Cuando nació nuestra conciencia de pueblo
ño 1909 Tomás Trenor, desde el Ateneo Mercantil, puso en marcha un certamen comercial, agrícola, industrial y de Bellas Artes que ha pasado a la historia
En 1909, con su personalidad y estilo propios, los valencianos de Castellón, Alicante y Valencia tuvieron una primera, pero muy emotiva conciencia de pueblo. Se sintieron unidos a la hora de desarrollar un proyecto común; que en este caso fue una Exposición Regional, capaz de aunar comercio, agricultura, industria y Bellas Artes. Fue el primer paso, la primera ocasión en que las tres provincias hermanas se mostraron atentas a la llamada que Tomás Trenor hizo desde el Ateneo Mercantil.
A la hora de presupuestar e invertir, el olvido de los intereses valencianos de los sucesivos gobiernos turnantes de la Restauración era de tal calibre que Tomás Trenor, militar y ocasionalmente diputado conservador, llamaba a Valencia «la Cenicienta de España». En 1908, peleó por la aprobación de un proyecto de ferrocarril directo Madrid-Valencia por un trazado a través de Cuenca no muy diferente al que fue realidad en 2010. Y para empujar y hacer más evidente la necesidad de ese ferrocarril en el contexto de una región cohesionada y homogénea, lanzó el reto de una Exposición que encontró el milagro de una respuesta positiva.
Los recelos, las envidias y tibiezas habituales en nuestro carácter, o no se dieron esta vez o tuvieron poca importancia. En apenas quince meses, con buen respaldo social y de la prensa, Trenor pudo poner en pie su proyecto. El Estado se sumó, la Diputación se mostró generosa y el Ayuntamiento tuvo que apretar el acelerador en los últimos meses de la prueba. El resultado es que nació una Exposición, ubicada en la orilla norte del Turia, en terrenos de huerta de la acequia de Mestalla, arrendados, y cercanos a los cuarteles de la Alameda, jardín desde el que se accedía a las instalaciones.
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Los más jóvenes arquitectos de la ciudad –Francisco Almenar, Carlos Carbonell, Vicente Rodríguez, Francisco Mora, entre otros– contribuyeron a trazar un conjunto coherente en el que confluían modernismo y elegancia. Todo fue levantado para una vida efímera y provisional, dado que el suelo era ajeno; solo se salvaron de esa regla el pabellón municipal y el edificio principal, el palacio de la Industria, que se estaba levantando para ser fábrica de Tabacos y Trenor logró que fuera prestado por el Estado durante un tiempo.
El rey Alfonso y el himno de todos
La inauguración, demorada por las lluvias y los retrasos de instalación, se produjo el 22 de mayo de 1909. Sabida es la anécdota de un rey que se emocionó junto con su pueblo al escuchar el Himno que había compuesto José Serrano y Maximiliano Thous. Mil voces y músicos repitieron la interpretación pedida por Alfonso XIII: la partitura estaba llamada a ser el Himno Regional en 1925 y el Himno de la autonomía de los valencianos.
El rey lo quiso ver todo, recorrió los pabellones dedicados a las bellas artes y a la industria, al desarrollo del puerto, al futuro de los ferrocarriles, al crecimiento agrícola, los vinos, el papel de fumar, los abanicos, la mecánica, la artesanía, las frutas y la construcción de vagones de ferrocarril. Todas las vocaciones, de norte a sur de la región, estuvieron presentes en gran certamen que recordó su historia y miró con esperanza a su futuro.
La guerra que lo trastoca todo
Apenas habían pasado dos meses de la inauguración cuando un nuevo estallido del largo conflicto de España en Marruecos reclamó la necesidad de enviar a soldados a la guerra. El estallido social no se hizo esperar y desencadenó la Semana Trágica de Barcelona, unos días de descontrol revolucionario que reclamaron una intervención militar. Como no hay nada más frágil que el turismo y el ocio, la Exposición se vio afectada directamente: fallaron los viajeros y se mermó la necesidad de diversión y gasto.
La Exposición Regional siguió. Y se convirtió en homenaje a España y sus soldados. Pero el balance del certamen, que se prolongó hasta el otoño, no fue positivo. Al haber una deuda, Trenor y el Ateneo gestionaron la continuidad de la Exposición, ahora en el año 1910 y con carácter Nacional. Obtenida la licencia del Gobierno, y una subvención, el certamen tuvo en 1910 una segunda parte, en la que siguieron las novedades, los certámenes, congresos, concursos y espectáculos. El rey Alfonso volvió a Valencia, ahora con la reina, doña Victoria Eugenia, admirada por todos.
Cuando todo terminó, el balance no podía ser más positivo. Pero los beneficios económicos de 1910 no pudieron compensar las pérdidas de 1909. Tomás Trenor, el promotor, afrontó con recursos de su bolsillo la deuda general. Y quiso la mala suerte que, poco después de escribir y publicar una «Memoria de la Exposición» donde todo quedó reflejado al céntimo, falleciera, en 1913. Para entonces, los derribos de los edificios efímeros ya habían comenzado.
La primera vez que nos ocurrieron muchas cosas
Se cita con frecuencia que la Exposición Regional de 1909 sirvió para que los valencianos pudieron conocer un aeroplano por primera vez o contemplar algo tan nuevo entonces como «un match de foot ball». Pero también hubo, en aquellos años muchas conquistas colectivas que configuran momentos históricos que los valencianos disfrutaron por primera vez. Veamos algunos: Las tres provincias valencianas pusieron en marcha un proyecto común de interés general, dedicado al comercio, la industria, la agricultura y las bellas artes. Tuvimos la primera feria comercial de carácter general. Fue el precedente directo de la Feria de Valencia, nacida en 1917. Por primera vez tuvimos en Valencia, al mismo tiempo, un palacio de exposiciones, un auditorio musical, un gran casino con restaurante y salón de baile, un recinto popular para verbenas, un estadio deportivo, un parque de atracciones, una sala exprofeso para cine, teatro y espectáculos y un palacio de congresos. Separadamente, costó a veces un siglo volver a tener esos servicios. En la Exposición se hizo un uso masivo de la iluminación eléctrica. Había una fuente luminosa, un paseo bajo bombillas, llamado arco eléctrico y presencia notable de toda clase de motores de generación. En la Exposición hubo teléfonos especiales para el público y para la prensa. El modernismo se hizo evidente en la arquitectura valenciana, aunque ya tenía notables precedentes en la ciudad. Se dio una gran concentración de coches en prueba deportiva: hubo desfile, competición y gimkama, con vehículos llegados de toda España. La Gran Pista se convirtió en el primer velódromo para pruebas ciclistas y motociclistas. La Federación Regional Valenciana de Fútbol nació en septiembre de ese año, después de que se disputara al primer campeonato regional. Por primera vez hubo un concurso internacional de pirotecnia, una exposición de filatelia, se tendió un funicular sobre el Turia o se construyó un puente con cemento armado. El llamado Tapis Roulant fue la primera escalera mecánica que se vio en Valencia. Además de la exposición del primer aeroplano –construido por Olivert, que se elevó en Paterna poco después– la Exposición tuvo una gran prueba de globos y aerostatos. Hubo un primer concurso belleza femenina en España. Nunca se había usado un sello conmemorativo especial para obtener recursos. Por primera vez, Valencia hizo una campaña promocional de su turismo, por toda España y Europa.
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