«Lo consiguieron, ya no cojo el coche»

Un agente de Policía Local regula el tráfico en uno de los cruces conflictivos. /LP
Un agente de Policía Local regula el tráfico en uno de los cruces conflictivos. / LP

Vecinos lamentan que los atascos se perpetúen en el centro y el caos generado por cambios de dirección y carriles bici | El tráfico se torna denso en las horas puntas y los embudos son habituales en zonas donde se reducen las vías de paso debido a las obras

MAR GUADALAJARAValencia

A las ocho de la mañana, los conductores se enfrentaban ya a varias retenciones en las entradas a la ciudad. La circulación del tráfico era densa, llegando a producirse parones y esperas en algunos puntos. «Lo he oído por la radio, pero no tengo más remedio que cruzarme la ciudad», dice Santiago antes de emprender su trayecto hacia su lugar de trabajo. Como él, centenares de valencianos se enfrentan a diario a los atascos. Las retenciones son ya habituales a las horas puntas en el centro de la ciudad, pero además afectan otros aspectos que llegan a complicar la circulación en Valencia, desesperando a los conductores. Los atascos están ocasionando molestias y los vecinos lamentan el caos en el que derivan las últimas modificaciones en materia de movilidad: cambios de dirección de las vías, carriles bici que dejan sin paso a la circulación y la reducción de vías en la calzada para los vehículos. «Para colmo las obras, que no terminan nunca», añade Pedro.

Pedro hace tiempo que dejó el coche aparcado, «muerto de asco», matiza. Es vecino del Ensanche y se reconoce «enfadado» con la administración municipal con respecto a los cambios en la ciudad. Se dispone a cruzar Jacinto Benavente hacia el puente de Aragón y dice señalando los coches: «Lo han conseguido, yo ya no cojo el coche para ir a trabajar», niega con la cabeza. Trabaja por la Avenida del Puerto y justo antes de verano claudicó y ahora prefiere pasear porque «circular aquí es un caso y el transporte público tampoco me da resultado, tardo incluso más», explica.

«Vivimos por Cánovas desde hace mucho tiempo y esto está cada vez peor, no me extraña que la gente vaya en patinete o en bici, porque la ciudad está imposible». Asegura que ha ganado en «salud mental», porque ir en coche le producía mucho «estrés». Se queja de que «tampoco hay zonas de parking con lo que moverse por la ciudad en coche es cada vez más complejo».

Cruzando la Gran Vía Marqués del Turia también se percibe la congestión, sobre todo al llegar a la altura de la calle Ruzafa, donde varios agentes de la Policía Local regulan el tráfico advirtiendo a los conductores que llegan desde Germanías del nuevo cambio: ya no podrán girar a la izquierda por esta calle que accedía hacia Xátiva. Aún así, los cambios de sentido que hay a lo largo de Marqués del Turía se llenan de vehículos que buscan otros modos de realizar ese giro. Los coches invaden de igual modo los carriles de la Gran Vía entorpeciendo así la circulación.

«Hace tiempo que vengo a trabajar en bici, tal y como están las cosas es lo más cómodo», reconoce Raquel, que está dejando candada su bicicleta antes de entrar a la cafetería donde trabaja en plena Gran Vía. Vive en Patraix y asegura estar harta del tráfico. «A veces cojo la moto pero en el túnel de Germanías suele haber atasco y no me arriesgo a llegar tarde al trabajo», explica.

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Reino de Valencia es otra de las zonas en las que se instauraron cambios en la vía. Ricardo es residente en el barrio y asegura que «lo que han hecho aquí es un despropósito, estuvieron haciendo obras un montón de tiempo para hacer el carril bici », añade. Según este vecino, los primeros meses de adaptación «fueron horribles», dice, aunque «poco a poco se ha calmado la cosa, lo peor vendrá cuando vuelvan los niños al colegio, con los autobuses, los padres y todo, esto será otra vez un embudo», advierte. Para Ricardo la peor parte se la llevan ellos, los vecinos. «Quienes vivimos aquí sufrimos los pitidos, el ruido de los motores cuando están aquí atascados, los autobuses ... la gente se desespera», comenta.

Pero para quienes acceden desde las afueras al centro de la ciudad aún es peor la situación. Águeda, que vive en Manises y trabaja en Ángel Guimerà, lo confirma: «consiguen que nadie pueda venir al centro, porque en coche es imposible y el servicio de transporte público tampoco es bueno». Señala que los últimos cambios que se implantaron favorecen sólo a quienes viven en el centro «el resto al parecer no podemos disfrutar del centro», se queja.