«Oigo más los trenes que la televisión de mi casa»

Operarios limpian trenes con mangueras en la zona de la discordia. / irene marsilla
Operarios limpian trenes con mangueras en la zona de la discordia. / irene marsilla

Adif ya se comprometió en 2017 a trasladar las instalaciones de repostaje y lavado de ferrocarriles, pero dos años después siguen igual | Vecinos de la calle Filipinas denuncian el ruido del apartadero

NURIA VALLADOLID

valencia. Los vecinos de la calle Filipinas llevan años viviendo frente a una zona de repostaje y lavado de trenes, despertándose y yéndose a dormir con el sonido de los ferrocarriles encendidos. Llevan, además, años quejándose del emplazamiento de estas instalaciones, que se encuentran en pleno centro de la ciudad, al lado del Parque Central y de sus propias viviendas. Sin embargo, la situación no mejora.

Desde las seis de la mañana hasta la una de la madrugada, o incluso hasta las dos los sábados, la contaminación acústica y ambiental es prácticamente constante. Los operarios trabajan con los trenes que no están electrificados en marcha, para poder así limpiarlos con aire de día, y con luz de noche. Esto supone un derroche de gasoil diario, así como un ruido continuo y molesto.

Mario, uno de los vecinos de la calle Filipinas, explica que en el apeadero tiene lugar tanto una limpieza externa como una interna de los trenes. La interna es aquella que se realiza necesariamente con los trenes no electrificados encendidos, mientras que la externa la llevan a cabo operarios con mangueras. Además, estos trabajadores realizan estas tareas a pleno sol, sea cual sea la temperatura, situación que se vuelve especialmente problemática en los meses de verano.

En 2017, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif), dependiente del Ministerio de Fomento, afirmó tener la previsión de trasladar las instalaciones. Pero dos años después, la situación sigue siendo la misma. Actualmente, Adif declara que tanto las obras como la tramitación de las autorizaciones para la puesta en servicio de un nuevo espacio están en marcha. Sin embargo, los vecinos no están tan convencidos. «Dijeron que era algo provisional, y seguramente se convierta en una situación que se alargue 30 ó 40 años», se queja Mario. De hecho, no existe una fecha límite o prevista para que el traslado se efectúe, por lo que la comunidad de vecinos ve la situación en el aire.

Los afectados por el ruido y la contaminación no cesan en sus reivindicaciones, puesto que saben que es lo único que está en su mano que puede llevarles a alguna solución. De hecho y aunque pueda no parecerlo, hace aproximadamente seis años todavía estaban peor. Mario recuerda cómo antes pasaba y paraba una locomotora, el operario se marchaba a las 23 horas y no volvía a veces hasta las 6 de la mañana. Y la locomotora permanecía encendida, haciendo ruido. La comunidad estuvo años quejándose, hasta que consiguió que esto dejara de ocurrir. Ahora, guarda la esperanza de que sus palabras vuelvan a acabar suponiendo una presión imposible de ignorar.

Uno de los vecinos de la calle Filipinas afirma: «Oigo más los trenes que la televisión de mi casa», y niega con la cabeza. Cada uno sufre la situación desde su hogar. Los une un mal común: el estruendo de los trenes, ya habitual en sus vidas.