La otra Lonja de Valencia que deslumbró al mundo en Chicago

La ciudad norteamericana acogió en 1893 la feria mundial para recordar a Colón y el descubrimiento de América

. Imagen de la Lonja de fines del siglo XIX. LP/
. Imagen de la Lonja de fines del siglo XIX. LP
ÓSCAR CALVÉValencia

Toda una vida, me estaría contigo… A los apasionados del pasado nos ocurre con la historia algo parecido a lo de Machín con su enamorada. Estaríamos toda, o casi toda la vida, aprendiendo de ella. No importa en qué forma, ni dónde, ni cómo, pero junto a ella.

En fechas anteriores y con una efeméride correspondiente como denominador común, les acerqué modestamente a las historias particulares del arquitecto Rafael Guastavino Moreno, la Lonja de la Seda de Valencia y la Fiesta de la Hispanidad. Lo curioso del caso es que este triángulo 'oculta' una fascinante crónica de la que tuve noticia recientemente cuando disfrutaba de un libro llamado 'Guastavino Co. La reinvención del espacio público en New York', catálogo de una exposición homónima celebrada en Valencia hace ahora una década. En ese texto participaron eruditos como M. Mar Loren -gran autoridad sobre el arquitecto valenciano-, y otros especialistas en diversas disciplinas, caso de Josep Vicent Boira, catedrático de Geografía Humana por la Universitat de València y gran conocedor de la historia de Valencia, o de Camilla Mileto, catedrática de Arquitectura en la Universitat Politècnica de València. En esas páginas había una joya pulida estupendamente, pero tal vez poco nota. En todo caso, les recomiendo encarecidamente que consulten la obra de la que se nutren estas columnas.

Aunque algunos de ustedes ya lo sabrán, funciona como reclamo extraordinario: el gran Rafael Guastavino recibió el encargo de crear nada más y nada menos que una réplica a escala de la Lonja de la Seda de Valencia. Aquella copia tenía como misión deslumbrar al mundo, cuyos ojos miraron por unos días en una sola dirección. En concreto hacia Chicago.

Durante los meses centrales de 1893, Chicago, bueno, una parte de la ciudad que ocupaba cerca de 3 km2, fue conocida como la 'ciudad blanca'. Aquel año se conmemoraba -con algo de retraso-, el descubrimiento de América por parte de Colón cuatro siglos atrás. Una celebración que justificó una incomparable Exposición Mundial que tuvo por sede la tercera urbe más grande de Estados Unidos, Chicago. La 'ciudad blanca' aludía al epicentro de la feria, el inmenso espacio ocupado por más de doscientos edificios, en su mayoría efímeros.

Estas construcciones presentaban colectivamente una renovación urbana amparada en la simetría y el equilibrio tan propios del neoclasicismo francés como de la París de Haussmann, la de las grandes avenidas de la que todos sus visitantes nos enamoramos. Aunque hablemos del pasado, allí lo que se estaba cociendo era el futuro: como señaló Josep Vicent Boira, aquella exposición influiría de forma determinante en la concepción urbanística norteamericana de comienzos del siglo XX.

De manera particular, aquellos edificios representaban, perdonen la licencia, lo mejor de cada casa. Lo mejor de cerca de 50 países y decenas de colonias que participaron, lo mejor de las empresas tecnológicas punteras del momento, lo mejor del ámbito científico, cultural y artístico, etc. Sin escatimar en gastos, todos los expositores gozaron de magníficas sedes que por imposición organizativa debían evocar ese lenguaje neoclásico y ser pintadas de blanco. Ya conocen la 'ciudad blanca'.

Salvando las gigantescas distancias y sólo para que se familiaricen con la magnitud de esa efímera ciudad americana, les propongo un sencillo ejercicio. Piensen en el espacio y los edificios que Valencia adecuó exprofeso para su Exposición Regional de 1909 y que a la postre daría pie a la configuración del barrio Exposición… ¿Lo tienen? Para hacerse una idea de la 'White City' de Chicago, multipliquen por 17 el espacio que años más tarde emplearía Valencia -no es una manera de hablar-, y transformen el ámbito regional y nacional en mundial. Por cierto, no tengan dudas respecto a la influencia de la Exposición Colombina de 1893 en la Exposición Regional de Valencia.

Dada la celebración y por razones obvias, podría pensarse que el rol reservado a España en la feria colombina sería fundamental, no obstante a este lado del charco estábamos para pocas fiestas. La situación decadente como potencia internacional tras la progresiva e imparable pérdida de colonias al otro lado del Atlántico no invitaba al optimismo. Así que, ni de lejos, el pabellón español fue el más grande o el más suntuoso.

