Abastos, un mercado "a la moderna"

En 1948, Valencia dio un gran salto al disponer de un nuevo mercado mayorista de frutas y verduras: una instalación insalubre se abandonaba

F. P. PUCHE
Las piscinas del centro deportivo de Abastos en la actualidad./
Las piscinas del centro deportivo de Abastos en la actualidad.

Así dijo el periódico que era el nuevo mercado de Abastos, una obra "muy a la moderna". Y es que en junio de 1948, cuando se inauguró, llamaba mucho la atención la arquitectura, ciertamente innovadora, que había introducido el gran maestro Javier Goerlich, arquitecto mayor del Ayuntamiento. Con su inauguración y entrada en servicio, el Mercado de Abastos supuso para la ciudad un gran avance. Sin embargo, los cambios urbanos han sido tan rápidos que la instalación no llegó a cumplir 30 años como tal.

LAS PROVINCIAS, en su comentario local del 27 de junio de 1948, decía que "el Mercado de Abastos, con la amplitud construida ahora, constituía ya una necesidad urgente". Y no era para menos: durante la República, el mercado mayorista de la ciudad, el lugar donde cientos de tiendas de barrio y restaurantes hacían provisión de verduras y frutas, era una triste instalación situada en lo que había sido claustro de la iglesia de San Agustín. Ese punto, un solar nacido tras el derribo de lo que antiguamente había sido convento-cárcel, es ahora un pequeño jardín adosado al templo; pero entonces era el lugar donde los asentadores trasegaban los productos del campo, sometidos a las inclemencias del tiempo y a unas penosas condiciones de higiene. Al lado, la plaza de San Agustín, era por añadidura donde, por vieja costumbre local, se despedían los duelos de los entierros: desde allí partían las carrozas fúnebres rumbo al Cementerio.

El Mercado de Abastos costó a la ciudad "unos quince millones de pesetas". El proyecto, terminado por el arquitecto mayor Javier Goerlich en febrero de 1936, durmió durante todos los avatares de la Guerra Civil y fue puesto en marcha por la primera corporación municipal del franquismo, la del conde de Trenor, como obra realmente urgente. Nuestro periódico decía que era: "Obra concienzudamente hecha, realizada muy a la moderna y atendiendo a todas las necesidades de los servicios que ha de prestar. Posiblemente en España no habrá un Mercado como el que mañana se inaugura", remataba el comentarista. Se había levantado a las afueras de la ciudad, en un área de expansión situada en Arrancapinos, al oeste de Valencia, cerca del camino que llevaba a Madrid y de la calle Ángel Guimerá.

Javier Goerlich es uno de los mejores arquitectos valencianos del siglo XX. A él se deben algunas obras sustanciales de Valencia entre los años treinta y cincuenta: autor de las escaleras del puente del Mar, de la famosa "Tortada" con mercado subterráneo de la plaza del Ayuntamiento, diseñó no pocos edificios particulares y, trabajando para el Ayuntamiento, impulsó la avenida del Oeste y reformas que vieron la luz en unos casos y otras quedaron solo en proyecto.

Treinta años escasos de servicio

Cuando se puso en servicio el Mercado Central de la ciudad, en 1928, sus arquitectos pensaron que el sótano pudiera ser mercado mayorista y lugar donde se dieran cita, con sus productos, los agricultores de la "tira de contar", un mercado directo de productos huertanos. Pero no hubo ocasión: los carros no tenían fácil bajar por las empinadas rampas del mercado Central.

El Mercado de Abastos, en 1948, fue una gran solución: sus 12.000 metros cuadrados cubiertos prestaron un gran servicio a Valencia. Pero no obstante no llegó siquiera a funcionar tres décadas. Antes de 1978 quedó superado por las necesidades de una ciudad que lo había recibido con la admiración de un gran servicio. En efecto, la instalación quedó pronto circundada por el crecimiento de la ciudad. De ese modo, la gran aglomeración de carros huertanos, muy pronto sustituida por camiones y camionetas de todo tipo, comenzó a ser molesta para el vecindario. El Mercado de Abastos de toda la ciudad comenzaba a funcionar a las cuatro de la madrugada, si no antes, y era demasiado ruidoso.

Cuando en los años setenta entró en servicio, de forma escalonada, el nuevo y moderno Mercavalencia, Abastos quedó definitivamente abandonado. Había sido olvidado ya como mercado mayorista de frutas y verduras. Porque los nuevos tiempos reclamaban más higiene, cámaras frigoríficas de calidad, estacionamientos para toda clase de vehículos y despachos más cómodos para los asentadores. El viejo mercado mayorista sirvió un poco para todo: fue centro escolar e instituto, almacén de coches retirados por la grúa y cuartel de la Policía Local, e incluso albergó algún verano las atracciones de la Feria de Julio.

En el año 2000, Abastos fue incluido como uno de los objetivos del plan de instalaciones deportivas del Ayuntamiento. En el año 2003, el Mercado que había costado 15 millones de pesetas se convirtió, con una inversión de 15 millones de euros, en un complejo de piscinas cubiertas que elevó el número de piletas disponibles en la ciudad a treinta y seis. Una de las piscinas, dotada con suelo móvil, puede variar de profundidad y sirve para la enseñanza de la natación cubriendo una gama de necesidades muy diversas. Se construyó un estacionamiento subterráneo en la zona y se instalaron, junto con las piscinas, cinco salas de usos gimnásticos y deportivos, más biblioteca, sala de exposiciones, vestuarios, cafetería y otros complementos, a los que se unió un solarium veraniego en las terrazas.

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