Los barrios de Valencia más deseados por los estudiantes

Lucía y uno de sus compañeros de piso, Rafa. / Paula Murillo
Lucía y uno de sus compañeros de piso, Rafa. / Paula Murillo

Ruzafa, el Carmen o el Cabanyal disparan el presupuesto de los universitarios. El coste de un estudio en estas zonas puede igualar el de un piso para cuatro inquilinos en otras

ANA CORTÉS

Comodidad y precio son los factores que incitan a los universitarios a escoger su habitación en el Pla del Real, Algiròs y Benimaclet, los distritos más socorridos y próximos al epicentro académico. Los alquileres de las estancias con menor precio oscilan alrededor de los 200 euros sin incluir gastos. Esta cifra no ha cesado de aumentar en el último lustro, lo que pone entre las cuerdas a los jóvenes y sus familiares, que suelen ejercer como avalistas cuando es requerido. Quedan pocos días para encontrar un espacio que dé con el equilibrio entre calidad y precio, pues las fechas idóneas para conseguir un alojamiento en Valencia son a finales de junio. Además, las residencias universitarias, incluso las que alcanzan los 900 euros, han colgado el cartel de completo y las listas de espera llegan a aglomerar a más de 300 interesados. El sector recomienda solicitar plaza en marzo porque en verano ya suele estar todo vendido.

Una de las residencias universitarias más deseadas junto al Campus de Tarongers y el de Vera fue la primera opción de Analía Orts, una alicantina de 23 años, al llegar a la capital hace cinco. Por una habitación compartida, sin pensión completa ni servicio de lavandería, pagaba casi 500 euros. Al curso siguiente, con las mismas prestaciones, el precio se incrementó un 10%.

Las residencias junto a las universidades, incluso las que rozan el millar de euros al mes, agotan sus plazas y algunas tienen lista de espera con al menos 300 solicitudes

En 2017, se trasladó a una habitación en la avenida de Aragón por la que pagaba en un principio 185 euros, cantidad que su casera aumentó en 230 al año siguiente. «Los precios van subiendo cada vez más y al haber tanta demanda, la oferta se encarece. Esto afecta mucho a los barrios donde nos concentramos los estudiantes. Además, los dueños se preocupan muy poco últimamente por cuidar sus viviendas», cuenta esta estudiante de máster.

Juanjo Álvarez, responsable de los alquileres residenciales en Olivares Consultores, coincide con el planteamiento de la joven. «Este año ha habido muy poca oferta para estudiantes porque el perfil es cada vez menos interesante para el propietario, ya que prefieren los alquileres de larga estancia y generalmente para familias», expone.

Las claves

Analía Orts (Alicante):
«Los precios van subiendo y al haber tanta demanda, la oferta se encarece»
Lucía García (Albacete):
«En tres años he pasado a pagar más de cien euros al mes por una habitación»
Alba de Moral (Ontinyent):
«Evito páginas web porque se camuflan inmobiliarias y no hay particulares»

Precios al alza

Álvarez asegura que este verano los universitarios «han sido previsores», pero que en algunas zonas populares han encontrado una subida del importe de hasta el 12% respecto al año pasado. «Valencia está de moda y hay más demanda que oferta, no sólo llegan alumnos nacionales, también extranjeros», apostilla.

«Ahora voy a compartir un piso de dos habitaciones y en la misma zona por 300 euros», detalla Analía, «aún así, lo he pasado fatal en los meses de búsqueda porque no encontraba nada que fuera decente». Finales de junio es la fecha idónea para Lucía García para tantear el mercado. «En agosto ya es tarde y queda lo que queda», justifica. Aunque lo ha hecho con tiempo, no ha encontrado precios similares a otros años. «En tan sólo tres años he pasado a pagar cien euros más al mes por una habitación», asegura García, «de 150 a 250 euros».

Con un mes de antelación, Alba de Moral pagó a la inmobiliaria la reserva de un apartamento en el Campus de Blasco Ibáñez. Hace unas semanas, le comunicaron a ella y sus compañeros de piso que no podrían. «Visité muchas inmobiliarias para dar con otros pisos y ya no les quedaba nada», afirma Alba.

