El coste de la limpieza de grafitis en el metro roza los tres millones de euros en cinco años

El coste de la limpieza de grafitis en el metro roza los tres millones de euros en cinco años

El perfil del joven que pinta trenes experimenta un cambio y ahora es más agresivo, pone obstáculos en las vías y actúa encapuchado

JAVIER MARTÍNEZValencia

La empresa pública que gestiona la red de metro y tranvía de Valencia, Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV), ha destinado en los últimos cinco años 2.946.000 euros para la limpieza de un millar de grafitis en trenes tras sumar el gasto en la mano de obra empleada y el valor de los materiales utilizados para restaurar los vagones. Las valoraciones de los daños se realizan de forma inmediata tras cada ataque con pintura y se incluyen en la denuncias que los abogados de la empresa presentan en los cuarteles y comisarías de la Guardia Civil y Policía Nacional.

El departamento jurídico de FGV ha incrementado en los últimos años su esfuerzo en perseguir legalmente a los grafiteros, también llamados treneros en el argot de esta tribu urbana, con la finalidad de persuadirlos para que dejen de realizar pintadas en los vagones.

La intención de la empresa ferroviaria no es otra que conseguir condenas y multas para los autores de los grafitis en función del deterioro que causan y el gasto que supone la limpieza de los trenes afectados, que en la mayoría de las ocasiones supera los 400 euros. Así, pintar un vagón es un delito y no una falta, y el importe de la sanción puede alcanzar los 5.000 euros en los casos más graves.

Otras medidas adoptadas por FGV para frenar los grafitis son el cambio de vallado en algunas zonas conflictivas por otro de mayor consistencia, el cerramiento de varias estaciones, la instalación de cámaras térmicas en los talleres de València Sud y Machado, la colocación de paneles separadores entre vías y la iluminación sorpresiva en puntos conflictivos.

Además, la empresa incrementa las medidas de seguridad con cámaras de vídeo y servicios especiales de vigilancia en aquellos puntos en los que son más habituales este tipo de acciones vandálicas. El equipo de seguridad de FGV también colabora de forma activa con la Guardia Civil de Paiporta -que este año realizó la operación más importante en España contra los grafiteros-, el Cuerpo Nacional de Policía y las policías locales de Valencia y Alicante, así como de otros municipios por los que discurre la red y en los que actúan los treneros. Esta labor de prevención y vigilancia se completa con el dispositivo que establece FGV con personal propio y de empresas externas de seguridad.

El grafitero violento

El perfil del grafitero ha experimentado un cambio en los últimos años en España. En los 90 y comienzo de este siglo, la mayoría de miembros de esta tribu urbana eran varones, de entre 20 y 26 años y de clase media o alta, que viajaban de ciudad en ciudad y sólo se dedicaban a pintar. Pero en el último decenio, su forma de actuar ha variado y son más violentos.

Ahora, la edad ha descendido hasta los 17 años y, aunque siguen siendo varones que viajan habitualmente, la mayoría proceden de familias de clase media, ocultan sus rostros con capuchas, colocan barricadas en las vías, apedrean vagones o accionan el freno de emergencia.

Estos actos vandálicos, que cometen en grupo para obligar al maquinista a detener el convoy, agravan el problema dado que, por un lado, ponen en peligro sus propias vidas, y por otro, pasan de una falta por deslucir un bien inmueble a los delitos de desórdenes públicos y contra la seguridad vial. También utilizan perfiles falsos en las redes sociales para difundir las fotografías y vídeos de sus dibujos que ellos mismos graban.

Los grafiteros suelen elegir los fines de semana y las últimas horas de servicio o las primeras de la mañana para pintar los trenes en los talleres de Machado o València Sud y estaciones donde se aparcan convoyes, como Paterna, Torrent o Rafelbunyol. Siempre actúan en grupo y de manera rápida y sorpresiva. En la provincia de Alicante, este tipo de incidencias vandálicas son más habituales en la zona de Benidorm, el punto de unión del TRAM Metropolitano de Alicante con la línea de Dénia.