Las trampas del carril bici

Baches, ramas sin podar a baja altura, suelos deslizantes y bordillos altos forman las barreras de un transporte alternativo y en auge Los ciclistas reclaman mejoras en los 123 kilómetros de itinerarios que recorren Valencia

PACO MORENOVALENCIA.
Carril bici con rejillas de ventilación, en la calle Navarro Reverter. ::                             IRENE MARSILLA/
Carril bici con rejillas de ventilación, en la calle Navarro Reverter. :: IRENE MARSILLA

Una rama sin podar, una trapa mal ajustada, un bordillo traicionero, un bache sin arreglar y un pavimento demasiado gastado y por el que deslizan las ruedas cuando se frena. Son algunas de las situaciones que denuncian los ciclistas de los carriles bici de Valencia, una red que llega a 123 kilómetros y cuya mejora se hace más necesaria por el auge de este transporte alternativo.

Cada día se realizan una media de 75.114 desplazamientos en bicicleta por la ciudad, lo que supone un 4,76% de todas las maneras que tienen de moverse los vecinos del 'cap i casal' (la mitad de los trayectos son a pie). Es una cifra todavía baja respecto al coche, aunque las asociaciones de ciclistas demandan que se tenga en cuenta el incremento para mejorar el mantenimiento de la red.

El ayuntamiento destina cada año cerca de 2,5 millones de euros a pequeñas reparaciones en la vía pública, indicaron fuentes de la concejalía. Dentro de este apartado se encuentra el carril bici desde hace años y desde 2011 «mantenemos el presupuesto, con un estado que consideramos adecuado».

Dicho eso, los ciclistas encuentran deficiencias en numerosos tramos, sobre todo cuando se abren zanjas. Después, lo normal es que el pavimento no quede como antes y aparezcan los baches y socavones, a juicio de Fernando Mafé, uno de los portavoces de la asociación Valencia en Bici.

El representante de este colectivo cita como ejemplo el carril bici que recorre el bulevar sur. «Estaba bien, pero lo levantaron todo para poner el cableado que llega a la subestación de Patraix y ahora está todo bacheado».

Esa es una de las razones de que el concejal de Tráfico, Alberto Mendoza, opte por habilitar en la calzada los 90 kilómetros de itinerarios que servirán para completar la red. El mantenimiento es más sencillo y, de paso, no se quita espacio a los peatones en las aceras.

La cifra responde a lo que indica el Plan de Movilidad aprobado hace unos meses, de momento el estudio más completo realizado sobre la bicicleta en Valencia y que refleja datos tan llamativos como que el 33% de toda la red se ha construido durante los últimos cinco años.

Los problemas vienen por lo tanto de los itinerarios más veteranos, que se identifican fácilmente al estar pintados de color verde. El «oficial» del carril bici es el rojo, aunque los primeros años se optó por otro color identificativo. Además, se empleaba un pavimento distinto al de la acera, más liso y muy difícil de mantener, según precisan desde la concejalía de Infraestructuras, gestionada por el edil Francisco Lledó.

En lo que no está de acuerdo el delegado de Tráfico es en promover una de las alternativas de los colectivos de ciclistas para mejorar los itinerarios. Las llamadas rutas a contramano, donde los ciclistas pueden ir en la calzada en dirección contraria al resto de los vehículos no tendrá ninguna implantación en Valencia, más allá de los pequeños tramos en pruebas en calles de Campanar y Benicalap.

El carril bici puede estar situado sobre la acera o en la calzada. La primera opción es la que está más implantada en el 'cap i casal' y es la culpable para muchos de los problemas que tienen los ciclistas para circular. Esto se debe a que están mal considerados por los peatones, al invadir un espacio destinado para ellos, así como produce una «huida» de la calzada, donde la mayoría de los usuarios no se atreven a bajar al no estar los conductores acostumbrados a convivir con ellos.

Se da la circunstancia de que el carril bici sobre la acera puede ser mucho más peligroso. La invasión de peatones (dicen que el color verde atrae a los viandantes, un argumento más en contra), así como los choques que se producen con las puertas de los coches estacionados que se abren sin que sus ocupantes miren antes.

Por estas circunstancias y otras, el Plan de Movilidad aconseja que los nuevos itinerarios se hagan sobre la calzada. El anuario estadístico municipal refleja un aumento inusitado de accidentes de tráfico que han afectado a ciclistas, al registrarse un incremento del 81% desde 2007 hasta el pasado año.

En total, se vieron implicados en accidentes 440 bicicletas, con un saldo de 323 víctimas, en su inmensa mayoría heridos leves. Se produjeron dos fallecimientos y 55 casos con heridas graves.

Mafé asegura que parte de los tramos que se han hecho sobre la calzada también adolecen de falta de mantenimiento. «Se nota que están sin reasfaltar y los baches son frecuentes», lo que facilita las caídas.

La última encuesta realizada por el ayuntamiento se remonta a 2009, por lo que ha cambiado por completo la situación del carril bici. Aquel año, el 83,3% de los encuestados valoraba muy positivamente la construcción de estos itinerarios, sin entrar a analizar el estado de la red.

Una alternativa al carril bici es la ciclocalle, donde los ciclistas tienen preferencia para situarse en el centro de la calzada, así como las calles 30 y las zonas 30, ambas de velocidad limitada. La última se implantará dentro de unos meses en el barrio de Ruzafa, cuando terminen las obras de urbanización.

El portavoz de Valencia en Bici insistió en que los carriles a contramano del resto del tráfico e integrados en la calzada funcionan muy bien en otros países. «Así ocurre en Francia y lo mismo debería pasar aquí». Citó como ejemplo a título particular la calle Conde Altea, donde hay un carril bici segregado. «Las aceras deberían ser más anchas y habilitar el itinerario de esa manera».

Cualquier cosa para evitar trampas a la hora de circular como los bordillos de las aceras cuando se intersectan con la calzada. «Los rebajes son un problema y causan caídas», precisó. En el ayuntamiento sostienen que las obras siguen los criterios de la ordenanza, tanto en los materiales elegidos como en la manera de su ejecución.