Finales de junio es el periodo ideal para buscar alquiler y marzo lo es para las residencias

Como le ocurre a Lucía, su presupuesto se ha incrementado en casi una centenar en pocos años. Este año, va a pagar 240 euros al mes, de agosto a junio, y comparte con tres jóvenes. Acude directamente a las agencias, ya que en las páginas web «se camuflan las inmobiliarias y es difícil dar con particulares». Este primer mes ha desembolsado más de 800 euros para abonar el alquiler, la fianza y la comisión que se queda la empresa. Este pago es una exigencia habitual, como también que los progenitores se comprometan como avalistas. Para las residencias, ser estudiante es lo preciso.

Aunque el alquiler de habitaciones suele ser lo más cómodo para los estudiantes que llegan de nuevas y no tienen conocidos de antemano, hacerlo con apartamentos es ligeramente más económico. El coste medio por un inmueble con tres dormitorios en los distritos comentados se instala en los 700 euros.

Tras varias negociaciones con el casero, Víctor Navarro y sus tres compañeros han conseguido un inmueble por 600 euros al mes junto a la avenida Cataluña. «Hace cinco años pagaba por lo mismo unos 400 en Ciutat Jardí, los precios se han duplicado en ese tiempo», asegura, «en Benimaclet nos enseñaron auténticos zulos por 700. Apartamentos sin apenas iluminación, poco cuidados, con muebles muy viejos y caros». Considera que los requisitos se han vuelto más exigentes y que la mayor parte de los propietarios ya piden que se abone el verano aunque no haya residentes.

Un informe del Banco de España, Evolución reciente del mercado del alquiler de vivienda en España, posiciona a la capital del Turia como una de las urbes nacionales donde más se ha disparado el coste de la locación. Esta ha experimentado un incremento del 45% entre diciembre de 2013 y mayo de este año. De hecho, el precio es el motivo por el cual los entrevistados no se plantean dejar de compartir piso en un futuro próximo.

«Se aprovechan de los alumnos extranjeros»

Para evitar sorpresas a su llegada a Valencia, Franco Zivcovich, estudiante de Doctorado en Matemáticas y Análisis Numérico y colaborador en la Universitat Politècnica de València, reservó una habitación en Airbnb para buscar otra ya en el terreno. Ahora vive en una habitación en Ruzafa por 400 euros, pero desde que aterrizó en Valencia lo ha hecho en hasta cinco estancias y suma incontables horas de rastreo en internet.

«Me han llegado a ofrecer 400 euros por una habitación en Blasco Ibáñez en un piso lamentable», cuenta el italiano, «creo que se aprovechan de los universitarios extranjeros porque en sus países de origen los alquileres son más caros y los precios de aquí los asumen con gusto». Se ha llegado a encontrar agencias para este colectivo que reclamaban una comisión de 80 euros al mes por el servicio prestado. Para Zivcovich, esto supone la ruina del mercado valenciano, que fuerza a los locales a alejarse del centro y encarece con creces el área universitaria por excelencia.

No es el perfil estudiantil común, pues su presupuesto es más generoso, pero reconoce que todavía se pueden encontrar auténticas ganas si «se tiene suerte». Las redes sociales y los portales de alquiler de vivienda han sido sus aliados.

El boca a boca, la mejor vía para alquilar piso en el centro

Las agencias inmobiliarias se han convertido en una de las principales fuentes para conseguir rápidamente un alojamiento en condiciones. Sin embargo, en barrios como El Carmen apenas tienen presencia y el boca a boca es el método habitual para iniciar la transacción sin intermediarios o comisiones. El precio de salida por las viviendas con una o dos habitaciones se establece en los 800 euros al mes.

Esta técnica también marcha en el Cabanyal, cuya oferta de alquiler es extremadamente escasa y que además debe competir con la proliferación de pisos turísticos. Muchos estudiantes acuden al enclave marítimo, sobre todo en los últimos tramos de la avenida Blasco Ibáñez, por su proximidad a los centros de estudio.

No obstante, hace tiempo que se ha convertido en uno de los barrios más codiciados por su ubicación. El fantasma de la gentrificación ha disparado el valor de los alojamientos y cada vez menos inquilinos pueden permitírselo. «Cuando nos llega un apartamento en el Cabanyal, lo alquilamos en horas, tenemos hasta clientes en lista de espera», afirma Juanjo Álvarez.

Según el especialista, barrios como los del centro o Ruzafa son los preferidos por jóvenes trabajadores, de entre 25 y 30 años, con un sueldo capaz de afrontar esta localización, notablemente más elevada que en zona universitaria. Por ello, son pocos los estudiantes que encuentran precios asequibles en estos barrios.

Más