El Rubicón del comercio

Comercios de la calle del Trench de Valencia./Manuel Molines
Comercios de la calle del Trench de Valencia. / Manuel Molines

La liberalización de los descuentos y la proliferación de las falsificaciones, rejones de muerte para el negocio tradicional

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Hay cuatro años por delante claves para el comercio. Para elegir entre el tendero o Amazon. El pequeño tiene tres problemas: las falsificaciones, las plataformas de venta y la liberalización. Y un reto: aliarse con la digitalización. En el pasaje Ripalda está Guantes J. Camps, desde 1868. Con el mismo aroma y trato de siempre. Exquisito. También se pueden ver sus productos en la web. Simbiosis de futuro.

La calle del Trench ahora es Asia. En 1408 se abrió un agujero en la muralla musulmana para acceder al Mercado y en 1756 fue reservada al uso exclusivo de peatones. La calle del Trench ha sido guía de una Valencia comercial. Hoy ha sido colonizada. Hay varios negocios asiáticos en pocas manos. De los percheros y las fachadas igual cuelga una paella que un traje de sevillana de dudoso gusto. Todo vale. Hasta las prendas de imitación, ilegales, a plena luz del día, indultadas a los ojos policiales. La juguetería de Juanito ya no está, ni la pescadería ni las tiendas de salazones.

En un lado de la calle sobrevive Gran Menaje desde 1949. Con sus jesusitos en el escaparate, con el precio pistoleado con etiquetas de las de antes. Además, se vende cubertería, cristalería y vajilla de toda la vida. Y lo mejor es que hay gente dentro. Clientes. En el otro lado, la Camisería Aparici aguanta con más de setenta años en el negocio. La clientela fija y alguno de paso le permite flotar en un océano de baratijas. Sus camisas, calcetines o ropa interior son más caros, pero son mejores.

El centro de Valencia, como otras muchas ciudades, ha claudicado ante la dictadura de la franquicia. Yogurt helado, paella precocinada, montaditos y bollería precocinada. Hasta la Armería Pablo Navarro, de 1840, tuvo que rendirse. Sólo sobreviven unos pocos rebeldes. Uno de ellos en la esquina de la calle La Paz con San Vicente. Allí está Nela, con sus abanicos en el escaparate. «Hay muchos problemas pero uno de ellos es que se ha apostado por un turismo de cantidad en lugar de calidad», apunta su propietaria. El comercio tradicional aguanta como puede contra los impuestos y los invasores.

El presidente de los Comerciantes del Centro de Valencia y de Cecoval, Rafael Torres, defiende que son tiempos de adaptación, cambios y medidas. «El comercio se tiene que digitalizar. No sólo vale con tener una página web. Hay que encontrar tu calle en Internet, darte a conocer en las redes sociales, buscar la omniteralidad. El porcentaje de las ventas por la red aumenta», señala Torres. Y ahí entra la necesidad de que el Consell ponga en marcha programas que introduzcan al comerciante tradicional en la nueva dinámica.

La amenaza es gigante. Entre otros nombres tiene el de Amazon. «¿Alguien se pregunta la huella medioambiental que deja por ahí el constante trasiego de furgonetas?», apunta Torres, que recuerda la máxima de moda de las ciudades amables. Además, se ven favorecidas fiscalmente. Los tributos viajan al extranjero. «Su margen es a costa de fabricantes y comercios. Atornillan», lamenta el presidente de los comerciantes.

Para Torres, es necesario que la administración explique qué es Amazon y las falsificaciones: «Es paro, oligopolio, la riqueza en mano de cuatro gatos y salarios bajos. Hay que explicarlo, que luego nadie se queje», apunta. Pide campañas contundentes, como las de tráfico, para medir las consecuencias. El comercio tradicional juega sus cartas: hay gente que busca cercanía, asesoramiento y calidad. «El vínculo emocional es importante», apunta.

Otra lucha está en las falsificaciones. Productos baratos y malos. «Un comercio legalmente establecido te puede gustar más o menos, pero lo tienes que aceptar. Pero hay que actuar contra la gente que vende en la calle productos falsificados. La solución que hay que buscar es social. Hay más de mil empleos que se pierden por culpa de estas actividades», afirma Rafael Torres, que añade que el tercer gran problema contra el que hay que actuar es con la liberalización de las rebajas. «Pierdes dinero», termina.

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