Gesta sin gloria

El Levante desarrolla un fútbol atrevido y saca los colores a un Real Madrid que decide los puntos tras un penalti muy riguroso

J. CARLOS VALLDECABRESVALENCIA
Gesta sin gloria

Es más que probable que el Real Madrid sea campeón de Liga y parece fuera de toda duda que el Levante habrá descendido mucho antes, pero no es un acto de locura apuntar que durante hora y media de juego, las interpretaciones del fútbol que hicieron unos y otros escondieron las diferentes situaciones que experimentan.

A los madridistas les vino de perillas que el árbitro prefiriera escuchar a su auxiliar en lugar de mantenerse firme en su criterio. La manos de Serrano existen, eso no se puede negar, otra cosa es afinar en la interpretación de la acción. Fernández Borbalán, o no vio las manos o consideró que no merecían penalti, pero cuando su auxiliar optó por avisarle de que había que castigar al central con la pena máxima, el colegiado hizo sonar su silbato. A eso se abrazó el Real Madrid, al que durante la hora y pico que se llevaba de juego le habían temblado las piernas hasta el punto de naufragar en el balance general.

Al Levante no se le puede negar la mejor de las notas para enjuiciar la excelente muestra de su actual repertorio. El equipo, después de la depuración que ha vivido, agota hasta el límite su físico, vacía por completo su corto bagaje futbolístico y recurre al pundonor para suplir todas y cuantas carencias se le pueden presentar sobre el césped. En ese sentido, De Biasi puede estar satisfecho porque los aficionados no son tontos y ayer, pese a todo, premiaron a los suyos con el aplauso. Pese a perder, la sensación que quedó en el Ciudad de Valencia es de dulce resignación. Su equipo no tiene mucho donde elegir y sí ofrece lo poco que tiene. Por eso la lucha de ayer era totalmente desigual. El potencial que maneja Schuster es infinitamente superior al granota pero en muy pocos minutos ya se palpó algo extraño, diferente a lo que habitualmente se ha podido ver en el Ciudad de Valencia. El Levante había conseguido más cosas en un cuarto de hora que en casi toda la primera vuelta de campeonato. Suena raro pero es la verdad.

Instalado en un conformismo desesperante, el Real Madrid se contagió de la falta de inspiración y del fútbol previsible e insuficiente de Gago. Sneijder y Baptista fueron triturados por Tommasi mientras Juanma dejaba en evidencia cuando quería a Marcelo. El Levante apretaba por la derecha e incordiaba por la izquierda pero siempre quedándose a las puertas de la hora de la verdad. Ahí es donde tiene claro que lo va a tener verdaderamente complicado por no decir imposible. No hay nadie que marque un gol, vamos es que ni de lejos existe una ligera sospecha de peligro. La pareja Riga-Pedro León no encontró la solución ni mejoró las prestaciones de un Geijo que sigue sin estrenarse o de un Riganó al que nadie echa ni echará de menos.

El Madrid se dedicaba a dejarse llevar por las circunstancias. Aún así, tanto en el primero como en el segundo tiempo estuvo mucho más cerca del gol que los levantinistas. Es lo que siempre. El premio que siempre suele ir para los grandes y no para el pequeño, que se harta de correr, de buscar los espacios, de sacarle los colores al líder consciente de lo mucho que tiene que hacer para lograr una mínima recompensa. Y así ocurrió.

Al contragolpe, el Levante fundió en la primera fase a un Madrid salpicado de una sospechosa vulgaridad. En la segunda, a los granotas les pesó la falta de fuelle y sólo cedieron en su empeño cuando Courtois se inventó una pifia en el medio del campo que acabó con el penalti de Serrano. A los madridistas les llegaron los tres puntos en bandeja. Van Nistelrooy no falló y eso le sirvió para despertar de su letargo y para hacer, instantes después, el segundo con un ingenioso zapatazo. El Levante había nadado más que nunca para ahogarse, como siempre, en la orilla. Esta vez, al menos, les queda el consuelo moral de saber que en el balance general fue mejor que el Real Madrid. No sirve de mucho pero al menos reconforta.