Piedra original frente a mármol

Cartagena, Itálica, Mérida o Zaragoza han respetado el pasado sin dañarlo

CONCHA RAGAVALENCIA
El Teatro Romano de Mérida tras la restauración que llevó a cabo el arquitecto Antonio Almagro./
El Teatro Romano de Mérida tras la restauración que llevó a cabo el arquitecto Antonio Almagro.

Ladrillo, cemento, mármol y hierro son algunos de los materiales utilizados en la reconstrucción del Teatro Romano de Sagunto y bajo los que han quedado sepultados los restos arqueológicos de lo que fue uno de los monumentos más importantes de España.

Nada similiar se ha hecho con ningún otro resto arqueológico de los existentes en cualquier ciudad española. Y todo de la mano de los arquitectos Giorgio Grassi y Manuel Portaceli que contaron con el aplauso de los socialistas valencianos, responsables en aquel momento del Gobierno de la Generalitat Valenciana y del desaguisado que aún hoy, dos décadas después, mantiene viva la llama de la polémica.

No sólo por imposición legal sino por la profesionalidad, el tacto y, sobre todo, por el respeto que la inmensa mayoría de los arquitectos tienen por la historia, los teatros romanos o cualquier otro resto arqueológico hallado en España han logrado recuperarse y mantener su imagen de ruina original.

Las intervenciones realizadas, a diferencia de las que se practicaron sobre los restos de Sagunto, fueron la recuperación de las piezas originales y las conservación de las mismas.

Gracias a ello han podido rehabilitarse, e incluso usarse como espacio cultural, con programación escénica en muchos casos o simplemente para contemplación turística. Son casos como Tarragona, Segóbriga, Cádiz, Cartagena, Itálica o Zaragoza, así como Mérida y Málaga, que merece mención aparte.

Las recuperaciones realizadas han estado dirigidas a levantar el monumento desde el máximo respeto a las ruinas, manteniendo su aspecto y belleza original, sin ningún añadido artificial ni sobre la estructura de la ruina ni en cuanto a los materiales utilizados.

La intervención realizada en el teatro romano de Itálica, próximo a Sevilla, llevó al arquitecto responsable Alfonso Jiménez a mantener paralizada durante varios años la recuperación del monumento. Cada etapa de intervención la dejaba reposar durante meses para tener clara la lectura de cada pieza e incluso, retroceder si lo consideraba necesario para mantener la fidelidad.

En pleno debate sobre el teatro romano de Sagunto, Jiménez llegó a paralizar la obra pese a que su trabajo no tenía nada en común con el proyecto de Grassi y Portaceli.

Cartagena es otro de los casos de rigor histórico. Inmerso en pleno corazó de la urbe, de su teatro romano se pudieron recuperar más del 80% del total de las ruinas. Pese a ello, en lugar de llevar a cabo una reconstrucción total, lo que se hizo a partir del hallazgo fue un proceso de reintegración de los elementos a su lugar original, lo que científicamente se denomina .

El proyecto fue encargado al arquitecto Rafael Moneo quien, junto con un equipo de arqueólogos y técnicos, optó por un concepto conservacionista, dejando expuestos al público gran número de piezas.

En Mérida intervino en una ejemplar restauración el arquitecto Antonio Almagro, quien respetó la esencia y naturaleza del monumento, lo mismo que se hizo en Tarragona y en Zaragoza.