Bioparc recupera un conjunto de la huerta del Pouet de Campanar de más de 500 años

Alquería junto al Bioparc./Juan J. Monzó
Alquería junto al Bioparc. / Juan J. Monzó

Vicente Algarra, arquitecto del proyecto ha acusado a la administración de no haber recuperado las icónicas barracas valencianas y lamenta la falta de iniciativa privada: «No se han recuperado las barracas ni parte del patrimonio, nosotros vamos a dignificar esa tradición arquitectónica»

MAR GUADALAJARA

A lo largo de un camino y conservando sus antiguos muros de adobe de barro, aún se pueden ver algunas de las construcciones de origen islámico con más de 500 años de antigüedad. Hace 20 años tras la urbanización realizada en la ciudad durante los 90, la partida del Pouet se desmembró y desaparecieron la mayoría de alquerías, con ellas piezas de gran valor arquitectónico.

Bioparc pone en marcha la rehabilitación y restauración de la alquería del Rey y la casa de Figuerols, edificios únicos de gran valor histórico que devuelven a la ciudad la memoria de su uso y costumbres, ligadas a la producción agrícola de la huerta.

En la concesión cuando se realizó el concurso del los terrenos del parque, se incluía una designación que el director general del Bioparc, Luis Ángel Martínez consideró «inapropiada», ya que esa zona se propuso como recinto de recepción por el que debían pasar los visitantes. Como la dirección del parque no lo consideró «acertado», ya se trabaja en la integración de este conjunto como un nuevo espacio independiente del parque.

«Es un proyecto muy ilusionante», ha destacado el arquitecto Víctor Algarra, que ha explicado cómo el proyecto se ideó hace más de 20 años, «llevamos estudiándolas desde que aún vivían los propietarios pero hace un par de años pudimos confirmar la existencia de la alquería considerada uno de los prototipos de la construcción típica de la huerta valenciana», la del Rey que se encuentra próxima la Partida de Dalt entre Campanar y Benicapal.

Son un referente en la forma de habitar el territorio de la huerta, junto a las dos rehabilitadas de Puchades y la de Benlloc, son las únicas piezas que quedan del conjunto del Pouet, formado en su origen por 18 construcciones. «Es una gran oportunidad», ha asegurado Algarra, quien ha insistido en destacar que la alquería del Rey forma parte del primer renacimiento de la ciudad, compuesta por espacios interiores domésticos que conjugan salas dormitorio, junto a otras de producción agrícola y sedera con zonas de cría de gusanos de seda que pueden reconstruir la forma de vida de la Valencia de los siglos XV y XVI.

Sin embargo, el estado de la casa Figuerols, lo ha calificado de «lamentable», pese a que se confirma su alto valor arquitectónico. El arquitecto del proyecto ha querido destacar que mientras la del Rey está reconocida como Bien de Relevancia Local, la de Figueroles «no tenía la protección directa», a pesar de su valor «clave». Esta última está formada por varios cuerpos que en su origen fueron barracas construidas con muros de adobe, que a finales del siglo XX las transformaron en casas, «pero manteniendo los muros típicos».

Luís Ángel Martínez: «No creíamos que tenía valor patrimonial y arquitectónico»

Algarra no ha podido evitar reivindicar la figura de las barracas como el icono de Valencia y «parece que cada vez son menos, ya que no ha habido actuación por parte del ayuntamiento ni de iniciativa privada en las últimas décadas para la recuperación de edificios rurales, no hay una recuperación de barracas, ni tampoco podemos dimensionarlas en su forma constructiva, nosotros vamos a dignificar estas construcciones».

Una desaparición «traumática» la del camí del Pouet, que pretenden reparar con la restauración y recreación de estos dos edificios, quieren devolver el valor material de la piedra y devolver a la sociedad la memoria de la forma de habitar la huerta y gestionar recursos de manera sostenible.

Un punto de paso de la Ruta de la Seda

El proyecto contempla reconstruir una parte anexa a la alquería del Rey, para recrear usos y costumbres de la huerta a través de talleres y actividades que se centrarán en la tradición serera con el objetivo de incluir la alquería como parte de la Ruta de la Seda. En la zona exterior se plantarán árboles de morera para nutrir a los gusanos con la propia producción de hojas de esa zona verde. Y el uso para la alquería central será el de realizar un espacio para instalar la sede de la Fundación Bioparc en Valencia, además de habilitar salas para exposiciones itinerantes. La de Figuerols la rehabilitación se destinará a una casa museo que recree la forma de vida y asimismo, se está estudiando la posibilidad de realizar un taller de barro para los grupos escolares.

«No creíamos que tenía valor patrimonial y arquitectónico», así lo ha confesado el director del parque, Luis Ángel Martínez, quien asegura que las construcciones son un verdadero tesoro para la ciudad, porque no hay que olvidar, como ha mencionado Algarra, que «detrás de esas piedras, está la historia de las personas y la memoria de su forma de vida».