La ciudad bajo tierra se completa

Caudal. En el agua se tiran bacterias que comen fango./M. Molines
Caudal. En el agua se tiran bacterias que comen fango. / M. Molines

Las obras planificadas para los próximos 15 años reducirán los vertidos de agua de lluvia sucia al mar

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Las 5.000 toneladas de residuos extraídas del colector norte, con el predominio de las famosas toallitas, son la punta de un iceberg más que sucio de la ciudad subterránea que se extiende debajo de Valencia. Una urbe con sus avenidas, callejones y plazas que necesita 162,47 millones de euros para completarse y dejar atrás problemas arrastrados desde hace varias décadas, cuando todos los habitantes del cap i casal dependían de las acequias para deshacerse de las aguas negras.

Ese tiempo ya pasó, aunque quedan muchas obras pendientes, especialmente para frenar los vertidos de agua de lluvia al mar sin tratar. No es ninguna tontería, dado que el primer caudal que llega al alcantarillado en una gota fría arrastra tanta suciedad del tráfico que es «más tóxica incluso que las aguas residuales», señalan fuentes de la concejalía del Ciclo Integral del Agua.

El concejal de esta delegación, Vicent Sarrià, aprovechó la celebración en Valencia esta semana de un congreso nacional sobre la gestión del agua para hacer públicos los planes del Ayuntamiento. Media docena de depósitos de tormentas, colectores, adecuación del azarbe del nuevo cauce, la reforma de las tuberías más machacadas por las toallitas y la renovación de todos los equipos de las estaciones de bombeo, algunos claramente desfasados.

La cuenta ya está hecha y sale por los citados 162,47 millones de euros, por lo que se ha pedido un préstamo al Banco Europeo de Inversiones por la mitad. La salida del Plan de Ajuste hace poco permite al Consistorio embarcarse en este tipo de operaciones, en esta ocasión para los próximos 15 años, sin el corsé del Ministerio de Hacienda. Eso sí, necesita financiación del Gobierno, la Generalitat y hasta la Confederación del Júcar para las obras.

Desde el próximo año y hasta 2035 se han programado tres fases, en una iniciativa que claramente supera la acción de un solo gobierno. Cada cosa está en su lugar, aunque lo que corre más prisa son los depósitos de tormentas. De ahí que en la primera fase haya cuatro de estas infraestructuras, en síntesis unas piscinas enormes subterráneas que retienen durante unos minutos el primer caudal de lluvias torrenciales, con el propósito de no atascar la planta de tratamiento de Pinedo.

Ahora, cuando ocurre eso, no hay más remedio que realizar vertidos directos al mar con las consecuencias que eso supone para las playas, amén de la fauna y flora. El mar se lo traga todo, dicen, pero la suciedad de las calles y la polución del tráfico de una ciudad de 800.000 habitantes es un bocado muy grande. Los cuatro depósitos previstos están en la Malvarrosa, en un solar entre la Casa Museo Blasco Ibáñez y el paseo marítimo. «Está por delante de la línea marítimo-terrestre, pero está todo hablado con la Demarcación de Costas», aseguran las mismas fuentes. En el litoral se encuentra ahora uno de los tres que hay en servicio en toda la ciudad, en este caso en el paseo de Neptuno (hasta 20.000 metros cúbicos), junto con el de Sociópolis y uno más entre Massarrojos y Rocafort, de 8.000 y 1.000 metros cúbicos respectivamente. El tercero tiene la particularidad de que el caudal se envía al subsuelo para recargar los acuíferos de la zona.

El colector del viejo cauce es vital para el desarrollo inmobiliario del Grao y las Moreras

Además del citado de la Malvarrosa, se ha previsto un segundo en el paseo de la Alameda, abajo en el viejo cauce, justo donde se disparan los castillos de fuegos artificiales. «Es una instalación compatible, todo subterránea, no habrá problema», dicen sobre la convivencia con el espectáculo pirotécnico.

Otro depósito se ha previsto junto a la estación de bombeo de Ibiza, enfrente de l'Oceanogràfic, en el arranque de un complicado puzzle del saneamiento de la ciudad donde confluirá la prolongación del túnel de Serrería. La primera fase se completa en este sentido con uno pequeño en la pedanía de El Saler, junto a la pasarela peatonal que sirve para conectar el casco urbano con la Albufera. En este caso, las aguas de lluvia irán a una planta de tratamiento en la zona.

Depósito. Instalación situada en el paseo de Neptuno.
Depósito. Instalación situada en el paseo de Neptuno. / LP

Para dar una idea de la importancia de esta red, en la propuesta entregada al Banco de Inversiones se habla de que Valencia sufre una media de 26 episodios anuales de fuertes lluvias que acaban con vertidos en el mar. «Con este proyecto se puede reducir a cinco o seis», afirman. Es frecuente por ejemplo que los años en que la cremà de las Fallas se celebra acompañada de fuertes lluvias, días después aparezca una capa de ceniza y trozos de corcho en todas las playas de la Albufera.

Otras intervenciones destacadas son el desdoblamiento del colector sur entre el puente 9 d'Octubre y la Casa del Agua, así como la adaptación de la red Valladar-Rovella, una tubería principal que va por la avenida de la Plata, desde el cruce con la calle Escultor José Capuz hasta su encuentro con la marginal derecha del viejo cauce, para seguir hasta la esquina con la avenida Antonio Ferrandis. Todo lo anterior se eleva a 54,18 millones de euros.

La segunda fase, entre 2025 y 2030, tiene un coste similar y arranca con el acondicionamiento del azarbe, el canal que discurre a lo largo del nuevo cauce en la marginal izquierda. Desde el barrio que está ahora en plena construcción a espaldas de La Fe de Malilla hasta su desembocadura a unos metros del Club Náutico, se ha proyectado la colocación de pavimento (ahora no tiene), además de una rejilla en la desembocadura para lo que los ingenieros conocen como tratamiento primario, es decir, los residuos flotantes y desechos más grandes.

Otro depósito de tormentas en la calle Huerto de San Valero, en Monteolivete, precede a la renovación del saneamiento en Torrefiel, Beteró y Cabanyal norte, así como un colector en el Marítimo. «Se trata de instalaciones antiguas», apuntan, para añadir que el proyecto se completa con un depósito en la calle Eduardo Boscá, en la rotonda con la avenida Baleares, tres colectores en la desembocadura del viejo cauce, la avenida Mediterráneo y Cardenal Benlloch, junto a la modernización del alcantarillado de Orriols.