El nuevo Levante entra en escena

Saúl, Iborra y Pla participan por primera vezen un equipo que se desmorona ante el Getafe La cruz de la jornada llegó en Getafe, donde el Levante se hundió en una floja segunda mitad

J. C. VALLDECABRESENVIADO ESPECIAL LP. GETAFE
Serrano lucha con Braulio./
Serrano lucha con Braulio.

Ni la Liga ni la Copa. El Levante sigue fiel a su guión y esta vez se desmoronó por completo en el primer capítulo de estos octavos de final que ya están sentenciados a pesar de que queda hora y media de juego y que servirá únicamente para cubrir el expediente. Pensar hoy en día que el equipo levantinista tiene argumentos para marcar cuatro goles al Getafe -o a cualquier otro rival- es un ejercicio de absoluta e innecesaria generosidad. En realidad, pensar en arañar una victoria es también una cuestión que encierra muchísimas dudas. El único interés que tenía esta competición era el económico y sólo el recurso de un posible cruce posterior contra el Real Madrid podía alimentar las escasas ilusiones de esta plantilla que se sostiene con alfileres.

No obstante, al menos no hay que pasar por alto lo único positivo que se puede extraer de este partido contra el Getafe. Sólo hay que mirar cómo acabó el Levante para ver cuál es el presente y por dónde puede discurrir el futuro: Saúl en la banda derecha, Iborra en la mediapunta, Pla como interior zurdo y Pedro León de delantero centro. No es que hubiera tampoco mucho dónde elegir porque como aseguraba De Biasi "el barco está cada vez más vacío" y con cuatro jugadores sin experiencia es lógico pensar que los madrileños se metieran en el bolsillo la eliminatoria. Para Saúl fue su primer partido como titular con los grandes mientras que Iborra -también en el once- a sus 19 años debutó con el Levante, sensación que también experimentó Pla.

El nuevo Levante se está construyendo así, a base de necesidad. El problema es que queda mucha Liga todavía por disputar y esto, salvo milagro, se va a hacer eterno. Entre los que se han marchado y los que se han borrado, a De Biasi le van a fallar las matemáticas en más de una ocasión porque llegará día que hacer una simple convocatoria será bastante complicada. Cargar de excesiva responsabilidad a los jóvenes tiene también sus riesgos y será el italiano el que deba manejar esa balanza con cierta precisión para ir cimentando el futuro sin dañarlo ni quemarlo.

Será normal ver partidos agónicos con el Levante luchando por resistir desde el pitido inicial. Más o menos lo que ocurrió en el último tramo del encuentro contra el Getafe. Lo más curioso es que el arranque no fue tan decepcionante como ese final. Es más, hasta la apariencia fue más que digna. De Biasi quiere que los suyos corran (siempre de medio del campo para atrás) y si a este aspecto se le une una buena situación dentro del terreno de juego, al menos se asegura un mínimo de complicación para el que está delante. El Getafe tampoco está para lanzar muchos cohetes porque, al fin y al cabo y como casi todos, lo suyo es lo que hay en juego cada domingo. Aún así, pasada la media hora recibió un obsequio con esa falta lejanísima que se coló ante la sorpresa general. Kujovic y sus defensas se tragaron el balón, cuestión que también podía haber ocurrido perfectamente con los Storari o Cirillo en el campo. No hay que darle tampoco más vueltas a eso.

Dosificando las pocas energías

Hasta ese momento, el panorama del lado valenciano no había sido tan malo como para pensar que una hora después el marcador iba a reflejar una contundencia desmesurada. Es más, el primero que pudo haber anotado fue precisamente el debutante Iborra. En una buena combinación con Saúl por la derecha, el interior colocó un balón intencionado que la defensa no acertó a despejar. Le cayó a Iborra, al que le faltó plasticidad -no debe ser nada fácil menear ese 1.90 de estatura- para pegarle al esférico a pesar de estar casi encima de la portería rival.

Luego la cosa fue decayendo poco a poco. El Levante fue alimentando su propias reservas de energía y pensando la mayoría en lo que les viene encima el domingo contra el Madrid y el Getafe, apretando sólo un poco el acelerador, acabó sacando de quicio a un Kujovic que tuvo un par de acertadas intervenciones con el pie pero que nada pudo hacer ante los dos remates que echaron el broche a este duelo desnivelado a todas luces. Laudrup recibió un equipo más o menos coherente y lo único que trata es de sacarle partido y De Biasi, en cambio, se ha encontrado casi de la noche a la mañana con un vestuario partido por la mitad y que a este paso se quedará con lo imprescindible para aguantar toda la segunda vuelta de campeonato.

La Copa es ya historia en el Levante, a pesar de ese partido de vuelta en Valencia. El 3-0 hizo justicia. No es que el Getafe fuera mucho mejor que el Levante -que en realidad lo es- sino que simplemente supo con mucha antelación que haciendo un poco bien las cosa lo tendría resuelto.

El Levante, por mucho que lo intente, actúa bajo la amenaza de caos. Y así, por mucho que se esfuercen los jugadores, al menos estos dan la cara, se pueden conseguir pocas cosas.

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