Estrés escolar

MARTA QUEROL
Estrés escolar

Esta semana uno de los debates que encendía pasiones, tanto en la prensa como en las tertulias de amigos y compañeros de trabajo, era la propuesta del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza (STE-PV) de cambiar la jornada escolar partida a continua.

La verdad es que es un tema complicado que suscita muchas dudas y enfrentamientos encendidos. La primera duda es de dónde surge la necesidad de ese cambio, cuando desde siempre los niños han ido al colegio por la mañana y por la tarde.

Lo primero que viene a la mente, y de hecho uno de los argumentos esgrimidos con mayor contundencia por parte del sector padres ha sido que, puesto que hablamos de la escuela pública, los profesores se quieren equiparar a sus colegas funcionarios, y no trabajar por las tardes, aunque cuando se presentaron a su oposición ya sabían que su jornada era otra. Esto, dicho sea de paso, es la aspiración de casi todos los españolitos de a pie. Aquí es cuando los maestros y maestras comienzan a saltarme a la yugular indignados por esta afirmación. Yo sólo digo que es una de las teorías que con mayor énfasis se ha defendido en estos días.

A esta teoría, su contestación inmediata es que la propuesta se hace por el bien de los niños, ya que por las tardes están cansados y no rinden igual. Y ante esta afirmación asaltan ciertas dudas. Veamos la jornada escolar como una ecuación. En ella los factores principales entre los que se reparten las horas podrían ser: lecciones + deporte + ocio. Esto se reparte actualmente entre mañana y tarde, luego para seguir dando las mismas horas de cada cosa -que se entiende que son las adecuadas, o no se estarían dando-, pero sólo por la mañana, el niño tendría que entrar bastante más temprano, cambiando su rutina actual de sueño. O de lo contrario habría que cambiar ese reparto y alguno de estos factores se tendría que resentir, viendo disminuidas las horas de alguna de ellas. ¿A cuál nos cargamos?

Pero, además, siempre se ha dicho que los niños -también los adultos- tienen una capacidad de atención limitada, y que incluso mientras hacen los deberes es bueno que hagan pausas, que se distraigan, que cambien de actividad... Si lo que antes se daba entre mañana y tarde, ahora lo quieren hacer todo por la mañana, no van a tener tiempo ni para respirar, y no parece muy lógico que estén más cansados por la tarde después de haber hecho sus pausas, recreos y haber comido tranquilamente, que al final de una mañana interminable, maratoniana e intensa. Esas pausas, además, son importantes en la socialización de los niños, y les ayudan a relajarse y volver a clase más frescos.

Probablemente en esos dos últimos periodos horarios de esa larga jornada mañanera, más de uno y de dos estarán cazando moscas. Si yo fuera maestro me pediría las primeras horas de la mañana, por si esas moscas aparecen.

Para terminar de alimentar mis dudas sobre ese hipotético bien del niño perseguido por esta medida, la fórmula propuesta por el propio sindicato de profesores me ha hecho pensar que tampoco ellos se lo creen. Según leía en este mismo periódico días atrás, lo que proponen es que sea la comunidad educativa de cada centro escolar la que decida acogerse o no a la jornada continuada, de forma consensuada. Pues no lo entiendo. Si es por el bien del niño será bueno para los niños de todos los centros, y si no lo es, no lo será para ninguno. Entonces ¿por qué aplicarlo a voluntad -y conveniencia- de los adultos del centro? No parece coherente.

A eso habría que añadir otros daños colaterales que a veces se esgrimen con cierto desprecio y que provocan airadas reacciones en el gremio afectado. Cierto que el colegio no es un "aparcaniños", pero hay que ser realista, y en gran parte de las familias valencianas trabajan tanto él como ella, y han montado su particular y precaria logística doméstica de traídas y llevadas de niños al colegio, con apoyo de abuelos, vecinas, papás o mamás a la carrera, o cuidadoras como ahora se las llama, llegando por los pelos y con bastante estrés a recogerlos a las cinco. Claro que también las habrá que vengan de tomarse el cafetito y de charrar con las amigas, pero esas en general tienen menos problemas ante este tipo de situaciones. Muchas familias se encontrarían en serios apuros si tuvieran que recogerlos a mitad de su jornada laboral y dejarlos en casa toda la tarde. No todos pueden pagar extraescolares, o a una persona que los recoja y acompañe durante un tiempo que, hasta ahora, pasan en el colegio haciendo lo que un niño debe hacer, aprender. Y no es que los padres no quieran tener a sus hijos cerca, aunque de todo hay en la viña del Señor, es que esos padres no van a estar hasta bastantes horas después con esos niños. Seguramente los hijos de esos maestros que piden esa jornada sí que se quedarán en el centro mientras a ellos les quede algo por hacer, igual que ocurre ahora durante los meses de verano.

Probablemente si fuéramos maestros también querríamos acabar a mediodía, sobre todo en algunos centros escolares. Todos los días salen noticias sobre las dificultades de desarrollar su labor, sobre la falta de disciplina, del respeto más básico..., pero eso no se arregla soltando a los niños antes del colegio.

Al final se irá abriendo una brecha insalvable entre la educación pública y la privada que a los únicos que perjudicará será a los que no tienen posibilidad de elegir. Y esto no parece justo para nadie.