La venta ambulante ilegal en Valencia dispara las pérdidas de los comerciantes

Dos de los puestos de manteros, el domingo en el entorno del Mercado Central. / j. monzo
Dos de los puestos de manteros, el domingo en el entorno del Mercado Central. / j. monzo

El PP denuncia la presencia de más de un millar de manteros debido a la permisividad del Ayuntamiento

MAR GUADALAJARAVALENCIA.

La venta ilegal se extiende por toda la ciudad de Valencia. Los más afectados son los comerciantes, sobre todo los vendedores ambulantes o sin establecimiento. Sus pérdidas se disparan, llegando a suponer un perjuicio que estiman que superaría los 100 euros al día. «Están haciendo daño a quienes pagamos y tenemos permisos, la dejadez del Ayuntamiento les ha hecho fuertes», dice José Vicente Domínguez, presidente de la agrupación Integral de Comerciantes sin Establecimiento.

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Los altercados y las disputas son cada vez más frecuentes. Cada miércoles en el mercado extraordinario Castilla-Avenida del Cid los comerciantes se encuentran con puestos ilegales y manteros que ocupan parte del espacio que pertenece a las paradas del mercado. «Es imposible descargar y montar las paradas, además se esperan hasta el final, por lo que también interrumpen al recoger», explica Domínguez.

Ahora muchos ponen cajas alrededor de las paradas para evitar que se coloquen, pero resulta inútil. «Delante, detrás, por los pasillos, mires donde mires, están», asegura el presidente. Es así como el ambiente se caldea y cada sábado hay altercados en el mercado extraordinario de Benicalap. «Los vendedores se cabrean, les llaman la atención pero no hacen caso, porque saben que no les va a pasar nada, la Policía Local no actúa, no les requisa la mercancía, simplemente pasan con el coche o dan una vuelta», relata Domínguez, que reconoce que «hay un par de áreas en la ciudad en las que sí están revisando la mercancía, hacen operativos, pero hay una dejadez en el resto que nos está perjudicando».

Las disputas y altercados son cada vez más frecuentes en los mercados extraordinarios

Desde la asociación han intentado por todos los medios ponerle solución. En la pasada legislatura mantuvieron reuniones con el Ayuntamiento y la Policía pero «no hubo una voluntad expresa de solucionarlo», asegura el presidente. Ahora tienen previsto reunirse con el nuevo concejal de Protección Ciudadana y Policía Local, Aarón Cano, mientras su preocupación crece ya que «al no haber actuación contra ellos, cada vez tienen más fuerza y más capacidad de reacción contra nosotros, y esto va a peor», explica.

Mientras, la oposición denuncia la presencia de más de un millar de manteros y respalda a los comerciantes al acusar al Ayuntamiento de permitir su actividad.Así, la portavoz del grupo popular, María José Catalá, insistía ayer en la urgencia de que el Ayuntamiento «intensifique las acciones contra la venta ambulante ilegal porque en estos momentos está descontrolada con más de 1.000 vendedores ilegales vendiendo en zonas comerciales y en los mercados extraordinarios».

Según señala, «el problema de la venta ilegal se ha agudizado en la ciudad desde que se reestructuró la plantilla de Policía Local al eliminar la unidad GOE que se dedicaba al control de los mercados extraordinarios y las zonas comerciales».

La solución, a juicio de Catalá, pasa por «un mayor control para que deje de producirse un efecto llamada que a medio plazo tendrá graves consecuencias y será muy difícil de atajar».

Por su parte, el Consistorio aseguró que en la anterior legislatura se pudo sobre la mesa regular la venta de los manteros y cualquier actividad ambulante ilegal y se barajó la opción de ofrecerles una localización concreta donde pudieran realizar su actividad. Pese a la voluntad de la concejalía de Inmigración fue Carlos Galiana, edil de Comercio, quien vio inviable que esto llegara a producirse debido a que la mayoría de personas que ejercían la venta ilegal, no disponían de papeles. Hasta septiembre, en el Consejo de Inmigración, no se abordará la problemática.

Ante la falta de acción municipal, son los comerciantes quienes buscan sus propios métodos. «A veces ponemos cajas junto a las paradas para evitar que se pongan pero en otras la tensión es tal que se llega a las manos», comenta Domínguez.

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