Malilla estrena huertos urbanos 18 meses después de la apertura del jardín

Algunos de los campos para huertos urbanos en Malilla, ayer por la mañana. / irene marsilla
Algunos de los campos para huertos urbanos en Malilla, ayer por la mañana. / irene marsilla

Las solicitudes cubren el 90% de las 86 parcelas en que se han dividido los campos, donde una parte sigue pendiente de obras por el Ayuntamiento

PACO MORENO

valencia. Una semana antes de que acabe el mandato, se ha hecho realidad una de las iniciativas más promocionadas por el gobierno municipal de Valencia, los huertos urbanos de consumo propio para los vecinos. Las parcelas del jardín de Malilla están en cultivo desde el pasado viernes, aunque no todas.

La Asociación para la Proyección e Igualdad de Minorías y Colectivos Desfavorecidos (AICO) fue la ganadora del concurso abierto por el Ayuntamiento para la gestión de 86 pequeñas parcelas, con una superficie media cada una de 50 metros cuadrados. La presidenta de la entidad, Marina Lacuesta, aseguró ayer que ya disponen de solicitudes para cubrir el 90% de las explotaciones, pese a que una pequeña parte de los huertos, alrededor de un tercio, sigue sin poder explotarse debido a unas tareas de mantenimiento previas que hará el Consistorio.

Cuando esto se cumpla, seguramente dentro de unos días, estarán puestos en marcha los primeros huertos urbanos del mandato a iniciativa del Ayuntamiento. De este modo acabará un camino lleno de vicisitudes antes incluso de la apertura oficial del parque de Malilla, donde se sitúan estas explotaciones, en diciembre de 2017.

Los frutales y las flores están prohibidos en los cultivos, que deben ser ecológicos

En abril de ese año, el concejal de Desarrollo Urbano, Vicent Sarrià, dio por acabadas las obras, aunque quedó pendiente el soterramiento de una línea eléctrica. Fue el primer tropiezo del proyecto de los huertos, que necesitaron después una ordenanza y un pliego de condiciones para adjudicar la gestión. Es decir, 18 meses después de que el jardín se abriera al público.

Todavía quedan huecos para la inscripción de asociaciones y particulares, que deben pagar 75 euros al año para el mantenimiento del lugar y el agua. Lacuesta destacó que pueden trabajar la tierra y disponer de algunas herramientas comunes para todos, sobre todo las de gran tamaño. «No tenemos 86 de cada tipo», precisó.

Alguna carretilla y azada se podía ver ayer dentro del jardín, situado entre las nuevas viviendas de Malilla y el barrio consolidado. «Lo que está prohibido son los frutales y las flores», dijo, para destacar que se pide la plantación de especies mediterráneas, que fomenten la biodiversidad y con un cultivo ecológico, sin utilizar pesticidas.

Todavía es pronto para ver el efecto de los cultivos, aunque ya se pueden ver algunos brotes en los campos recién roturados. La responsable de la entidad hizo un llamamiento para que no se produzcan robos. Las personas que acuden a diario a trabajar en sus pequeños huertos se merecen «ese respeto», señaló.

La transformación de parcelas en huertos urbanos fue una de las primeras estrategias del alcalde Ribó, que llegó incluso a plantear que se hiciera en solares destinados a equipamientos públicos de manera provisional. De aquello nada se supo, como de la propuesta de hacer algo parecido en el solar de Jesuitas.

Este año se han activado algunas obras producto de las inversiones decididas directamente por los vecinos. Así sucede con una pequeña explotación que habrá en la calle Barco, en el barrio del Grao, de 1.254 metros cuadrados y cuya urbanización se inició a finales de mayo.

Algo antes, en las calles Salabert e Impresor Monfort, en Patraix, terminaron las obras para abrir unos huertos donde acudirán escolares de las guarderías del barrio. El jardín provisional de Nazaret, en la desembocadura, también prevé unas parcelas para huertos.

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