El Saunier había decidido traspasar a Riccò tras su "exagerada" exhibición

J. GÓMEZ PEÑA| PRATO NEVOSO

En una entrevista previa al Tour, Josean Fernández, Matxin, dijo: "Riccò no es un superdotado". Y eso que venía de ser segundo en el Giro, de arrinconar a Contador en los Dolomitas. A la Grande Boucle llegó de improviso, casi desde sus vacaciones en la playa. Y aun así ganó en el primer final en alto, en Super Besse, un puerto menor. "Esa noche fue de alegría en el hotel", recuerda Matxin, director del Saunier. Luego vino la victoria de Riccò en Bagneres de Bigorri. Aquel ataque demoledor. A lo Pantani. Emocionante y falso. Aún no se sabía, pero el italiano rodaba con CERA, la nueva EPO. "Verle subir así, vale. pero verle en el llano hacia Bagneres a sesenta por hora... Ufff. Exagerado", recuerda el técnico vizcaíno. Esa noche no hubo celebración. Dudaban de Riccò hasta los suyos.

"Un día antes nos había llamado el equipo Tinkoff -los nuevos ricos del pelotón- para interesarse por Riccò. Querían ficharlo. Después de ver su exhibición en Bagneres, decidimos traspasarlo", asegura el director del Saunier Duval. No tuvieron tiempo. Les cayó encima el control antidopaje realizado días atrás, en la contrarreloj de la cuarta etapa. Positivo. Detenido. Al calabozo. Ante el juez. Imputado por un delito de consumo de sustancias venenosas. "Claro que teníamos sospechas de él. Pero, ¿qué podíamos hacer? ¿Echarle? Entonces también se habría especulado sobre los motivos de la retirada. Estábamos atrapados".

A Matxin le rebota en la memoria su frase: "No es un superdotado". Un , más bien. Eso dice un control antitrampa. "No estaba aún hecho, ni definido como ciclista. Y, sin embargo, iba como un avión", prosigue. ¿Por qué entonces no le echaron antes? ¿Por qué si era tan bueno no le quiso pasar al campo profesional ningún equipo italiano? "No sé. Mira, nosotros nos gastamos al año 300.000 euros en controles internos. Y no nos han servido. El patrocinador no nos presiona para que logremos victorias...". Fue Mauro Gianetti, mánager del equipo amarillo, el que tramitó ante la UCI el permiso especial que autorizaba a Riccò a superar la tasa del 50% de hematocrito. Era natural, genético, según un informe médico. Por ese elevado nivel de glóburos rojos, la carrera deportiva de Riccò se había llenado de señales de STOP. Desde juvenil. Tan arrogante como sospechoso.

Mañana, los responsables de la firma Saunier Duval se reunirán con los directores del equipo ciclista. Ahí se decidirá si el cese de la actividad es temporal o definitivo. La sección francesa de la empresa quiere cortar. La parte española prefiere proseguir, al menos un año más. No despedirse con esta mala imagen. En Italia, Riccó mantiene su inocencia. Duda de la fiabilidad del control antiCERA. Niega el dopaje. Anuncia su regreso. Y cuenta su noche en un calabozo francés: "No le deseo a nadie vivir esto, ni siquiera a un perro. Tuve todo tipo de sentimientos esa noche. Después de tocar el cielo, bajé a la tierra en un segundo".

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