Esfuerzo sin recompensa

El Levante da la cara pero decide un gol en fuera de juego tras un fallo de Kujovic

J. AGUILARVALENCIA

Ni es la primera vez que ocurre ni tampoco parece que vaya a ser la última. El Levante se vuelve a quedar con la sensación de haberse vaciado para nada. Futbolísticamente no estuvo en el cómputo general por debajo del Athletic pero un garrafal error de Kujovic en el saque de puerta y el posterior remate de Llorente en fuera de juego acabó por ahogar las intenciones de un equipo que lucha con lo poco que tiene. Desde luego, de aquí al final de temporada y a la espera de ver cómo se desarrollan los acontecimientos en este club, cada domingo que pase va a suponer para los jugadores un ejercicio de máxima generosidad por su parte.

De hecho, tan sólo hay que comprobar en qué situación acabó el partido: con el Athletic temblando cerca de su propia área, con el Levante decidido a cambiar su mala suerte y con San Mamés exigiendo al árbitro que no levantara su vista del reloj para pitar cuanto antes mejor. Y es que, sólo con la intención, el grupo de De Biasi metió el miedo en el cuerpo a un Athletic indeciso que le tiene bastante respeto a la clasificación actual. No están los leones para rugir. Eso sí, se zamparon la única oportunidad descarada que tuvieron con el beneplácito del colegiado y su auxiliar que pasaron por alto el fuera de juego de Llorente.

Eso ocurrió prácticamente en el arranque del segundo tiempo, apenas unos instantes después de que Miguel Ángel enviara de cabeza un balón al poste. La transición del posible 0-1 al 1-0 real fue bastante rápida, sin tiempo si quiera a que el Levante asimilara que realmente podía hacer daño a Armando.

Porque la verdad es que en la primera fase del encuentro, quien se mantuvo de pie pro los palos fueron los levantinistas. Hasta en dos ocasiones se estrelló el esférico en la meta de Kujovic, el primero por un envió de Aduriz y el segundo por un cabezazo de Llorente. En ese pulso inicial, quien manejaba la situación con algo más de criterio fueron los rojiblancos. Sobre todo en el centro del campo donde Miguel Ángel y Berson no acababan de hacer efectiva su presencia. Ni uno ni otro conseguía entrar en juego con efectividad y los grandes perjudicados fueron los hombres de banda. Ettien se pasó una hora de juego casi inédito y Courtois acabó por escapar de la banda y acercarse al centro en busca de algo más de participación.

Menos mal que la defensa del Levante mantenía el tipo con cierta dignidad mientras que el esfuerzo de León y de Iborra se difuminaba ante la superioridad en la zona del rival.

De Biasi reaccionó a la hora de juego y ya con el marcador en contra. Metió a Riga con la esperanza de que el ghanés aportara la frescura y la viveza que inyectó en Murcia -su salida resultó decisiva para aquella victoria- y posteriormente le tocó el turno a Saúl. Pero tanto uno como otro se quedaron a mitad de camino en su cometido.

A pesar de esto, el Levante fue creciendo en presencia y, aunque lentamente y sin excesivas estridencias, acabó por meter al Athletic en su propio jardín. De hecho, la posesión del balón acabó por decantarse del lado del equipo valenciano, lo que demuestra que a pesar de tener todas las circunstancias en contra, en una supuesta clasificación de dignidad y entrena, será difícil quitarles el trono a los levantinistas.

Durante hora y media los jugadores se olvidaron de todas las penas y consiguieron hacer lo que más les gusta: jugar al fútbol. Mejor o peor, pero al menos hicieron lo que saben. La realidad aterrizó cuando escucharon el silbato de Pérez Burrull. Ahí es donde vuelve a imponerse la cruda realidad, la de las deudas, la de las amenazas de plante y la de la falta de soluciones inmediatas. Al menos los futbolistas, estos futbolistas, pueden presumir de tener la conciencia limpia. Unos más y otros menos, al menos dan la cara y mantienen la cara bien alta.