Francisco Pérez Puche: «La de Valencia fue una Transición con etiqueta verde»
El autor presenta su libro sobre los jardines de la ciudad y reclama que la aventura hacia un desarrollo más sostenible culmine con la integración del jardín del Turia en el frente marítimo
«Quedan capítulos por escribir». La frase con que María José Catalá ha abrochado el acto de presentación del doble volumen donde Francisco Pérez Puche ... condensa la historia de Valencia y sus jardines alude precisamente a esa condición del relato propio de toda ciudad, siempre inconcluso por su propia esencia. Y es una etiqueta que se puede adosar con todo el sentido a esa intensa trayectoria que dibuja la trama urbana que tutela su Ayuntamiento: Valencia es verde desde sus orígenes, una distinción que activó las pesquisas del cronista de la ciudad, exdirector de LAS PROVINCIAS y colaborador habitual de nuestro periódico, a través de esa enigmática frase que abre las páginas de su flamante publicación: «Para jardines, Valencia». Una sentencia que carece de autor conocido, como ha insistido Puche mientras aludía a la curiosa coincidencia de la fecha de este jueves con la efeméride del 20-N: cincuenta años de la muerte de Franco, otros tantos del acto inaugural de la Transición y más o menos el momento central de otro proceso que igualmente se puede calificar como la Transición... a la valenciana. O de cómo aquella ciudad de los años 70 se lanzó hacia ese futuro que tendría el sello ecológico y de alta riqueza medioambiental que se detonaba por entonces. La Valencia del jardín del Turia y otras conquistas que también pasó «de la oscuridad a la luz», en opinión de la alcaldesa. «Valencia fue el primer lugar del mundo donde brotó lo ecológico», a juicio de Puche. O, con otras palabras, «la nuestra fue una Transición con etiqueta verde«.
Esa alusión histórica ha vertebrado los parlamentos de ambos durante la presentación del libro, ante una cincuentena larga de personas diseminadas por el salón de cristal, atentas a cómo el autor iba desgranando las peripecias del proceso de escritura. Fue durante la pandemia, en aquellos largos días ya superados, cuando Puche empezó a poner por escrito las reflexiones que le procura su condición de extraordinario conocedor de la ciudad, paseante curioso e indómito y experto buceador en las entrañas de la Historia. Así nace un proyecto desdoblado en orden cronológico: la Valencia del mito verde, hasta 1957, y la Valencia que nace después de la riada de ese fatal año, la tragedia que precipitó su actual configuración: cuando puede presumir, como ha alardeado Catalá, de disponer de nueve metros cuadrados de zona verde por habitante. La Valencia cuya narración se detiene justo antes de la dana, como ha apuntado Puche, en referencia a su observación según la cual aquel fatal 29 de octubre demostró con dramática crudeza que mejorar la planificación del territorio debería ser un propósito prioritario, también para la capital: de ahí que haya propuesto una reordenación de naturaleza metropolitana, liderada por el Ayuntamiento valenciano, de acuerdo en cierto sentido con la misma orientación imprimida en su territorio luego de esa riada del 57.
«La Valencia verde no es un mito, es realidad. Y debe seguir siendo fiel a ese mito»
María José Catalá
Alcaldesa de Valencia
«Valencia fue el primer lugar del mundo donde brotó lo ecológico»
Francisco Pérez Puche
Autor del libro 'Para jardines, Valencia'
¿Y hacia dónde debería encaminar sus pasos la actual corporación para hacer realidad esa pretensión? Puche ha sido concluyente: la clave para avanzar en este ámbito pasa por dar continuidad a las políticas medioambientales, más allá del color político que reine en el salón de plenos, convencido de que «los grandes asuntos de la ciudad exigen acuerdos» entre las fuerzas políticas. ¿Con qué objetivo? Para mejorar la configuración verde de la ciudad, desde luego, pero también para evitar que, como ocurrió en el instante fundacional de aquella Valencia que por fin abrazó el ecologismo, se perpetren atentados como los que evitó en aquel momento la conciencia ciudadana, movilizada por cierto a través de LAS PROVINCIAS: lo que ha llamado «excesos en la urbanización» de la ciudad que se pudieron frenar, felizmente; en su lugar, nació ese jardín del Turia que hacia 1976 ya recibió la visita de los Reyes en su primer viaje a Valencia, acto tal vez iniciático de su actual consideración como esa ciudad de fragantes parques y hermosos jardines que atesora desde la antigüedad. Un mito que (ojo) es también verdad, como se ha encargado de sostener Puche. «El anhelo de la sostenibilidad pasa por las zonas verdes», ha argumentado, en referencia a la conveniencia de preservar la imagen de esa Valencia exuberante que tanto atrajo a los viajeros desde antaño, la Valencia que se embarcó en esa expedición hacia territorio desconocido, cuando Viveros «era nuestro único jardín presentable». La Valencia que dispone hoy de nuevos desafíos para prolongar su idilio con el medio natural.
Por ejemplo, culminando «el inacabado jardín del Turia» mediante su fallida conexión con el frente marítimo, que Puche ha juzgado «imprescindible». O prolongando «la aventura verde» consistente en rematar las muy variadas obras en curso, como el jardín de Jesuitas o el parque de Nazaret. Un empeño que haga buenos los afanes de quienes precedieron a los vigentes artífices de esa aspiración, de Goerlich a Gustafson, pasando por Bofill, y se materialice en la conclusión de proyectos siempre pendientes, como el remate del Parque Central. «O el parque de Desembocadura», ha aceptado la alcaldesa, quien luego de cubrir de elogios al autor del libro, admirarse ante su «rigor y pasión» como sellos diferencias de la reciente publicación y de otros trabajos en la misma línea, ha recordado que «Valencia sabe levantarse y hacerlo más fuerte», recogiendo la alusión a la dana, y ha resaltado que la ciudad mantiene una relación «histórica» con sus zonas verdes «que atraviesa» toda su relación con asociaciones y colectivos. ¿Resumen? Esta frase de la alcaldesa: «La Valencia verde no es un mito, es realidad. Valencia siempre ha sido verde porque siempre ha sido fértil y debe seguir siendo fiel a ese mito».
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