Las playas de Valencia, a costa de los gorrillas

Dos gorrillas, en el entorno de la playas del noreste de la ciudad, ayer por la mañana. / juanjo monzó
Dos gorrillas, en el entorno de la playas del noreste de la ciudad, ayer por la mañana. / juanjo monzó

Decenas de aparcacoches ocupan Eugenia Viñes y su entorno | Los usuarios protestan por la impunidad con que operan estas personas mientras la ordenanza de convivencia permanece paralizada

ÁLEX SERRANO * ALEJANDRO.SERRANO@LASPROVINCIAS.ESVALENCIA.

Son las 10 de la mañana de un sábado de agosto. Miles de personas se acercan a las playas. Muchas de ellas lo hacen en transporte público, pero otras muchas aún prefieren hacerlo en coche. Cuando llegan al Marítimo, buscan aparcamiento lo más cerca posible de la costa, y eso suele significar Eugenia Viñes o José Ballester Gozalvo. Ambas vías están repletas de gorrillas que señalan los espacios libres a cambio de una limosna.

José Miralles, presidente de la asociación de restaurantes del paseo marítimo, reconoce que para ellos es «un síntoma de humanidad» no decir nada de los gorrillas «porque la gente se tiene que buscar la vida». Sin embargo, sí señala que es «un problema importante porque da mala imagen que una playa como la nuestra en la tercera capital de España pase esto». «El Ayuntamiento debería sacar un voluntariado decente», apunta Miralles, en referencia a los programas por los cuales condenados por delitos o infracciones contra la seguridad vial podían actuar como aparcacoches legales en el Marítimo como parte de sus penas.

Miralles admite que reciben «quejas de clientes, sobre todo en casos en los que se ve que entre los gorrillas hay disputas territoriales. Te da miedo». El dirigente de los hosteleros también señala que no han recibido «ninguna queja de alguien a quien le haya podido pasar algo con algún gorrilla». Los hosteleros de la zona reconocen que no suelen llamar a la Policía Local «porque hay un retén en el mismo paseo marítimo. Sin embargo, poco pueden hacer por la cantidad que hay y porque, además, cuando llegan las motos ellos desaparecen».

Lo cierto es que un paseo por el entorno de las playas del Cabanyal y la Malvarrosa evidencia la presencia de los gorrillas. Esperan a que algún coche circule cerca de la costa para señalarles los espacios vacíos o avisar de que alguien va a abandonar su aparcamiento y quien llega pueda estacionar. «Aquí, aquí», gritan mientras señalan la plaza libre. La inmensa mayoría de quienes utilizan los servicios de estas personas acaban dándoles unas monedas, pero también los hay que se niegan. «No entiendo por qué tengo que darle nada por decirme dónde hay un espacio libre. Yo también tengo ojos», dice Manuel, que ha venido a la playa con su mujer.

Aunque no se respira un ambiente de inseguridad en los alrededores del paseo marítimo, lo cierto es que la principal herramienta con la que contaban los policías para sancionar a los gorrillas era la anterior ordenanza de movilidad. Ahora, este tipo de 'mendicidad', como la definió en su momento la por entonces concejala de Protección Ciudadana, Anaïs Menguzzato, estará regulada en la nueva ordenanza de convivencia. Se da la circunstancia que el texto, aunque fue presentado el pasado verano, está paralizada porque los servicios jurídicos del Consistorio plantearon dudas sobre determinadas sanciones que contemplaba.