Valencia, la ciudad donde jugarse la vida no tiene castigo

En el metro.Dos youtubers se grabaron en los túneles abandonados de la T2./ lp
En el metro.Dos youtubers se grabaron en los túneles abandonados de la T2. / lp

La capital del Turia registra decenas de actos de riesgo que quedan impunes

José Molins
JOSÉ MOLINSValencia

Hay gente que se considera prácticamente inmune al peligro. Que incluso le atrae bailar con el riesgo. Cuanto más alto sea el edificio para escalar, más inaccesible el lugar para hacer un grafiti o más inseguro el sitio desde donde saltar, supone un mayor reto para ellos. Actos de insensatez con los que jugarse la vida en Valencia. Han proliferado en los últimos años en la ciudad, y la posibilidad de publicarlos en las redes sociales añade atractivo para quienes lo hacen.

La muerte el pasado sábado de un adolescente de 14 años atropellado en la V-30 tras realizar pintadas en el nuevo cauce del río Turia es una de las fatales consecuencias que dejan estos actos de riesgo. Saben que se exponen a producirse un daño físico con sus imprudencias, o bien a una multa. Pero esto último en raras ocasiones ocurre. Fundamentalmente porque resulta complicado para la policía pillar in fraganti al autor de alguna de estas actividades que pone en peligro su propia vida y daña el patrimonio de la ciudad.

Grafitis en lugares peligrosos e inaccesibles, saltos en zonas prohibidas o colarse en obras paralizadas son las actividades más comunes

En el barrio de Sociópolis, que se quedó paralizado al estallar la burbuja inmobiliaria, hay esqueletos de edificios de 20 plantas sin terminar. Pues en esos pisos más altos, a casi 50 metros del suelo, hay grafitis. Ocurre en varias fincas. Lo que iba a ser una zona moderna y de referencia ahora es degradación. Para pintarlo el autor tuvo que subir, sin ningún tipo de medida de seguridad, por una finca sin acondicionar y con mucho riesgo de haberse caído en cualquier momento.

Pero también la torre de Miramar, otro de los símbolos de la burbuja y la Valencia de los excesos, que permanece abandonada y con el ascensor sin funcionar, luce grafitis en lo más alto. Las pintadas en edificios sin uso o zonas públicas visibles son constantes, como ocurre en el cauce del río en la V-30, así como en antiguas naves donde hace años tenían su sede algunas empresas. Por ejemplo la de Flex en Quart de Poblet, junto a la A-3, que luce también una gran pintada en las zonas más altas, tanto en el lateral como en la fachada que da a la autovía.

Pintadas en las vías del tren, en la fábrica de Flex y saltos desde el espigón. / J. Signes / LP

Pero no sólo la altura supone un reto para los grafiteros, también las zonas de difícil acceso, como en las vías del AVE. En la entrada a Valencia hay numerosas pintadas a ambos lados, en las vallas, mientras que en Cheste, muy cerca de la universidad laboral, llegan a acceder a la vía del convoy de alta velocidad para estampar su firma constantemente.

Y con la inminente llegada del verano, las altas temperaturas invitan a darse un chapuzón. Pero los amantes del riesgo no se conforman con meterse en la playa desde la arena, sino que se juegan el tipo con imprudentes y peligrosos saltos desde zonas altas. El espigón de La Marina es uno de los lugares habituales para tirarse al agua, desde donde se corre un grave riesgo de una mala caída que pueda tener consecuencias fatales. Aun así, es una estampa que suele repetirse cada año, especialmente entre los jóvenes, muchos menores de edad. Son siete metros de altura, en una zona en la que está prohibido el baño. Una práctica temeraria que puede provocar importantes secuelas, como paraplejias, tetraplejias, o incluso la muerte en el peor de los casos. También hay muchos aficionados a bañarse en zonas prohibidas, como presas y pantanos, que pese a la orden explícita, suelen acoger a mucha gente en verano.

Hay edificios sin terminar con murales en los últimos pisos, a 50 metros de altura

Una de las modas que ha entrado en los últimos años en la ciudad es el 'parkour', donde el objetivo es saltar de un punto a otro con la mayor rapidez. Como Valencia no tiene ningún recinto específico para esta disciplina, los aficionados buscan lugares para practicarlo, y uno de ellos son los jardines del Hospital, en la calle Guillem de Castro. Como denunció este periódico, un grupo de jóvenes practicaba la semana pasada subiendo a las columnas medievales, para saltar después desde ellas hacia otros capiteles. El pasado mes de enero un menor resultó herido cuando practicaba 'parkour' en el puente de Monteolivete y sufrió varias contusiones al saltar desde ocho metros de altura.

Otro puente, el de la Exposición (conocido como la Peineta), ha sido objeto de escaladas hasta la zona más alta, lo que conlleva un evidente peligro de caída hasta el suelo del jardín del cauce del río. Incluso hay aficionados a extremar el riesgo y escalar por la estructura de torres de alta tensión.

Sin tanto riesgo, pero muy llamativa fue la iniciativa de dos 'youtubers' hace un año y medio de navegar por los túneles abandonados de la antigua línea T2 del metro, paralizada desde 2011. Equipados con una barca hinchable y remos, grabaron su paseo fluvial (por las filtraciones de agua de los túneles sin acabar) y lo publicaron en internet, lo que motivó la denuncia de Ferrocarrils de la Generalitat por la entrada ilegal a las instalaciones. Y también grabó (y colgó en la red) un aficionado que se coló en el paralizado nuevo Mestalla, evidenció el mal estado de los cimientos y subió a las plantas superiores, con el riesgo que conlleva, dada la gran altura que hay y la ausencia de protección.