El botellón arrasa los jardines de Valencia

Mesa de ping pong para el botellón./LP
Mesa de ping pong para el botellón. / LP

El bulevar central de Blasco Ibáñez es el último ejemplo de zona verde destrozada por la basura y los orines | Las 1.289 denuncias interpuestas por la Policía Local este año han tenido un efecto nulo en los barrios

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

«Aquí sólo se puede dormir la noche del lunes al martes. El resto de la semana es imposible». Vecinos de la avenida Blasco Ibáñez de Valencia han sufrido esta semana un repunte del botellón que ha dejado el bulevar ajardinado completamente lleno de basura y orines, además del perjuicio de los ruidos nocturnos. Las multas impuestas por la Policía Local sirven de poco o nada ante este fenómeno.

Los agentes trabajan y se aplican, como consta en una respuesta dada al concejal de Ciudadanos Narciso Estellés. Así, en 2018 se registraron en Valencia hasta el 15 de septiembre 809 denuncias por consumo de alcohol en la calle, lo que prohibe la ordenanza, mientras que este ejercicio se ha incrementado hasta los 1.289 casos tramitados.

El casi medio millar de sanciones de incremento no ha tenido reflejo en un descenso de las quejas vecinales. Algo no funciona, como dice Inma, vecina de Blasco Ibáñez a la altura de la calle Músico Ginés. Hasta las casetas que se construyeron en los años 80 para unos bares que jamás abrieron se han convertido en simples urinarios.

«Aquí sólo se puede dormir la noche del lunes al martes», asegura una vecina

«Todos esos charcos que se ven son de orines, no es otra cosa», señala sobre los charcos que este miércoles se podían ver sobre el pavimento. El arranque de semana ha sido mortífero, tanto en este lugar como en la parte más cercana al jardín de Viveros, en concreto a la altura de la Facultad de Medicina.

Mercedes, vecina de la calle Micer Mascó, no daba crédito al pasear por el supuesto jardín, un auténtico campo de batalla con una manta de residuos. El entorno del monumento a Palas Atenea era un puro vertedero, con setos y césped pisoteados. El bulevar se degrada cada semana un poco más.

«El otro día vi a dos barrenderos, pero es que no dan abasto», señala Inma, quien apunta a otro foco de botellón en una instalación deportiva que recae también a Blasco Ibáñez, a la altura del número 152, donde unas mesas de ping pong son el soporte perfecto para hacer los cubatas. El inicio del curso universitario se ha notad y mucho en esta parte de la ciudad, aunque hay más.

«Las ratas las vemos a plena luz del día», sostiene la misma persona, en referencia a lo que ocurría hace años. Los residentes atribuyen a la suciedad la proliferación de esta plaga, común en otros jardines de Valencia. En la misma pregunta de Ciudadanos, el edil Estellés intenta averiguar «por las actuaciones que se han llevado a cabo en 2019 en lugares de botellón de mayor concentración de personas como la plaza del Cedro, la plaza de Honduras, el barrio de Cruz Cubierta, Benimaclet o la Gran Vía Ramón y Cajal».

La respuesta de la delegación de Protección Ciudadana es ambigua, en el sentido de que consideran que el «botellón es un fenómeno que no se puede ubicar en una localización determinada». Por lo tanto, las actuaciones para controlarlo «se han ido adaptando a estos cambios, al objeto de lograr mayor eficacia».

El actual gobierno municipal trabajó en el anterior mandato la llamada ordenanza de civismo, proyecto de la Policía Local en colaboración con la Universitat de València a través de la cátedra Protecpol. El documento nunca se materializó en una normativa por su falta de viabilidad legal y técnica.

La última iniciativa del Consistorio ha sido consensuar con la Mesa de Diálogo de Fallas que el próximo bando fallero se definirá con más exactitud la prohibición de beber alcohol en fiestas fuera de las zonas autorizadas, que en este caso sería las barras de las verbenas.

Mientras, la Universitat prosigue la construcción de un vallado que rodeará una parte del campus de Tarongers, en concreto la zona que servía para un macrobotellón semanal hasta hace unos años. Para realizar esta obra ha sido necesario modificar el planeamiento urbanístico, al afectar a vía pública. La zona quedará cerrada y a cargo de la vigilancia de la institución universitaria.