El Consistorio cambia el mercadillo de la Lonja sin tocar a los manteros

Parada con un cartel de protesta por el cambio obligado a la derecha. / j. j. monzó
Parada con un cartel de protesta por el cambio obligado a la derecha. / j. j. monzó

Los vendedores están preocupados por la restricción de artículos impuesta por la nueva ordenanza y esperan una respuesta municipal

MAR GUADALAJARAVALENCIA.

Ayer era el último domingo antes del vencimiento el plazo que el Consistorio otorgó a los comerciantes del mercado dominical junto a la Lonja y el Mercado Central. La próxima semana se hará efectiva la restricción de los artículos permitidos para la venta:tan sólo sellos, cromos y artículos como libros de lance. La mayoría de los puestos son de productos textiles, complementos, marroquinería y también souvenirs. Colgados en sus paradas, copaban ayer en el mercado, pancartas reivindicativas contra estas limitaciones. Se mostraban preocupados y con incertidumbre. Con apenas unos meses para liquidar existencias tras haber invertido en el producto, perdido el dinero y de nuevo, tener que plantear un cambio de mercancía. Las opciones se reducen y a la conclusión que llegan los vendedores es clara:«No queda otra, quieren que nos vayamos y lo van a conseguir con estas trabas».

La Federación de Vendedores No Sedentarios sigue peleando por evitar que los más de 70 afectados, pese a poseer la licencia, deban cesar su actividad ante las nuevas condiciones recogidas en la ordenanza. El 28 de febrero se aprobaba por unanimidad en el pleno del Ayuntamiento la ordenanza reguladora de la venta no sedentaria, actualizando el texto de 2004. Todos los partidos apoyaron estas restricciones que ahora están ahogando a los comerciantes.

Los representantes de la Federación aseguran que «existen contradicciones en la normativa, nos dicen una cosa y la contraria, por tanto no sabemos a qué podemos atenernos; tenemos la autorización vigente, renovamos el permiso y podemos seguir vendiendo, pero no nos autorizan a vender estos productos», comenta Francisco Campos, presidente de la asociación, quien carga contra el Consistorio por el corto plazo de que han podido disponer para realizar alegaciones. «Aprobaron la ordenanza en febrero, pero la nota informativa la repartieron en junio, por tanto nos quedó la mitad del tiempo para asimilar lo que pasaba, ni siquiera pudimos presentar alegaciones en su momento», asegura Campos.

Critican el desplante de Galiana al no querer mantener una reunión con los representantes

El Consistorio aún no les ha recibido pese a sus reiteradas peticiones para tratar el asunto. «Nos hemos presentado en el Ayuntamiento para ver al regidor de Comercio, Carlos Galiana, pero tras dejarle el recado la respuesta fue: no quiero ver a vendedores de los festivos, como si fuéramos de otra clase y no lo merecieramos», explica Campos. Reconoce que ninguna autoridad municipal ha querido sentarse a abordar el asunto con ellos. Consideran una falta de respeto, que después de todo, «no quieran ni vernos las caras».

La Federación busca ayuda. Los domingos son uno de los mejores días para la venta, con lo que podría estar en juego una parte importante de los ingresos que perciben los vendedores.

Los representantes de la Federación tiran del carro y quieren respuestas. «Muchas de estas personas no saben cómo defenderse ni comprenden lo que realmente está pasando, sólo saben que tendrán que dejar de vender los domingos junto al Mercado Central. A nosotros ya se nos escapan ciertas cosas», comenta el presidente. Por ello, recurren a asesores y a notarios con la intención de entender el por qué. Pero algunos de los comerciantes creen saber los motivos por los que se han puesto las limitaciones. «Parece que molestamos, que no quede estético, prefieren tener todo este tramo lleno de terrazas, que ocupado por paradas», dice Miguel con el semblante serio. Para él, se trata de defender los derechos «de otros colectivos, frente al nuestro, como los comercios o la hostelería, ya ocurrió cuando decidieron tirarnos de la Plaza Redonda y ahora sólo hay bares».

El domingo que viene, como cada semana, los vendedores, respaldados por la asociación, volverán a abrir sus paradas con todo tipo de productos textiles, complementos y marroquinería. «Seguiremos aquí aunque vengan a echarnos», dice convencido Campos.

Justo al final de todo el mercadillo, a lo largo de la calle de las Calabazas, los manteros venden todo tipo de imitaciones de ropa, zapatillas y bolsos.

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