Velluters se llena de campamentos de indigentes en solares y jardines

Colchón y mesita al lado del número 22 de la avenida del Oeste./LP
Colchón y mesita al lado del número 22 de la avenida del Oeste. / LP

Los residentes reclaman al Ayuntamiento una solución para los mendigos que evite la degradación de las zonas verdes y las plazas

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Viernes, poco después de las nueve de la mañana. La ciudad está vacía y la circulación por la calle Guillem de Castro parece la recreación de una película donde hayan desaparecido los habitantes de una ciudad. ¿Todos? No, en el jardín de la calle Hospital, el más singular del barrio de Velluters y seguramente del centro histórico, empieza a desperezarse un campamento de indigentes creado a espaldas de la ermita de Santa Lucía, mientras en la parte próxima a la explanada rodeada de restos arqueológicos, otros mendigos se refrescan con cerveza antes de levantarse de los bancos.

«Se ponen con colchones en las zonas de juegos infantiles y en la misma acera de la avenida del Oeste», indica la secretaria de la asociación de vecinos de El Palleter, María José Volta. La dirigente vecinal indica que la situación es trágica para estas personas, pero que corresponde al Ayuntamiento «dar una solución, los vecinos no tenemos porque aguantar la degradación de jardines, calles y solares».

En la avenida de Oeste, junto al número 22, a las nueve y media de la mañana la cama está vacía. Literalmente, dado que un indigente se ha montado en una de las arterias comerciales del centro un colchón y una mesita con una caja de cartón, junto a un carro de supermercado lleno de enseres.

El jardín del Hospital, uno de los más singulares del centro, alberga dos grupos de colchones y carritos

«Es de un mendigo al que ayudé para que se fuera a Francia porque tenía familia allí, pero ha decidido volver», comenta Volta, quien lo pone como ejemplo del descontrol que hay en el barrio sobre las atenciones sociales. La excepción, matiza, se encuentra en el dispositivo policial que rodea la zona de tráfico de drogas y prostitución callejera.

«Los policías sí que se preocupan del cierre de solares y de las calles más conflictivas», señala, aunque es obvio que están desbordados. En la calle Guillem Sorolla, en la zona de juegos infantiles, esta semana colocaron un colchón. «Es un espacio destinado para los niños, apenas tenemos zonas verdes en el barrio para ellos y no se puede consentir esta ocupación paulatina».

Las fuentes de la plaza Juan de Vilarrasa son utilizadas como lavadero, además de ser un foco de venta de drogas

Los residentes dieron la primera voz de alerta en la plaza Juan de Vilarrasa, donde las dos fuentes sirven además como lavadero con frecuencia. «Poco a poco, todos los lugares posibles son tomados por los indigentes, a los que repito se les debe dar una solución adecuada y atenderlos; dejarlos en la calle para perjuicio de los vecinos no debe ser».

En el jardín de la calle Hospital, estos campamentos efímeros contribuyen de manera decisiva a la degradación de una zona verde que necesitó un presupuesto millonario. La excavación arqueológica se prolongó durante años tanto para la construcción del Museo de la Ilustración como para el propio jardín. Algunos de los restos hallados, como capiteles y trazas de viejas capillas, han quedado a la vista en el diseño del arquitecto Vázquez Consuegra.

El viernes, un fuerte hedor a orines salía de varios rincones de los muretes de ladrillo de una construcción próxima a la ermita. Los malos olores se confunden con los matorrales que crecen sin controles dentro de los alcorques de acero cortén característicos del jardín. Entre los capiteles medievales, cartones y colchones escondidos para pasar la noche siguiente a la intemperie.

 

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