Un encargo valenciano

El pabellón de España en la Feria Mundial de Chicago fue una reproducción en una escala de tres a cuatro de la Lonja de la Seda de Valencia. Para hilar fino, del Salón de Contratación y de la torre. Fue llevado a cabo por el gran arquitecto valenciano Rafael Guastavino, quien paradójicamente no pasaba por su mejor momento económico: sus exitosas bóvedas tabicadas de ladrillo ignífugas le empujaron a un exceso de optimismo en su crecimiento empresarial. Esa crisis crematística no había mermado su prestigio a nivel internacional.

Los valencianos Navarro Reverter y Dupuy, claves para que Guastavino recibiera el encargo

En el contexto de esta impresionante feria se organizaron diversas actividades de disciplinas heterogéneas. Una de ellas fue un Congreso Internacional de Arquitectura. Guastavino, invitado de honor, dispuso de una oportunidad inmejorable para captar a los inversores de medio mundo. No defraudó. Presentó una memorable comunicación titulada 'The cohesive construction, its past, its present, its future'. Su fama también provocó que fuera elegido miembro del jurado en la sección de arquitectura de la exposición.

1.Cartel anunciador de la Exposición Colombina de Chicago. 2.La Lonja levantada por Guastavino en la exposición de Chicago. 3.Una imagen de Rafael Guastavino / LP

En el encargo de la Lonja de la Seda para la muestra que tendría lugar en Chicago fue determinante el papel de otros dos valencianos. Por un lado, Enrique Dupuy de Lome, embajador de España en los Estados Unidos y máximo responsable del gobierno español en lo tocante a la Exposición Universal. Por otro lado el polifacético Juan Navarro Reverter, miembro destacado de la Comisión General Española para la exposición y buen conocedor de la obra de Rafael Guastavino.

La réplica del edificio valenciano en la Exposición de Chicago, que fue realizada en un tiempo récord, costó 45.000 dólares del momento y, a tenor de lo expuesto por otros estudiosos, no causó el impacto que se había deseado. Al parecer generó extrañeza, entre otras causas porque el célebre edificio, joya incomparable del llamado gótico civil, desentonaba con ese lenguaje neoclásico del resto de las construcciones estipulado por los organizadores.

La exposición sirvió de trampolín a Guastavino para mejorar sus maltrechas finanzas

Cabe preguntarse por la causa de la elección de la Lonja. Hubert Howe Bancroft (1832-1918), autor de una gran obra coetánea sobre la Feria Colombina señalaba que la opción de la Lonja de la Seda fue una especie de capricho de Dupuy de Lome.

No obstante, estudios más recientes como los de M. Elizabeth Boone (realizado en el 2011) dan respuestas más complejas y atractivas, también discutibles. En esencia, la nueva Lonja de la Seda evocaba la capacidad que tuvo el edificio original para sostener el comercio en el Mediterráneo cuando el viejo mundo miraba precisamente hacia el otro lado, hacia el Atlántico. Una suerte de reivindicación nacional sobre la capacidad comercial de los españoles en general y de los valencianos en particular.

Sea como fuere, el original edificio se ponía en relación con el contexto cronológico de la empresa colombina, aunque naturalmente existiesen en España construcciones mucho más representativas del descubrimiento de América. En la ambiciosa guía realizada para la exposición colombina apenas es nombrada la 'nueva' Lonja.

Sí, se incluye un grabado de ella, pero queda relegada a un segundo plano frente a otra reconstrucción que se hizo para promocionar España, aunque no fuera el pabellón oficial. El monasterio franciscano de Santa María de la Rábida en Palos de la Frontera, el lugar donde Colón habría preparado su gran aventura, también fue recreado en Chicago. De las propuestas españolas, la que mayor admiración causó fue la reconstrucción de las tres famosas naves que hallaron el continente americano.

Si desean ver el interior de aquella lonja decimonónica, les invito a consultar el trabajo de Boone: aparecen imágenes originales de la estancia decorada con obras de los más insignes pintores españoles del momento. El espacio aparece cubierto con bóvedas muy similares a las originales, pero con la técnica patentada por Guastavino, al que la Exposición Colombina le sirvió de inmejorable trampolín para sus maltrechas finanzas.

La Exposición Colombina fue la primera demostración del inminente liderazgo estadounidense en el mundo. Guastavino dio un paso de gigante en su carrera empresarial y la Lonja… Sólo en Valencia.