La mejor piscina cubierta de España, en la Alameda

La mejor piscina cubierta de España, en la Alameda

El edificio llevó primero el nombre del promotor Adolfo Vedrí, pero pasó después a llamarse Piscina Valencia

F. P. PUCHE VALENCIA.

En el año 1964, especialmente aprovechado por el aparato del Régimen para glosar los logros de 25 años de paz, los valencianos recibieron una nueva e importante noticia sobre el desarrollo de la ciudad, que estaba cambiando a todas luces: la inauguración de una gran piscina cubierta, primera de la ciudad de esas características y, según se aseguraba desde el Ayuntamiento, «la mejor de España y una de las mejores de Europa».

La inauguración tuvo lugar en la noche del 27 de mayo de 1964 en el curso de un gran festival deportivo. La iluminación de las aguas y la ambientación del local hicieron posible un espectáculo para muchos inolvidable. Autoridades de la Natación españolas y valencianas se dieron cita para celebrar la puesta en marcha de una instalación realmente notable que, en muy pocos años, comenzó a dar buenos frutos deportivos gracias a los jóvenes valencianos que pudieron formarse en la nueva pileta.

Una gran cubierta, sustentada en uno de sus laterales por un muro claraboya, albergaba un recinto bien iluminado pero protegido de las inclemencias del tiempo. La piscina, climatizada, tenía 33 por 17,3 metros y una profundidad máxima de 4,80. Ocho calles reglamentarias permitían competiciones oficiales, además de entrenamientos, enseñanza y práctica general de la natación, en condiciones sin duda mucho mejores que, por ejemplo, las piscinas solo veraniegas de Las Arenas, el edificio Ferca o el Patronato de la Juventud Obrera, ubicada en lo que más tarde sería Nuevo Centro.

El graderío, capaz para 1.600 plazas, no tenía rival en la ciudad para pruebas y competiciones oficiales. Tampoco el trampolín. Pero es que las instalaciones se habían pensado no solo para los nadadores de competición, de los que se ocupaba la Federación Provincial, sino para el gran público. Para ellos había gimnasio, terrazas solárium con vistas a la Alameda, y algo muy nuevo en una Valencia que se modernizaba: la sauna. Una cafetería, un selecto restaurante y una gran sala para celebrar banquetes, actos sociales y bailes venían a proporcionar a la ciudad una nueva capacidad de celebraciones privadas y públicas.

A lo largo de los años, cuando tomó el Ayuntamiento la explotación directa, estas últimas instalaciones se pondrían en manos de la firma de hostelería Barrachina, que hizo famoso el restaurante Les Graelles y el gran salón de convenciones y eventos.

La piscina, en lo alto de una torre acristalada, llevó durante sus primeros años de vida el apellido del constructor y promotor valenciano Adolfo Vedrí, impulsor de una obra que realizó su empresa constructora sobre terrenos cedidos por el Ayuntamiento. La llamativa torre esconde un depósito de agua capaz de garantizar el funcionamiento de la piscina incluso en casos de averías o fallos de suministro.