La ayuda al alquiler dispara las pretensiones de los propietarios

Las inmobiliarias dudan de que los arrendamientos hayan subido sólo un 3,6% en 2007 como asegura el INE y alertan a los propietarios de que la demanda joven no quiere pagar más de 500 euros por vivir alquilado

JULIÁN LARRAZVALENCIA
Una inmobiliaria ofrece un piso de alquiler en Valencia./
Una inmobiliaria ofrece un piso de alquiler en Valencia.

La crisis subprime, las alertas de desaceleración del sector de la construcción de viviendas y su posterior confirmación, el cierre de inmobiliarias junto con una larga lista de factores encaminan a un desbarajuste en el precio de la vivienda. La ley de la oferta y la demanda no encuentra un punto de equilibrio que certifique cuánto vale un piso. En este escenario de incertidumbre (que pronto cumplirá un año) vivió hasta Navidad al margen de que la compraventa de vivienda tiene como bien sustitutivo el alquiler.

La medida de los 210 euros para el arrendamiento que facilita el Gobierno (que llega junto a la ya existente en la que se pueden adquirir hasta 240) ha dinamitado el equilibrio (en su concepto de estabilidad) que disfrutaba el mercado del alquiler. LAS PROVINCIAS ha comprobado que las inmobiliarias de Valencia reciben a diario (y conforme pasan los días ) dos tipos de llamada. Los propietarios quieren cobrar más por sus alquileres y los demandantes más jóvenes, que rechazaban la compra por no poder asumirla, ponen cara de resignación cuando se les informa que, con los 300 euros al mes (que al sumar la ayuda del Gobierno da 510) que habían pensado gastarse en el alquiler, no pueden vivir en Valencia. Por la cantidad que se quieren gastar (300 euros), sí encontraban piso hace dos años, según las fuentes consultadas, sin necesidad de ayudas.

"Los pisos de menos de 450 euros se pueden llegar a alquilar en el mismo día", asegura Antonio Pacheco, gerente de Inmobiliaria Lauria (empresa veterana con un solo local) que también advierte: "Hay propietarios que alquilaron su piso hace dos años por 450 euros y que ahora están deseosos de que se vaya el inquilino para subir el precio a 650".

La especulación en el alquiler está íntimamente ligada a la ayuda del Gobierno. Esta semana, el Instituto Nacional de Estadística (INE) afirmó que durante el año 2007 el incremento del precio del alquiler en la Comunitat Valenciana había ascendido un 3,6%. Los profesionales del sector dudan de que el porcentaje sea tan reducido aunque matizan que los mayores incrementos se han producido durante los primeros días del año.

Ramón García, director de la inmobiliaria de Servicios Inmobiliarios de Levante de la Avenida Peset Aleixandre de Valencia (la cadena tiene cinco tiendas dedicadas tanto al alquiler como a la venta en la ciudad), asegura: "El precio de los alquileres está subiendo por días". Su argumento lo comparte gran parte del sector pero añade una problemática nueva.

Según explica a este periódico, se está produciendo (de momento casos puntuales, pero cada día más habituales) que los propietarios actúan con el alquiler igual que se actuó hace años con la venta. Varias inmobiliarias apuntan que, por ejemplo, en 2004 cuando un piso se vendía por 100.000 euros se fijaba el precio en 150.000. El propietario sabía que no lo iba a vender inmediatamente pero pensaba que ya subiría hasta llegar a sus expectativas y, de hecho, así era. Ahora, con el alquiler, los especuladores quieren hacer lo mismo.

La franquicia valenciana Grupo 90 apunta que no se puede establecer una acción-reacción entre la ayuda del Gobierno y la subida de precios. Mari Cruz Miranda, responsable de alquiler de Grupo 90, afirma: "Sí que observamos que el precio medio de los pisos hace seis meses era de 500 euros y ahora se acercan más a los 600 pero la subvención de 210 euros no ha supuesto un encarecimiento inmediato".

Las expectativas, sin embargo, sí que se disparan creando un problema. El propietario asume que el que se quiere convertir en inquilino tiene una ayuda de 210 euros por lo que presume que su cliente tiene mayor capacidad de gasto. Por contra, la demanda de pisos en alquiler no se reduce, únicamente, a jóvenes ávidos de independencia, sino que se alarga a los colectivos con la treintena cumplida así como a familias de inmigrantes que descartan la compra de un piso. Los colectivos fuera de la ayuda sufren. Se impone una práctica ya instaurada en la compraventa: el regateo.