anthony. Su esposa Carmele, durante su viaje a París, visita y fotografía la fachada del restaurante Aux Pieds de Cochons, un local muy popular donde la especialidad son las manitas de cerdo. También acude, junto a su amiga Rosalyn, compañera en el viaje, al restaurante del Hotel Crillon, donde la especialidad son los platos elaborados con pato.

En el tema de vinos, son mucho menos exquisitos, pues es el precio de éste el que les mueve a demandarlo. Sin embargo, son grandes amantes de los cigarros habanos. Tony Soprano casi siempre lleva uno entre las manos, que para mayor coincidencia es el mismo que suelo fumar yo: Serie D 4, de Partagás. Esta pasión por el tabaco, la adquirieron sin duda, de su época en La Habana, en los tiempos de Batista.

Después de este pequeño estudio, el tema daría para mucho. Hay que reconocer un gran pragmatismo entre ellos, porque si te tienes que ir hacia el otro barrio, lo mejor es hacerlo con el estómago lleno.

gastronomia@lasprovincias.es