El angustioso asedio de Valencia

El 21 de mayo de 1363 un rey extranjero ponía en jaque a toda la población, entonces protegida por Alfonso de Aragón, conde de Dénia | Con unas murallas todavía en fase de construcción, la ciudad se mantuvo sitiada y sin recibir víveres durante tres semanas

1563. Valencia completamente amurallada en una obra de Wyngaerde. / lp
1563. Valencia completamente amurallada en una obra de Wyngaerde. / lp
ÓSCAR CALVÉVALENCIA.

Tras conspiraciones, incestos, traiciones, miles de muertes, unas pocas alegrías (concentradas en las últimas temporadas) y un sinfín de sin sabores, 'Juego de Tronos' ha llegado a su desenlace. Según los especialistas, George R.R. Martin, el verdadero padre de la criatura, se inspiró en un conflicto bélico desarrollado en la Inglaterra del siglo XV, la llamada Guerra de las Dos Rosas. En cualquier caso, el exitoso novelista podría haber tomado referencias de un buen número de guerras medievales que, por lo general, contaron con todos los ingredientes necesarios para dejar sin palabras a cualquier lector. Por desgracia, no eran ficción. Hallamos varios ejemplos en nuestra propia historia. Y uno de ellos, un suceso más específicamente, está de aniversario. El tema viene servido en bandeja.

Nuestros protagonistas fueron dos enemigos íntimos. Ni Targaryan, ni Stark, ni Lannister... Hoy les hablaré de dos monarcas que, para más inri, fueron tocayos. Dos Pedros, el de Castilla y el de Aragón, lideraron y dieron nombre a una de las guerras más encarnizadas jamás vivida, guerra que, cual superproducción de HBO, derivaría a la postre en el encumbramiento de una misma dinastía -en principio sin opciones a reinar-, en dos coronas. No querías caldo, pues toma dos tazas. Por supuesto hay decapitaciones públicas. Algunas justas (según las leyes de la época) y otras no. También un pitote de padre y señor mío: cambios de bando, alianzas y confrontaciones internacionales con ingleses, franceses, portugueses, genoveses, venecianos y con todo hijo de vecino que viera en la violencia una forma de sacar partido. Les evitaré el culebrón, que no tengo ocho temporadas. Si acaso, como muestra, me permito recordar cómo se resolvió todo. Opine usted si la historia supera o al menos iguala la ficción.

Uno de los dos monarcas, el de Castilla, fue acuchillado y muerto en 1369 por su propio hermanastro, Enrique de Trastámara, con quien andó a la gresca toda la vida. Este Trastámara, por supuesto, actuó como aliado de 'nuestro' Pedro, el 'Ceremonioso', el IV de Aragón. Ambos habían pactado que si Enrique obtenía la corona de su hermanastro, la primera medida sería la entrega de unos territorios fronterizos en poder de los castellanos a la corona de Aragón. Enrique, hijo bastardo, no sólo se convirtió en rey de Castilla, sino en germen de un apellido que, sólo dos generaciones después, también reinó Aragón. Enrique de Trastámara fue II de Castilla tras cargarse a su hermanastro. Era popularmente conocido como el 'Fraticida'.

Pedro I de Castilla, el 'Cruel', no era padre de un dragón; intentó matar de hambre a los valencianos

Para situarlo en nuestro palacio de la memoria, fue el tatarabuelo deFernando el Católico. Según las crónicas no se cortó ni un pelo... Puso la cabeza de su hermanastro Pedro I de Castilla en una pica, y ni corto ni perezoso la hizo pasear por las principales plazas que antes regía el descabezado. Su cuerpo lo exhibió en el castillo de Montiel. ¿Y saben qué le dijo a Pedro IV de Aragón tras su logro? 'Donde dije digo, digo Diego', o algo parecido. De lo contrario, poblaciones como Murcia, Cuenca, Medinaceli o Soria, habrían engrosado al menos durante un tiempo los territorios de la Corona de Aragón.

1762. Palacio del Real en Fiestas seculares de Tomás Serrano.
1762. Palacio del Real en Fiestas seculares de Tomás Serrano. / LP

Algunos años antes del desenlace magnicida, en el contexto de la Guerra de los Dos Pedros (1356-1369) o la 'Guerra de Castella' según fuentes de época, un episodio concreto sacudió sobre manera la capital del Turia. Pedro I de Castilla, apodado 'el Cruel' por los súbditos de la corona de Aragón, y 'el Justiciero' por su propio pueblo, sitió Valencia durante tres semanas.

