La diócesis impulsa la beatificación de otros 250 mártires

Ceremonia de beatificación en Roma en 2007 de 498 mártires españoles, entre ellos varios valencinos. / efe
Ceremonia de beatificación en Roma en 2007 de 498 mártires españoles, entre ellos varios valencinos. / efe

El arzobispado prepara la documentación de la causa de Miguel Payá, Antonio Vicente Avaria y más religiosos asesinados en la Guerra Civil | Las causas requieren una cuidadosa labor para evidenciar sin dudas que los futuros mártires murieron por su fe

JUAN SANCHIS VALENCIA.

En 1987 Juan Pablo II beatificaba en Roma a tres carmelitas descalzas, conocidas como las mártires de Guadalajara. Fue el inicio de un goteo que se ha ido intensificando con el paso de los años y que se ha consolidado en las dos primeras décadas de siglo. «La Iglesia siempre ha sido Iglesia de mártires y en los últimos tiempos vuelve a serlo», señala Ramón Fita, delegado episcopal para las causas de los santos del Arzobispado de Valencia.

Fita se refería a las palabras de Juan Pablo II en las que denunciaba que «los crueles regímenes ateos decretaron la supresión de la Iglesia e intentaron aplastar al hombre sobre la faz de la tierra». El mismo Papa animó a recoger su testimonio de «esos desconocidos de la gran causa de Dios». y a que no perdieran esas pruebas.

Desde la delegación de Causas de los Santos del Arzobispado de Valencia se trabaja en ese sentido. En estos momentos se está instruyendo el proceso de Miguel Payá Alonso de Medina, deán de la catedral, y 90 compañeros mártires y de Antonio Vicente Avaria Tarazona, sacerdote de Potries, y 158 compañeros más asesinados durante la persecución religiosa que se desató en España entre 1931 y 1939. De ellos, 65 eran laicos (48 hombres y 17 mujeres), 173 sacerdotes diocesanos y 12 religiosos (seis hombres y seis mujeres).

«No se trata de una cuestión política. Todos ellos fueron asesinados sencillamente porque representaban a la Iglesia. No va en contra de nadie; ellos murieron perdonando», señala Ramón Fita, que resalta que ninguno de ellos se implicó jamás en luchas políticas o ideológicas. «No fueron caídos en acciones bélicas ni víctimas de la represión política, sino sencillamente mártires de la fe durante la persecución religiosa», resalta. Se remite, en este sentido, a la historiografía. «Ha probado que en este periodo se persiguió a los cristianos en España en nombre de principios masónicos, comunistas y anarquistas», explica el sacerdote. «Se produjo la mayor persecución religiosa jamás conocida y muchos murieron», señala.

Documentación

Demostrar que alguien es santo no es fácil. Tampoco lo es en el caso de los mártires, aunque aparentemente parezca tarea más sencilla. Son muchos los pasos. Y complicados. Se pueden tardar años. Hay que certificar, en primer lugar, que nació y que murió, que es una personal real, que vivió en un momento concreto de la historia. Para ello hay que conseguir la partida de Bautismo, el certificado de defunción y cualquier otro documento que acredite su trayectoria.

«No nos inventamos santos», dice Fita. Así afirma rotundo: «No somos una fábrica de santos. Es una labor lenta, con mucho trabajo». A la pregunta de cuanto tiempo puede prolongarse un expediente lanza un suspiro y no se atreve a dar un plazo. Pero pueden ser años.

Tienen que iniciar una verdadera peregrinación. Ir de un lugar a otro. Al Archivo Histórico Nacional, al Cementerio General, a la parroquia en la que se bautizaron... Y son muchos los problemas, los tira y los afloja con la documentación.

Los expedientes tienen además fotografías. Del cadáver, si existen, de la tumba, del fallecido. Y todo tipo de documentos. Desde un recordatorio de la Primera Comunión o de la Ordenación, si el candidato es sacerdote, hasta la partida de Bautismo o el certificado de matrimonio (si estaba casado). Todos valen para demostrar que el futuro mártir existió, que era un señor de carne y hueso; con una historia, con una profesión, con una familia.

Como anécdota, Ramón Fita apunta que muchos de los certificados de defunción de los asesinados en la Guerra Civil marcan una 'anemia aguda' como causa de la muerte. No es más que un eufemismo, quizá algo macabro. Todos ellos habían sido asesinados, generalmente fusilados en la carretera de El Saler. Para evitar que hubiera referencia escrita a estos hechos en el Cementerio General se optó por recurrir a este término que alude a una pérdida de sangre generalizada. Y así ha quedado para la historia.

Pero además de una parte documental, el expediente tiene que contar con testimonios de gente que los conoció, si es posible. En este caso, el departamento ha contado con algo de ayuda: los expedientes abiertos durante la época franquista para juzgar a los republicanos, la conocida como Causa General.

En esta documentación se encuentran testimonios de familiares y amigos. En algunos casos, de padres y hermanos de los martirizados, de testigos presenciales de la matanza e, incluso, en alguna ocasión de alguno de los que intervino en los hechos.

Fita recuerda, en definitiva, que «estos mártires confesaron su fe hasta derramar su sangre. Fue prueba de su amor a Dios».