Viajar de casa en casa

Las redes de hospitalidad permiten a los internautas alojarse en viviendas particulares sin ningún gasto

CHELO LLUESMA| VALENCIA
El intercambio llega a permitir viajar por toda Suramérica y visitar el Machu Picchu por poco dinero./
El intercambio llega a permitir viajar por toda Suramérica y visitar el Machu Picchu por poco dinero.

los viajes ya no son un producto de lujo. Existen los vuelos, los autobuses y los hoteles de bajo coste, pero buscando una vuelta más de tuerca para conseguir el más barato todavía han nacido en internet, las redes de hospitalidad. Páginas web en las que los internautas ofrecen alojamiento a los miembros del club a cambio de cero euros.

El procedimiento es sencillo: entrar en la página web y asociarse. El usuario crea su propia ficha con su lugar de residencia, los viajes que le gustaría realizar, los idiomas que habla y las posibilidades que ofrece su casa en número de personas que se pueden alojar al mismo tiempo.

Así lo hizo Karina Bittencourt, una chica brasileña que en su país ya era miembro de la comunidad y, ahora que se ha venido a estudiar a Valencia, también ofrece una habitación para quien la necesite: "Cuando llegan los inquilinos según las normas del club tienes que pedirles el pasaporte. Es una medida de seguridad que pocas veces gastamos porque ya hemos hablado muchas veces por internet y nos conocemos".

La estudiante ha tenido tres inquilinos. Si le preguntamos por la seguridad de este modo de viajar, no duda: "No hay peligro, son buena gente, la filosofía es ofrecer lo que tú algún día puedes necesitar". Lo mismo piensa Rocío Luján, una secretaria de la capital que recorrió 11 países de Iberoamérica en siete meses empezando por Cuba y acabando en Argentina y combinando hostales con .

"Llevaba muy pocas cosas planificadas desde casa", asegura. Sobre la marcha, la valenciana entraba en , otra de las páginas que ofrecen este tipo de intercambios, y pedía alojamiento. "En Medellín (Colombia) estuve en casa de Carlos, un chico que me contó que hasta ofrecía el jardín para aquellos huéspedes que quisieran montar tiendas de campaña y a mí incluso me dio las llaves", explica.

No todos los anfitriones son tan confiados pero intentan hacer cómoda la estancia de sus huéspedes. Karina cuenta que su último visitante mexicano, Iván, venía para tres días y al final se quedó tres semanas. "Les intento enseñar la ciudad, les llevo a la playa y también salimos algún día de marcha", explica la estudiante.

Los huéspedes como Rocío hacen el menor gasto posible: "Intentas acudir a dormir, comer por ahí, pero si necesitas cocinar tampoco te ponen ningún problema". Además en la web los usuarios también pueden valorar a sus anfitriones. Comentarios como "son encantadores, nos enseñaron la huerta" o "su madre cocina muy bien" abundan en las fichas de la casas valencianas.

En todo el mundo hay ya cerca de 324.000 miembros del club y España ocupa un lugar destacado en número de asociados con 12.434, de los cuales algo más de 1.200 son valencianos. Somos la cuarta autonomía en número de afiliados por detrás de Cataluña, Madrid y Andalucía. A pesar de esta actividad, Rocío cuenta que en su viaje de casi un año no se encontró con ningún valenciano y que cuando expone su vivencia, la gente se extraña: "Es algo que repetiría ya mismo. De hecho sólo me quedó por visitar Chile y la Patagonia. Pienso ir si puede ser de la misma forma. Animo a la gente a probarlo".

'Hospitality' en familia

Un viaje al uso se puede hacer sólo, en pareja o con toda la familia. Exactamente igual que un viaje de bajo coste. Es difícil que una persona acoja a una familia completa en su casa, por eso se ha puesto en marcha una nueva modalidad: el intercambio de casas. En , miles de familias de todo el mundo se ponen en contacto para organizar sus vacaciones.

Una de las que lo ha probado es la de Neus Rodríguez. La idea inicial fue de la madre y enseguida los hijos se sumaron a la aventura. Se pusieron en contacto con una familia irlandesa para arreglar los días y las condiciones del intercambio. Los españoles a Dublín y los irlandeses a Valencia tres semanas durante el verano de 2007, sin oportunidad de conocerse en persona y con unas reglas establecidas.

Más allá del no romper nada, de gastar lo necesario y de cuidar la casa como si fuera la propia, a la elección de cada familia queda dejar los teléfonos de contacto, a quién llamar si hay una urgencia o los números de los hospitales y las comisarías más próximos.

Cuando la familia Rodríguez llegó a la capital irlandesa les esperaba la vecina con la llaves y en Valencia se había quedado la pareja de Neus para enseñarles la casa. Durante esos días los valencianos se dedicaron a estudiar inglés, hacer turismo y a vivir como una familia irlandesa más: "Es extraño porque cuando estas allí sientes como si suplantarás la personalidad de esa familia. Esas durmiendo en un habitación con decoración, ropa o música de otra persona".

"Después, cuando vuelves a tu hogar, te sientes igual, extraño en tu propia casa porque la otra familia se ha dejado libros, ropa o incluso un regalo de agradecimiento para ti", comenta Neus.

No hay que olvidar que en realidad se vive en un hogar que no es el propio. Cuenta Neus que algo tan sencillo como contestar al teléfono se convertía en un debate familiar, la frase más repetida "¿Qué hacemos? Al final lo cogí y era un vecino que preguntaba por la familia y es que la abuela se había puesto enferma y no les localizaba".

Lo que al principio se planteó como una aventura, ha llegado a ser para la familia Rodríguez una de sus mejores experiencias. Por eso este verano querían repetir intercambio en Portugal o Bélgica.