El invasor fue acuchillado por su hermanastro, aliado del rey de los valencianos

En el año 1362 el rey castellano había obtenido nuevas alianzas internacionales, y a lo loco, sin aviso previo, se lanzó a la conquista de la Corona de Aragón. Le fue muy bien por el reino de Aragón: Zaragoza, Borja, Calatayud, Magallón, Teruel... Idéntico discurso en el reino de Valencia. Segorbe, Sagunto, Almenara, Chiva, Buñol, El Puig, etc. Restaba un golpe definitivo. La capital. Allí acudió procedente de Sagunto.

El asedio inicial comenzó el 21 de mayo de 1363 y se prolongó cerca de tres semanas, aunque fueron especialmente críticos los primeros ocho días. Lógicamente, el rey castellano no era padre de dragón alguno. Es más, no contaba con fuerza suficiente para derrotar la ciudad mediante las armas. Seis mil hombres son muchos, pero no le bastaban para tomar una gran ciudad como era Valencia, cuyo amurallamiento se hallaba entonces en plena reforma precisamente por el conflicto con el vecino reino. Además, la capital estaba defendida por Alfonso de Aragón, primo de Pedro IV de Aragón, conde de Denia y capitán general del reino de Valencia. Así lo relata una crónica castellana de la época, la de 'los otros': «...Fué el Rey á la cibdad de Valencia, é llegó y domingo dia de Cinquesma, veinte e un dias de mayo: é estaba y por Capitán el Conde de Denia, que decían Don Alfonso, fijo del Infante de Aragón Don Pedro, e nieto del Rey Don Jaymes de Aragón, que fue después Marques de Villena en Castilla: é estovo alli el Rey ocho dias, e peleaban los suyos cada día con los de la cibdad...» En realidad no parece que ocurriera de ese modo.

Pedro IV de Aragón en una pintura del Museo del Prado.
Pedro IV de Aragón en una pintura del Museo del Prado. / EL PRADO

La táctica de Pedro I de Castilla, poco representada en las ficciones pese a ser una de las más empleadas en la realidad -y aún vigente por desgracia-, fue la cortar todo tipo de suministro vital a la ciudad. El bloqueo militar impedía la llegada de víveres. Cuando la carencia comenzaba a hacerse patente, los ciudadanos entraban, con razones de peso, en histeria colectiva. Subida de precios, hurtos, saqueos, sálvese quien pueda... No sólo escaseaban los productos destinados a la alimentación, también la leña, esencial para algo tan fundamental como hornear el pan. El asunto ha sido estudiado en profundidad por Pablo Sanahuja Ferrer. Las fuerzas valencianas tenían que esforzarse en repeler esporádicos intentos de excursiones y encomendarse a la llegada de contingentes aliados.

Ya antes del asedio las autoridades municipales valencianas tomaron medidas al respecto. En el verano de 1362 ordenaron el desmonte pieza a pieza de un molino extramuros para que fuera reconstruido en el interior de la ciudad. La potencia militar de Pedro I de Castilla era indudable y sus constantes asedios -y ya hemos visto que en algunos casos toma de ciudades- de los reinos de Aragón y de Valencia presagiaban lo peor. Más vale prevenir que curar. Con más razón ante un peligro tan real. En el citado 21 de mayo de 1363 Pedro I de Castilla tomaba el Palacio Real de Valencia, la residencia valenciana de los descendientes de Jaume I, levantada en los terrenos ocupados hoy por los jardines de Viveros. Como Pedro por su casa. Pero no el de la corona de Aragón, legítimo rey de los valencianos que estaba ocupado en otros menesteres, sino el de Castilla. Imaginen la estampa. Pedro I de Castilla contemplando Valencia desde el palacio de Pedro IV de Aragón. Su objetivo se hallaba a menos de 200 metros, únicamente obstaculizado por el río y la muralla.

Hermano. Enrique de Trastámara, en una tabla medieval.
Hermano. Enrique de Trastámara, en una tabla medieval. / LP

La ciudad resistió hasta la llegada de las huestes de su rey. Además tomó buena nota. Apenas retirado el sitio del rey castellano se impulsaron medidas para la importación de cereales, la creación de nuevos molinos o la mejora de las infraestructuras para abastecer las necesidades ante un futurible asedio (como así ocurrió en 1364), entre otras cuestiones.

A todo esto, el 10 de junio de aquel 1363, Alfonso de Aragón, el capitán del ejército de Pedro IV de Aragón en el reino de Valencia que acababa de defender la capital se reunía en Burriana con Enrique el Trastámara. Como documentó Jaume Castillo Sainz, consignaron un importante pacto. Alfonso ayudaría a Enrique a cargarse a su hermanastro para que se colocara la corona castellana. A cambio, Enrique le entregaría el señorío de Villena. Varys se frotaría las manos... Y sí, el 'fraticida' sí cumplió esta vez. Pero el juego de tronos no había hecho más que comenzar.