Argentina vive el primer juicio por robo de bebés durante la dictadura

MARCELA VALENTECORRESPONSAL LP. BUENOS AIRES

Por primera vez en la historia de los juicios contra represores de Argentina, una hija de desaparecidos puso ayer en el banquillo de los acusados a la pareja que la inscribió como su hija aún sabiendo que había nacido durante el cautiverio ilegal de su madre. Maria Eugenia Sampallo, de 30 años, inició así el capítulo final de una historia de terror, engaños y maltrato que parecía interminable.

La muchacha nació en febrero de 1978, en plena dictadura (1976-83). Su madre, Mirta Barragán, era cautiva en un centro clandestino de detención dependiente del Ejército. Había sido secuestrada a fines de 1977 con seis meses de embarazo junto a su esposo, Leonardo Sampallo, y un hijo de Mirta de tres años, Gustavo.

El pequeño fue hallado días después. Mirta y Leonardo permanecen desaparecidos y a la niña se le perdió el rastro hasta que fue recuperada con 23 años. Un capitán del Ejército, Enrique Berthier, la había arrebatado a su madre y entregado a la pareja Osvaldo Rivas y Maria Cristina Gómez Pinto que la inscribieron como propia.

Hasta ahí parece una más de las historias de Abuelas de Plaza de Mayo, la entidad dedicada a la búsqueda de niños desaparecidos que ya logró restituir la identidad a 77 jóvenes. Pero la de Maria Eugenia no es una más. Esta es la primera historia en que la víctima denuncia a sus apropiadores por ser falsos padres adoptivos y pide para ellos la máxima pena.

Así lo hizo ayer en la primera sesión del juicio que se realiza en Buenos Aires. "Esto no se trata de si tuvimos una buena o mala relación. Cometieron un delito grave. No importa si eran militares o civiles. Quisieron ser padres basándose en un delito", declaró Maria Eugenia. Su representante pidió 20 años de prisión para los acusados.

La niña supo a los 10 años que no era hija de Rivas y Gómez Pinto. Desde entonces preguntaba y las mentiras iban variando. "Siempre hacían hincapié en el abandono, y se ponían ellos en el lugar de los salvadores, como si hubieran hecho una obra de bien", dice Maria Eugenia.

Un testigo en el juicio recordó que en una oportunidad, cuando la niña se rebeló, la madre apropiadora le espetó: "mocosa caprichosa, hija de guerrillera tenías que ser. Yo te crié entre pañales de seda. Si no fuera por mí estarías tirada en un zanjón".

La pesquisa se había iniciado en 1989 por una denuncia anónima que llegó a Abuelas de Plaza de Mayo. Pero en ese momento los análisis no permitieron comprobar su identidad. En 2000, cuando la muchacha ya no vivía con sus apropiadores, pidió un nuevo análisis. Entonces se comprobó que era hija de Mirta y Leonardo.

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