Indira Ranamagar, la voz de la esperanza en Nepal

Indira Ranamagar, la voz de la esperanza en Nepal

La escritora y activista visita Valencia por primera vez

LORENZO GÓMEZ

Comparar la nieve de los Pirineos con el Himalaya es lo primero que pudo sentir Indira a su llegada a España a principios de este mes de abril. La activista nepalí, reciente finalista del World's Children's Prize en 2014, ha estado por España durante gran parte de este mes. Primero, en Cataluña, donde pudo conocer de primera mano las diferencias entre las cárceles de su país y las de aquí. «Visité una cárcel de Lleida y pude ver que la comida estaba asegurada, e incluso existen cursos de reinserción en la sociedad. En Nepal esto es inviable», relata Indira a LAS PROVINCIAS.

Tras visitar Novelda, llegó ayer a Valencia con el objetivo de dar una serie de conferencias en diferentes colegios de la ciudad y de los alrededores, además de para presentar su proyecto Prisioners Assistance of Nepal (PA NEPAL) en el Centro de Inmigración, situado en pleno corazón de Valencia.

Indira Ranamagar lucha por la defensa de los derechos de los más vulnerables en Nepal. Generalmente son mujeres y niños que han visto cómo sus maridos y padres han entrado a las rejas acusados erróneamente de crímenes, o porque han tenido que robar para su propia subsistencia. Muchos menores tienen pánico al desamparo y deciden entrar con sus padres y madres en prisión.

Lo de erróneamente no es casualidad, pues en Nepal el 75% de los presos son inocentes, sólo que están a la espera de un juicio y, mientras tanto, esperan en la cárcel.

Es aquí donde entra en juego Indira, acudiendo a las cárceles que puede para depositar su mano en forma de ayuda en todo lo que sea posible. «Me encanta ir a leerles mi diario, enseñarles conocimientos básicos de agricultura y artesanía para su posterior reinserción en el país», apunta la activista.

Además, tres de cada cuatro encarcelados en Nepal sufren enfermedades mentales como la depresión o la ansiedad, confundiéndolos con verdaderos delincuentes.

El amor y devoción de Indira por su trabajo se remonta a su propia experiencia. Durante su infancia tuvo que enfrentarse a múltiples facetas de discriminación de género. No tiene un hogar establecido y, tras 20 años de andadura solidaria, ha conseguido que el gobierno nepalí dé luz verde a su actividad, llegando a reconocer que los resultados de su ayuda a los más vulnerables son positivos para el devenir del país.

Pa Nepal apuesta por trasladar también a los mandatarios del país las prioridades básicas, y el hecho de que sólo el 10% de los menores tengan el graduado escolar es una de ellas.

«Si el gobierno invirtiera en el suministro de alimento en el colegio, los niños irían, pero la situación es bien distinta. No pueden ir a la escuela si tienen que ayudar a su familia durante todo el día en la búsqueda de comida», recalca Ranamagar.

En un país donde no existe una constitución firme que contemple los derechos de las personas, donde el gobierno tradicionalmente ha mirado hacia el otro lado con estas cuestiones, incluso donde la pobreza y la desigualdad causan estigmas sociales, conflictos y problemas de salud causados por la polución, queda la voz de una mujer llamada Indira, la voz de la esperanza.