De parto con escolta policial

La familia y los dos policías nacionales que los escoltaron al hospital. / J. Montañana
La familia y los dos policías nacionales que los escoltaron al hospital. / J. Montañana

La Policía Nacional posibilita la llegada a tiempo de una embarazada al hospital | «Si no llega a ser por la patrulla que nos abrió paso por Valencia, el niño nos nace en el coche», aseguran agradecidos los padres del bebé

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

Cuando Vicente iba saltándose semáforos por Valencia y avanzando a toda velocidad con una mano en el volante y un pañuelo en la otra una patrulla de la Policía Nacional se puso a su lado. El hombre esperaba una buena bronca y empezó a gritar a los agentes: «¡Que vamos de parto!, ¡que mi mujer va a dar a luz!». Pero en lugar de una reprimenda, él su mujer y el bebé que casi asomaba encontraron el mejor apoyo para llegar a salvo al hospital sin sufrir un accidente. Una escolta policial en toda regla que les permitió llegar a tiempo al hospital.

Vicente Lázaro y su mujer Sonia Martínez son residentes en Valencia y padres de otro niño de tres años Pablo. Pero el pequeño Lucas parece que tenía bastante prisa en salir. Los dolores que anunciaban un parto inminente sorprendieron a Sonia en su casa de la calle del Activista Vecinal Félix del Río (antigua Marco Merenciano). El reloj marcaba las diez y media de la mañana del 28 de julio cuando comenzaron los ajetreos y ansiedades propias de cualquier familia en este momento.

«Yo llegué a casa y Sonia empezó en a encontrarse ya muy mal y salimos a toda prisa con mi coche», recuerda Vicente ahora ya tranquilo y disfrutando junto a sus dos hijos del permiso de paternidad. En circunstancias normales y, según Google Maps, entre el hogar de la familia en el barrio de Benicalap y el centro sanitario de Malilla hay unos 8 kilómetros y 16 minutos de trayecto. «Yo iba al volante y Sonia en el asiento del acompañante. No decía nada. Iba callada con los ojos cerrados y con mucho dolor», describe el padre.

Al tratarse de una hora de desplazamientos matutinos, el tráfico en Valencia se interpuso en las prisas de los atribulados padres. El avance era demasiado lento para el cariz que tomaban las cosas en el vientre de Sonia. En esta tesitura, «y ya muy preocupado», Vicente recurrió a la clásica solución. «Empecé a circular con un pañuelo blanco en mano izquierda, con las luces de emergencia y saltándome semáforos con el mayor cuidado posible, parando a los coches», explica.

Y así, a duras penas, llegó hasta la confluencia entre Tres Cruces y Tres Forques. Fue allí, tras saltarse otro semáforo en rojo, cuando se topó con una patrulla de la Policía Nacional. «El coche con los agentes se me puso a la derecha y me pidieron explicaciones». Vicente les suplicó: «Por favor no me riñan, que vamos de parto». Lejos de una bronca policial, encontraron el apoyo que necesitaban. «Tirad detrás nuestro», dijo uno de los agentes. «Pusieron sus luces prioritarias, la sirena y llegamos en muy poco tiempo», cuenta Vicente.

Todo fue como la seda hasta el puente sobre las vías del tren, «lleno de coches y muy atascado». Pero la patrulla tomó una rápida y certera iniciativa. «Nos metieron por el carril bus. Fueron muy habilidosos. Si no es por ellos, el niño nos nace en el coche. Llegamos a las 11.30 horas al hospital y a las 12.05 ya estaba fuera el bebé». Lucas pesó casi tres kilos y está en perfecto estado.

Pero la familia se quedó con una espina clavada. «Nos despedimos de ellos con prisa, sin agradecerles su labor lo suficiente». Pero el viernes la patrulla se desplazó a su casa y los agentes conocieron al pequeño nacido con su escolta policial.

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