Un vertedero bloquea el acceso de los bomberos a unas alquerías medievales

Un informe municipal dirigido a los vecinos alerta del riesgo de colapso del túnel que lleva a unos inmuebles de gran valor en Benimàmet

PACO MORENOVALENCIA.
Parte del vertedero que se amontona en el borde del camino de acceso al conjunto del molino y las alquerías. ::
 IRENE MARSILLA/
Parte del vertedero que se amontona en el borde del camino de acceso al conjunto del molino y las alquerías. :: IRENE MARSILLA

El molí de Bonany, la acequia madre de Moncada, las lenguas de Burjassot-Benicalap, la casa del torreón y la alquería del Canonge forman un conjunto que podría ser casi idílico para los amantes de la huerta salvo por un pequeño detalle: está cercado por un vertedero que crece día a día. Hasta los bomberos han indicado el riesgo que existe de no poder pasar con sus camiones en caso de emergencia, según el escrito enviado a una de las vecinas de esta parte de Benimàmet.

«Esto se soluciona con una buena multa», apunta un vecino de la pedanía que pasa casi a diario por la zona y ve cómo «se amontona la basura y los escombros; yo camino por aquí para bajar el azúcar y lo veo». Beatriz Gallego, propietaria de la casa del Torreón, es la que ha recibido el escrito del consistorio, al preguntar si el paso inferior que sirve de acceso da las medidas suficientes para un camión de bomberos.

«Sí que hay espacio suficiente, aunque cada vez hay más basura», un riesgo que ha sido confirmado por la inspección de Bomberos, al indicar que se puede «llegar al extremo de que el vertido incontrolado de escombros colapsara dichos accesos ante una posible emergencia a las edificaciones de la plaza del Canónigo y adyacentes».

Gallego pretende alquilar la alquería, reformada hace diez años para albergar un restaurante y una discoteca (Giorgio et Enrico) e intenta de nuevo su arrendamiento. El local de ocio cerró en 2006 y después pasó por otro inquilino. Ahora, desde finales de 2012 ha recibido «media docena de ofertas, aunque les tira para atrás el estado del entorno y los plazos tan largos que dan en el ayuntamiento para conceder la licencia de obras».

Los orígenes

Esta casona está incluida en la protección del conjunto de acequias y Gallego recuerda que la alquería de su familia fue antes de un notario, aunque fue más conocida como lugar de veraneo de un canónigo, lo que explica el rótulo de la plaza.

La alquería ha sufrido varios robos estos meses, aunque dentro «no queda nada de valor, se lo han llevado todo», dice en una visita donde muestra los restos de la discoteca y el restaurante. El recorrido se hace con linternas porque todas las ventanas y balcones están tapiados. Buena parte de los ladrillos están destrozados, huella de los butrones que han practicado los ladrones estos meses para robar.

Su vecino, dueño de otro inmueble rural, también ha sufrido robos y hasta un incendio. Tras la respuesta dada por los bomberos, envió a su vez otro escrito al consistorio donde reclama la limpieza urgente del vertedero y el vallado de los solares donde tiran los escombros. El acceso al conjunto de alquerías llega desde una rotonda cercana, en la parte próxima a Beniferri y el molí de Bonany es precisamente el más valioso y el más cercano al basurero.

Según el catálogo de inmuebles rurales aprobado en la revisión del Plan General, este molino construido en el borde de la acequia de Moncada está datado al menos en el siglo XV, aunque «es muy probable que se remonte a la época de la conquista de Valencia por Jaume I en el siglo XIII». Hasta el siglo XIX siguió en funcionamiento como molino harinero y también para la fabricación de tejidos, aunque el siglo pasado perdió sus función original.

Dos operarios trabajaban ayer sobre el tejado del molino, que muestra un cartel de una empresa constructora. El paso inferior que amenaza con colmatarse de residuos pertenece a la rotonda que distribuye el tráfico entre Valencia y la pedanía, lo que ha desvirtuado la que era una de las zonas más completas de la huerta, al sumarse tramos de la acequia de Tormos al conjunto.

«Antes había un camino que llegaba directo desde Benimàmet», recuerda Beatriz Gallego, que rememora el pasado esplendoroso de las alquerías. «Veníamos a veranear», indica, para asegurar que la propiedad fue comprada por su abuelo «después de la guerra con dinero de mi bisabuelo. Mi madre me cuenta cómo cazaban ranas en las acequias».

Estas construcciones son parte indispensable del paisaje y uno de los elementos más destacados por el arquitecto Miguel del Rey, coordinador del catálogo de inmuebles rurales para el Plan General. No en vano, toda la zona está definida como de vigilancia arqueológica por los valiosos restos patrimoniales.