El Círculo de Bellas Artes de Valencia, una historia del pasado

Recinto. La escultura de Sorolla en la sede del desaparecido Círculo./J. Monzó
Recinto. La escultura de Sorolla en la sede del desaparecido Círculo. / J. Monzó

En 1884 nacía una institución llamada a agitar la vida cultural de la ciudad de Valencia

ÓSCAR CALVÉ

Con falda almidoná o sin ella, al pasar por la madrileña calle de Alcalá, pueden detenerse en la sede del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Se trata de un edificio ecléctico de enorme solera. Hay allí una extraordinaria cafetería, además de una estupenda azotea donde tomar un menú de aire mediterráneo. En Valencia, a orillas del mar y por razones obvias, la comida posee un sabor más mediterráneo. Eso sí, olvídense de acudir a la sede del Círculo de Bellas Artes de Valencia. No existe. Mucho más grave, tampoco existe la propia institución. Sí, quizá ahora suene a noticia menor. Sin embargo, con un poco de perspectiva histórica, la pérdida de esta centenaria institución habría de abordarse como un auténtico bombazo. Por cierto, este suceso entronca con el triste cierre de la Galería Pepita Lumier. Hoy les acercaré someramente al Círculo de Bellas Artes de Valencia. Por desgracia y coherencia, predominarán los pretéritos.

Cualquier tiempo pasado fue anterior, y como tal, distinto. Para gustos ya saben, colores. Dicho esto, uno de los aspectos más llamativos al revisar la prensa de finales del siglo XIX y principios del XX es el apabullante interés que generaba el arte en su concepto más clásico. Las vidas y las obras de los pintores del momento copaban los espacios más grandes de las últimas hojas de los diarios. Algo así como el fútbol en la actualidad, pero sin entrar en tonos amarillistas o rosas, periodísticamente hablando.

También el espacio urbano de las grandes ciudades delataba que las pinturas implicaban un componente social para nosotros desconocidos. Sin galerías, los museos se contaban con los dedos de una mano. No era óbice para que el arte se mostrase omnipresente. Por ejemplo, en la capital del Turia los pintores exponían principalmente en los comercios más céntricos y de mayor prestigio. La desaparecida calle Zaragoza y la otrora Bajada de San Francisco (parte de la actual plaza del Ayuntamiento) acaparaban buena parte de esas improvisadas galerías, donde, además del género del comercio de turno, podían adquirirse pinturas de los artistas de la época. Así ocurría en la papelería de Faustino Nicolás, los bazares de Zacarías Janini y de Vicente Giner, la camisería del señor Calvet, etc. Notable excepción al respecto fue el Salón Solís en la calle del Mar. Durante su efímera existencia (entre 1886 y 1888) funcionó como una galería de arte al uso. En este ambiente nacería el Círculo de Bellas Artes de Valencia en el año 1894.

A principios del siglo XX sufragaba las becas artísticas que Diputación no podía financiar

El arte se vendía en tiendas y despertaba la atención de la prensa. Dos asuntos más ligados al consumo que a los creadores de las obras. No en vano, los artistas reivindicaban desde tiempo atrás un espacio donde reunirse, charlar, pintar con modelos a su disposición, y obviamente, exponer. De este modo, el comprador potencial de arte no tendría por qué distraerse con camisas, lapiceros, planchas, etc. Aún más relevante para los artistas, el demandado centro se mostraría como el lugar idóneo para desarrollar un corporativismo profesional, independiente del rígido academicismo imperante. Sobre este último, merece la pena recordar que muchas de las célebres obras conservadas de aquel período fueron esencialmente exámenes, pruebas o ejercicios para vencer o mostrar el aprovechamiento de una u otra beca. Tras algunos intentos infructuosos, surgió un primer precedente del anhelado Círculo de Bellas Artes de Valencia, profundamente estudiado por autores como Vicente Mª Roig Condomina y Luisa Sempere, de cuyos trabajos se nutre buena parte de este humilde reportaje. Entre diciembre de 1889 y hasta octubre de 1891, en el número 7 de la céntrica calle de Cabillers (la estrecha vía que une la plaza de la Reina y la calle Avellanas) funcionó el llamado Centro Artístico. Los artistas veían colmadas así dos de sus aspiraciones: disponer de un centro donde exponer de forma continua y desarrollar unas rifas de cuadros para estimular el pujante mercado del arte. Las premuras económicas, qué novedad, diluyeron este proyecto, a la postre convertido en el germen del Círculo de Bellas Artes de Valencia. Quien la sigue la consigue.

