Un espacio inadecuado

La corte de Faraón, Palau de les Arts.

S. Cardoso, L. Mirabal, M. Alberola, P. Vázquez, R. De Palma, B. Alberti, E. Bethencourt, A. Guerrero, J. Franco, J. Agulló, J. M. Sola.

Orquestra de la Comunitat, E. García Asensio.

Somos partidarios de adaptar la zarzuela y, en especial, las partes habladas a la actualidad. En ese sentido, la propuesta de Francisco Negrín incluyó referencias al día de hoy y pequeños chistes que actualizan el texto y le devuelven un sentido cómico a la zarzuela. Además, el director de escena configuró una historia sobre la historia jugando con el teatro dentro del teatro y contando en paralelo peripecias cómicas de Napoleón en Egipto; el resultado tiene un interés relativo. Otra cuestión es su realización escénica, pues no terminamos de entender la necesidad de haber recurrido al auditorio como espacio escénico, en lugar de utilizar la sala principal; el resultado musical se resintió y arrastró el balance general de la actuación, dejando en un segundo plano todo posible elemento positivo.

Cierto es que la escena propuesta por Negrín fue interesante, actualizó estéticamente la obra, confiriéndole cierto aire de musical con un escenario que jugaba con los distintos planos de la sala y utilizando el propio patio de butacas. Ahora bien, como decíamos, el resultado musical se vio afectado; en primer lugar, hubo que poner a la orquesta en el fondo de la sala en un plano superior. Ello hizo que la orquesta se proyectase con dificultad y el sonido que se percibía desde el patio de butacas fuese opaco; sonaba en ocasiones como una orquestina de café y, a tenor de la calidad que viene demostrando la orquesta, tal efecto debe reprocharse a la acústica y a la peculiar colocación. Además, al situar la orquesta en ese plano superior y los cantantes abajo, en la escena, también se resintió la proyección de las voces.

No deja de ser una lástima, pues el reparto vocal, en líneas generales, fue bueno (principalmente a tenor de la tradición interpretativa de esta zarzuela). No se recurrió a voces cómicas, sino a cantantes de buena formación que podían hacer justicia a la partitura. De haberse interpretado en un teatro normal, tal esfuerzo se hubiese hecho más evidente. Hay que destacar, en cualquier caso, la actuación de la argentina Soledad Cardoso como Lota y Linda Mirabal como La Reina, ambas convincentes tanto en lo vocal como en lo escénico.

Mención aparte merece la Sul de Rossy de Palma. Es indiscutible su carisma y sus dotes de actriz, sin embargo, no posee ninguna dote canora. Ajena a toda tradición cupletista ofreció una interpretación histriónica, desafinada, con una voz sin ningún encanto; por cierto, el grupo de música que fundó en los 80 se llamaba