El imperio de los manteros en Valencia

El imperio de los manteros en Valencia

Los mercadillos de barrio y las zonas turísticas de la ciudad se llenan de vendedores sin regulación que actúan con impunidad

José Molins
JOSÉ MOLINSValencia

Son más de las once de la mañana y los alrededores del Mercado de Castilla parecen un hervidero de gente. Como cada miércoles hay mercadillo, lo que llena de compradores y curiosos ese espacio entre las avenidas del Cid y Tres Cruces. Y en las zonas más transitadas destaca la presencia de los manteros. Les vale cualquier lugar, normalmente en medio de una calle, para exhibir sus productos. Ya sean bolsos, carteras, zapatillas, ropa o sombreros. Se aproximan dos policías, que vigilan el mercadillo. En dos segundos los cuatro manteros convierten su tienda ambulante en un gran saco que se echan al hombro y se esconden detrás de unos coches aparcados. Cuando los policías pasan, vuelven a colocarse en el mismo lugar que antes y despliegan la manta con los artículos a la vista.

Los comerciantes se muestran impotentes ante la permisividad con el top manta, mientras la policía apenas se pasea para disuadirles

Es el modus operandi habitual, que también hacen los que están en la plaza de la Reina, ya sea con mantas o con un cartón a modo de escaparate de gafas de sol. Una situación de impunidad que encrespa a los comerciantes. «Yo pago el alquiler de mi local, impuestos, y ellos nada. En algunos sitios se ponen en la misma puerta de tu local y vendiendo lo mismo que tú. Eso afecta mucho. El cliente lo sabe pero a muchos les da igual, lo compran porque es más barato, aunque saben que es falsificado o de imitación», explica Tania Gutiérrez, que regenta un comercio en la calle Micalet. Unos imanes de nevera como los que tiene ella los vende un mantero a diez metros.

Lo mismo le ocurre a Vanessa Carrión, de una tienda de bolsos frente al Mercado de Castilla. «Lo venden incluso más caro porque le ponen la placa de la marca, aunque es falsa y en realidad la calidad no es buena. Pero no se juegan nada, a ellos como mucho le quitan la mercancía y ya está, pero a nosotros si hacemos eso nos quitan el puesto y pagamos una multa», lamenta.

«Yo pago impuestos y ellos no, pero el cliente sabe que compra algo falsificado», dice Tania

En todos los mercadillos grandes de barrio en Valencia hay manteros con productos de imitación, cualquier día de la semana. Los martes en Convento Jesuralén, los miércoles en la Avenida del Cid o los sábados en Benicalap. «El problema es lo que hay detrás de esa gente, las mafias. Ellos se ganan la vida como pueden. La policía los desmantela y a la media hora vuelven», apunta Tania. Sólo en algunos barrios, como ayer en el Grao y en Benimàmet, no había manteros porque el mercado son sólo unas pocas paradas.

Isabel es una clienta asidua del mercadillo pero contraria al controvertido top manta. «Está haciendo daño a los comerciantes, que pagan impuestos. Yo no les compro, hay muchas falsificaciones. La policía debería ser más restrictiva», opina. Igual que Trini: «No compro nunca, para llevármelo de ahí prefiero ir a la tienda y lo compro. No me merece la pena, me da desconfianza, no son auténticos».

Los propios manteros son reacios a hablar. Apenas unas pocas palabras. Reconocen que están sin documentación, que necesitan ganarse la vida y que la policía les puede multar en cualquier momento. Eso sí, ni una mala palabra hacia los comerciantes, de los que aseguran que a veces les critican pero nunca se han sentido amenazados. Trabajan siempre con un compañero que envían a controlar que la policía no se acerque. Y si vienen, les avisa para que salgan disparados. Los agentes ya no les persiguen, sino que se pasean para disuadirlos. «A veces salen corriendo y han tirado a alguna mujer al suelo, porque saben que el policía tiene que socorrerla y así no les pillan», comenta Miguel Navarro, propietario de un puesto de ropa y textil. «Es competencia desleal, porque todo son falsificaciones. El ayuntamiento nos controla a nosotros que tengamos los permisos colgados, nuestras licencias fiscales, pero estas personas van por libre», expresa Navarro.

Los agentes no imponen sanciones y tampoco les persiguen para evitar una estampida

Aunque también hay comerciantes que los apoyan, como Laureano Borrull: «Todos tienen derecho a comer. Me parece mal que no paguen impuestos, pero tienen que ganarse la vida, prefiero que estén vendiendo ilegalmente a que estén robando. La policía hace su trabajo, el que debe pedir más es el ayuntamiento». Y añade: «Si alguna vez se han puesto a mi lado, yo les he dejado un hueco y si un cliente les compra a ellos en vez de a mí, no me queda otra que aguantarme».

También sufre esta competencia Emilio Causarás, en la plaza de la Reina. «Deberían estar regulados de alguna manera, como autónomos, pero lo veo inviable. Y creo que es algo que va a ir a más, como está pasando en Barcelona», expresa.

Los artesanos ambulantes recogen firmas para que se les permita vender en la calle

Comparten el espacio público en las zonas turísticas con los manteros, pero los artesanos ambulantes no quieren que se les trate de la misma forma. De hecho, muchos de ellos están recogiendo firmas para que les permitan vender sus productos en la calle, pagando un canon, pero no la tasa de autónomos, a la que no pueden hacer frente.

Así lo reconoce Rafael Espín, artesano que vende pulseras de cuero de fabricación y diseño propios. «La policía nos dice que no podemos estar aquí. Si hubiese alguna forma lo haría legal, si tengo que pagar algo lo haré, pero que no sea excesivo, porque sólo saco para sobrevivir y no puedo pagar 300 euros de autónomos», relata. «Existe un permiso para pintura, pero ya no existe el de artes plásticas, así que no podemos exponer nuestros artículos», expresa.

Al ser artesano, le disgusta que no hagan diferencias con el top manta. «Me molesta que me comparen con los manteros, porque ellos compran y revenden falsificado, yo hago diseño propio. A veces si la policía ve que es artesanía nos deja un poco tranquilos, pero hay algunos que nos meten en el mismo saco. La verdad es que ningún comerciante me ha dicho nada nunca, porque no somos competencia directa, aquí no hay nadie que venda artesanía».

Por otra parte, la Policía Local decomisó el pasado domingo casi un centenar de CD's y DVD's falsificados en el Rastro de Valencia. Los agentes observaron a una persona que tras percatarse de la presencia policial decidió salir corriendo. Seguidamente la patrulla pudo comprobar que el hombre había huido al parecer porque tenía expuestos a la venta al público un total de 87 materiales falsificados, y todos ellos fueron posteriormente decomisados.