Falla de 1914 realizada por el Círculo de Bellas Artes de Valencia.
Falla de 1914 realizada por el Círculo de Bellas Artes de Valencia. / Archivo Alcañiz

Más de 60 artistas -algunos de ellos antiguos miembros del desaparecido Centro Artístico- alcanzaban un acuerdo para la constitución del Círculo de Bellas Artes de Valencia. Su impacto fue notable desde el inicio. A él se incorporaron pintores, escultores, arquitectos, escritores y representantes de otros oficios vinculados al desarrollo artístico. En poco tiempo contaría con más de 400 inscritos. El Círculo estableció su sede en la mencionada calle Avellanas, en un domicilio particular adaptado a tal propósito. Todo esto sucedía a comienzos de 1894. A uno le da un 'no se qué' cuando lee las noticias sobre el despegue de la institución en este mismo periódico en números de enero y febrero del citado año.

Prácticamente todos los pintores de renombre apoyaban la causa. Muchos de ellos han sido objeto de reportaje en esta sección, otros tantos les sonarán incluso por nuestro callejero actual: Joaquín Agrassot, Ramón Stolz, Peris Brell, Salvador Abril, Emilio Sala, Josep Vilar, Juan Peyró, José Benlliure, Joaquín Sorolla, etc.

Todos, o casi todos los años, existían dos momentos claves en la comercialización de obras. Por una parte, durante las ferias de flores, que desde los años 70 de aquella centuria se venía celebrando en el mes de mayo. El otro período reseñable era la Navidad.

La actividad frenética de la institución iba en paralelo al ritmo de cambio de sedes, sin menoscabo para su expansión. El Círculo de Bellas Artes de Valencia establecía todavía en 1895 varias secciones: Exposiciones, Clases, Verbenas y fiestas y Excursiones. Serían ampliadas. Esto explica que se implicara en múltiples y heterogéneos actos de la cultura valenciana. Podía organizar una exposición, construir una carroza alegórica para la Feria de Julio, organizar una rifa, promover una visita cultural o montar un monumento fallero, por poner algunos ejemplos.

La lealtad para con los integrantes quedó manifiesta en más de una ocasión. Se entregaban fondos para el traslado de los miembros fallecidos en otras ciudades, se creaban muestras artísticas para recaudar dinero para aquellos que, caídos en desgracia, no tenían recursos algunos. Destaca el caso del pintor Javier Juste, muerto en el manicomio valenciano en 1899. El Círculo organizó una exposición para sacar a flote a la desafortunada familia.

La disolución del Círculo de Bellas Artes obligó a dejar su sede de la calle Maldonado.
La disolución del Círculo de Bellas Artes obligó a dejar su sede de la calle Maldonado. / J. Signes

A comienzos del pasado siglo era tal el éxito del Círculo de Bellas Artes que, además de poder trasladarse a una sede más glamurosa, tenía capacidad económica suficiente para sufragar becas de artistas prometedores que tradicionalmente asumía la Diputación Provincial.

Es probable que la fama de sus componentes en el cambio de siglo justifique una aproximación más detenida a esa época, pero el Círculo tuvo destacados miembros en promociones posteriores. Si Sorolla creó la Juventud Artística en 1912, Renau y otros creadores fundaron la Sala Blava en 1932. Por acción o por reacción, eran deudoras del Círculo. Su historia se apagó temporalmente por causa terrible y conocida, la Guerra Civil. El Círculo también se partió en dos.

Ya entrada la década de los 40, un nuevo cambio de centro, en concreto, al lugar ocupado tiempo atrás por el mítico café El león de oro. Con la protección de instituciones como la Real Sociedad Económica de Amigos del País y el Museo Nacional de Cerámica con González Martí a la cabeza, el Círculo recuperó parte de su patrimonio y de su prestigio. Cual ave fénix, logró resurgir de sus cenizas, manteniendo gran valor institucional pero menor presencia social.

Con menos socios, más necesidad de subvenciones e importantes desencuentros entre algunos de sus gestores -charco en el que no me meteré por ignorancia total-, el panorama ya era gris oscuro tres décadas atrás. Además, los esfuerzos de la institución para hacer frente a la última crisis económica no fueron suficientes. Era la puntilla. Tras pasar por otras sedes (calle Cadirers y luego calle Maldonado) su existencia llegaba al desenlace. El fin. O casi.

La inconfundible imagen de la institución en un bajorrelieve.
La inconfundible imagen de la institución en un bajorrelieve. / Txema Rodríguez

Los ricos fondos patrimoniales conservados por el Círculo de Bellas Artes de Valencia serán incorporados a otra institución. Una manera loable de mantener parte de su historia que, previsiblemente, se convertirá en un recuerdo borroso sólo nítido para algunos estudiosos. Una pena.